La lucha vecinal de A Coruña preserva su historia: "Siempre hay que echar una manita"
Cuatro dirigentes históricos de las asociaciones de vecinos de A Coruña son el punto de partida del proyecto que desarrolla la federación que agrupa a estos colectivos y que persigue conservar su memoria a través de los testimonios de estos dirigentes y la creación de un archivo documental

María José Cebreiro, Margarida Vázquez, Manuel Vales e Isabel Fouz / Casteleiro
Memoria Veciñal es el nombre del proyecto puesto en marcha por la Federación de Asociacións Veciñais da Coruña e Área Metropolitana con el fin de conservar la historia del movimiento asociativo de los barrios de la ciudad e impedir su pérdida. Además de la creación de un archivo físico con la documentación generada por las asociaciones y la propia federación, el proyecto pretende recoger testimonios de dirigentes vecinales históricos mediante grabaciones audiovisuales en las que expongan sus experiencias.
Manuel Vales, Isabel Fouz, María José Cebreiro y Margarida Vázquez han sido los primeros en relatar su trayectoria en estas entidades y sus entrevistas se harán públicas a partir de diciembre. Antes de eso, cada uno de ellos ha referido a este periódico cómo se integraron en el movimiento vecinal y qué logros consiguieron con su participación.
"Tengo setenta y trece años", asegura Manuel Vales, miembro de la asociación de vecinos Os Anxos, de O Birloque y San Cristovo das Viñas, desde sus inicios, ya que fue uno de sus fundadores. A su regreso de Alemania compró una casa en As Rañas, momento en que solicitó al Ayuntamiento que arreglara un camino. "Presenté un escrito y eso fue el principio, porque ya me integré en la asociación de vecinos, en la que sigo porque siempre hay que echar una manita, aunque sea dando consejos", indica.
También fue directivo de la Federación de Asociaciones de Vecinos, en la que se ocupa desde hace muchos años de las infraestructuras de comunicación. Su entrada coincidió con la presidencia de la entidad de Marcelino Liste, "que era un cura, por lo que decíamos que estábamos todos en gracia de Dios", recuerda de forma jocosa.
Al vivir en As Rañas, fue uno de los perjudicados por la construcción de la tercera ronda, por lo que se implicó en conseguir que mejorase su diseño. "Le dije al ingeniero de Fomento que le daba un millón de pesetas si apartaba de la carretera de As Rañas y dijo que no podía hacer eso", recuerda. "Pues entonces vamos a luchar a ver si no nos hace tanto daño a todos" fue la contestación de Vales, quien asegura que los vecinos consiguieron "muchísimas cosas que parecían imposibles".
Entre las aportaciones que hicieron a la obra señala que el tramo entre Lonzas y A Zapateira, en el que hay numerosos carriles, carece de separaciones físicas entre ellos al margen de las líneas en la calzada. "Le dije a los técnicos de Fomento que lo había visto en Alemania", destaca y apunta que también se cambió la altura de la carretera y se hicieron accesos no previstos. "Ahí me ayudó muchísimo Enrique Mitchell, que como ingeniero municipal era un artista". Otro de sus logros para los vecinos fue la cesión por la refinería, donde Vales había trabajado, de un barracón que se usaba como clínica.
Margarida Vázquez ingresó en el movimiento vecinal en los años setenta a través de la asociación de Os Mallos, pero fue en la del Agra do Orzán donde participó de forma más activa a mediados de los ochenta. "Era unha época onde o traballo fundamental era reivindicar melloras nos barrios a nivel de servizos básicos, porque realmente non existían", recuerda, al tiempo que cita que su primera iniciativa fue oponerse a las contribuciones especiales que el Concello quería cobrar a los vecinos por la urbanización de la ronda de Outeiro. "Convocamos a todos os presidentes das comunidades de veciños a unha reunión no local da asociación para comentarlles como tiñan que facer as alegacións", explica.
Otras reivindicaciones fueron la peatonalización de la calle Barcelona y el segundo instituto del barrio, según comenta. "A través do grupo de persoas que eran os que se movían máis por temas cidadáns dentro da asociación o que se facía era detectar os problemas, o local da asociación era sempre un lugar onde se podía ir se había algún problema para buscar asesoramento ou apoio para una solicitude", señala Vázquez.
En el colectivo del Agra do Orzán además "había moita actividade de carácter cultural e incluso había unha agrupación deportiva dentro da asociación veciñal", apunta. En su opinión, la principal movilización realizada "foi para conseguir o instituto, porque traballamos conxuntamente con todas as asociacións do barrio desde as anpas dos colexios ás asociacións que había" y se llegó a realizar una manifestación hasta María Pita. Sobre la peatonalización de la calle Barcelona, asegura que "foi un tema máis de insistir na solicitude para completar a urbanización da plaza das Conchiñas" y considera que "foi un logro importante porque era unha zona onde xa se podía andar sen ningún tipo de obstáculos". Acerca de la escasez de jóvenes en el movimiento vecinal actual piensa que "se abriron novos cauces de participación", así como que "nas zonas máis novas da Coruña como pode ser Novo Mesoiro, Monte Martelo, Xuxán ou Eirís" hay directivas formadas por personas de menor edad. "Nos barrios máis consolidados efectivamente que parece que non hai esta especie de pulso para manter o barrio, aínda que eu penso que hai moitas cousas que facer e moitos problemas que abordar desde as asociacións de veciños", advierte Margarida Vázquez.

Presentación del proyecto Memoria Veciñal / Casteleiro
"Yo no empecé en el movimiento vecinal en el tejido asociativo, lo hice en las Anpas, ya que fui presidenta de la del colegio María Pita", detalla María José Cebreiro, quien llegó a ser secretaria de la Federación de Anpas y cuando su hijo pasó la edad escolar fue reclamada por la Asociación de Vecinos de Monelos. "Pero yo tenía otro proyecto en mente que era que en la parte de atrás del mercado de Elviña se trasladara la biblioteca de la Casa de la Cultura, ya que dijeron que el Gobierno central la quería sacar de allí", rememora.
Cebreiro llegó a crear una plataforma que presidió y en la que se integraron varios colectivos para defender esta reivindicación y al cabo de un año consiguió su objetivo. "Como ya había colaborado con la asociación de vecinos, me volvieron a pedir que echara una mano porque corría el riesgo de desaparecer, y lo hice", afirma, lo que también la llevó a formar parte de la federación vecinal.
Esa entidad estaba aún presidida por Marcelino Liste, quien poco después dejó el cargo por su avanzada edad y dejó paso a Carlos Castro Guerra, el presidente de la asociación de Labañou. Cebreiro, quien fue vocal de aquella directiva, apunta que la dirección de la federación pasó luego a José Antonio Folgueira, de cuyo equipo fue secretaria hasta que resultó elegida concejala por el PSOE.
"La participación siempre me gustó mucho y de todos aprendí un montón", dice sobre aquellos años, en los que destaca que "había muchas cosas que reivindicar" y en los que "todos teníamos mucha ilusión porque esto cambiara, queríamos que fuera otra cosa y aportábamos lo que hubiera que aportar". "Se ponía tiempo, dinero, teléfono y lo que hiciera falta, y había mucho compañerismo porque, aunque coincidíamos gente muy diferente, funcionábamos muy bien", expone sobre esa época.
Isabel Fouz también comenzó en las asociaciones de madres y padres, de las que saltó al movimiento vecinal en su barrio, el Agra do Orzán, lo que explica porque "es el de mayor densidad de población de la ciudad y además se hizo como se hizo, porque fue mal planificado, con calles muy estrechas y sin servicios, por lo que estuvimos trabajando para tratar de paliar las carencias que había".
Ella también fue una de las que reivindicó el nuevo instituto del barrio, hoy denominado Rafael Dieste, conseguido gracias a la unión de todas las entidades del Agra do Orzán , a las que dice que su aprobación les costó mucho trabajo "porque en esos terrenos había una vivienda de un señor que no se quería mover de allí y tuvimos que ir a Santiago muchas veces".
Con el tiempo, un grupo de miembros de la asociación del que formaba parte Fouz creó una nueva en el barrio, la llamada Entre Rondas, en la que ahora sigue trabajando. Sobre la implicación de los jóvenes en el movimiento vecinal, opina que sí participan en iniciativas ocasionales como las movilizaciones, pero que el trabajo en las asociaciones "es de día a día, tienes que estar constantemente, no es una cosa puntual en un momento determinado".
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