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Panaderas, 12: de casa humilde a hogar de los Casares en A Coruña

Cuando la familia Casares compró el número 12 de la calle Panaderas era una casa humilde, casi en el campo desde la que se veía la Torre de Hércules, allí se forjaron los primeros recuerdos de María Casares, entre libros y olor a cocido

Felipe Peña, en la casa Casares Quiroga. |  Iago López

Felipe Peña, en la casa Casares Quiroga. | Iago López

A Coruña

Al arquitecto Felipe Peña le queda la pena de que María Casares se hubiese muerto sin poder visitar la que fue su casa, en el número 12 de la calle Panaderas, restaurada y recuperando la memoria que se perdió en 1936, cuando la vida de toda su familia se vio truncada. «Ella tuvo noticia de que el Ayuntamiento estaba gestionando la compra y la rehabilitación para hacer un museo», explica Peña que, este jueves, impartió una charla sobre la historia del hogar familiar.

A pesar de que Casares Quiroga era «un intelectual, rico, un hombre de empresa pero culto», según lo define Peña, eligió vivir en una casa muy humilde, pero «muy bien situada» desde la que, entonces, «se veía la Torre de Hércules» porque fue construida en 1889 por un promotor y adquirida posteriormente por la familia, en 1910, a esa casita de bajo y un piso, que podría haber pasado a manos de cualquier artesano o de un obrero, le añade una altura más para hacer una biblioteca que llenaría con 15.000 libros, para instalar el dormitorio del matrimonio, el vestidor y su baño.

«Era una casa que estaba entre la Pescadería y la Ciudad Vieja, muy bien ventilada, estaba casi en el campo y eso era importante porque Casares Quiroga era un hombre muy delicado de salud», relata el arquitecto. Fue en esa biblioteca que incluso tenía un pequeño laboratorio en una esquina, en la que se crio María, en la que leía y se formaba, mecida por el aroma, como ella recordaba, de los cocidos que se hacían en las casas de O Papagaio. «Era una casa llena de gente, vivían los Casares, la suegra, las hermanas, alguna prima, de hecho, María vivía en el bajo cubierta, con el servicio», describe Peña, que hace hincapié en que, a pesar de la buena posición de Casares Quiroga, que llegó a ser presidente del Gobierno en la II República, la familia nunca ocupó todo el bloque sino que mantuvo alquilado el bajo a una droguería y salía al jardín por un puente desde el primero.

Esta casa con una vida «intensa» en la que no paraba de entrar y salir gente vio cercenado su día a día con el levantamiento militar de 1936 y fue espoliada, de modo que, ya despojada de sus muebles y objetos de valor, se convirtió en la sede de organizaciones franquistas. Cuando el Concello la compró estaba en ruinas pero, por lo menos, seguía existiendo y no había ardido, así que, Peña relata que consiguieron reproducir fielmente cómo era construyendo, incluso, una librería de madera igual que la que tenía la casa cuando María Casares era niña. Estos detalles, por cierto, explica Peña, que se han convertido en un reclamo para el turismo francés, que ha redescubierto su figura. Esta charla se enmarca dentro de las actividades relacionadas con la exposición María Casares, Pedro Soler. Collioure 1989.

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