Entrevista | José Antonio Granero Arquitecto, integrante del equipo redactor del plan del Parque de Oza, en O Castrillón
El diseño de la nueva urbanización del Parque de Oza, desde dentro: «La voluntad era favorecer el espacio público»
El arquitecto José Antonio Granero, del estudio Entreabierto, integra el equipo que redactó el Plan Especial de Reforma Interior (PERI) del desarrollo urbanístico de Parque de Oza, en O Castrillón. También es socio fundador de Agrega, plataforma creada para activar procesos de regeneración urbana. El proyecto de Parque de Oza incluye tres torres de 17 plantas y dedicará el 63% de su suelo al uso público

José Antonio Granero. | LOC
El desarrollo de parque de Oza lleva años enquistado. Hubo que conjugar sensibilidades de vecinos, promotores y ayuntamiento. ¿cómo fue este proceso?
Nosotros somos varios estudios de arquitectura que decidimos fundar una asociación llamada Agrega, que agrupaba a nuestros estudios, junto con equipos de medioambientalistas, jurídicos, financieros, y comenzamos a hablar de proyectos de regeneración urbana, de espacio público, de ciudad más humana, también en un entorno de empresas privadas. Esto es fácil contarlo a administraciones públicas, que tienen esa sensibilidad, pero no es tan fácil en entornos de empresas privadas, cuyo fundamento lógico es la rentabilidad. Hablando con la presidencia de la Junta de Compensación, nos propusieron el reto de Parque de Oza, que llevaba años enquistado. Nos preguntaron si éramos capaces de formular una propuesta que pudiera ser disruptiva y atractiva, y que pudiese interesar al Concello. Nos pareció un reto apasionante, porque el sitio es un enclave fantástico, con un parque fantástico, un barrio muy consolidado detrás, con unos equipamientos extraordinarios, en una posición privilegiada de la ciudad, y, sin embargo, con un herida tremenda: abandonado, con una zona urbana absolutamente degradada. Nos pusimos a trabajar y la reunión con el Ayuntamiento, tanto el equipo técnico y político, fue fantástica. Lo entendieron perfectamente.
¿Cómo fue la colaboración con los profesionales locales?
El siguiente paso que hicimos fue inmediatamente contactar con un equipo local de confianza, el de Fernández Carballada. Por mucho que nosotros hayamos trabajado por todo el mundo, necesitamos la sensibilidad local que nos daba este equipo. La relación con ellos fue extraordinaria desde el principio, y ya nos pusimos a trabajar. Nos sentamos con la asociación de vecinos, les hicimos el primer planteamiento de nuestra primera idea, que era afrontar el proyecto como un proyecto urbano integral, en el que hablábamos de arquitectura y de espacio público. Por el tipo de ciudad que es A Coruña, y por la repercusión que podría tener un proyecto de este tipo, creíamos que era bueno analizar los antecedentes y buscar referentes internacionales más allá de España: vimos lo que se hace en Holanda, en Reino Unido, en centroeuropa, y encontramos algunos ejemplos inspiradores. La referencia era que los propietarios de ese ámbito ya habían cedido, hacía muchos años, el suelo para que el Ayuntamiento completara el Parque de Oza. Son más de 55.000 metros de un parque extraordinario, el instituto Monelos, el centro deportivo, todas las vías que vertebran el barrio, había mucha cesión hecha. No es normal encontrarte un ámbito en el que todo lo que normalmente se deja para el final ya estaba hecho. Estábamos en una situación extraordinaria.
¿Qué plantearon?
Analizamos el proyecto inicial que había, con el que el Concello había sido muy crítico. Había exigido bajar la edificabilidad. Hicimos una crítica constructiva, pero a nuestro entender era un proyecto erróneo desde el punto de vista de adaptación al lugar. Generaba unas pantallas y unas grandes manzanas cerradas con ámbitos privados en el interior. Organizaba una pantalla entre el parque de Oza y la zona de O Castrillón, lo que para nosotros era un error, porque favorecía una tipología residencial que ya no debemos hacer, de viviendas con mucho fondo, con patios interiores. Nosotros no somos estrictamente urbanistas, somos arquitectos que trabajamos en el diseño urbano. Pensamos en cómo tenían que ser esas tipologías residenciales, qué usos debía haber. Esos bloques con muchísimo fondo eran muy antiguos, no respondía a la sensibilidad que hoy tenemos. La primera decisión, y era la más arriesgada, era que lo que creíamos era que había que hacer una secuencia de transición entre el parque y el casco urbano de O Castrillón, y que esa secuencia debía ser muy permeable, que corriera el aire y que hubiera una transición razonable. Eso se hacía liberando suelo.
El gran conflicto era lograr el equilibrio entre los derechos de edificabilidad de los promotores, recogidos en el PXOM, y el aumento del espacio destinado a uso público. ¿Cómo cosieron ambas pretensiones?
Ha sido un trabajo de costura muy fina. Hemos llegado mucho más allá de lo que se supone que debía ser un avance de ordenación. Teníamos una clara voluntad de favorecer el espacio público. La ciudad de los 15 minutos de la alcaldesa de París, en España es muy fácil y se llama barrio, y en las ciudades medias como A Coruña es clarísimo. Queríamos aprovechar, enriquecer el barrio, hacer esa porosidad entre el parque y el casco, y regenerar también toda la zona, todo lo que es el viario, eliminando el espacio privado. Queremos una ciudad viva, activa y en la que haya actividad de todo tipo en las plantas bajas. Y habrá zonas en que las plantas bajas no sean comerciales y puedan ser residenciales, pero habrá otras dedicadas a restauración, equipamientos, dotaciones, un gimnasio, o una clínica. Cualquier cosa que genere mezcla de usos y actividad, calidad de vida, que al final es lo que da el tipo de ciudad que nosotros proponemos. Una de las primeras decisiones es que Casanova de Eirís se convierta en un salón urbano. Sabemos que hay una preocupación de los vecinos por la movilidad. Se hizo un estudio específico de movilidad para evitar que este sea un ámbito de tráfico de paso y reordenar la circulación. La avenida de la Concordia, por ejemplo, no tiene que ser una vía de cruce, en nuestra opinión, sino que tiene que ser una vía lenta que en un momento determinado se desvíe hacia otras, para que el tráfico que haya sea tráfico interno.
¿Cómo se traslada a los vecinos?
Es lo de la supermanzana, y que el tráfico sea tráfico interno del barrio. Que haya, por supuesto, accesibilidad de todos los vecinos. Todos tienen que llegar a sus aparcamientos, a sus casas, y tienen que llegar las emergencias, tiene que pasar el transporte público, todo eso está estudiado. Tenemos que hacer calles de tráfico muy lento, de 20 o 30 kilómetros por hora, y eso ya no es un peligro para un niño jugando, para una bici o para un anciano. Se hace la ciudad mucho más humana. Esto siempre genera rechazo o dudas, pero casi todo el mundo está feliz cuando terminamos el proyecto. Entonces, generábamos una red de plazas y de espacios libres, a través de ese salón urbano de Casanova de Eirís, desde los pasos a través de las torres. Las torres son esbeltas, pero dejan mucho espacio entre ellas para que haya vistas, se circule, realmente se disfrute del Parque de Oza desde detrás. Hay un estudio específico del soleamiento completo de todo el año, jugando con volúmenes de edificación, para que no sea todo muy homogéneo. Queríamos evitar esas manzanas en las que todas las torres tienen la misma forma, la misma altura. Queríamos que fuera todo más diverso.
Uno de los reclamos del proyecto era el de convertir las torres en elementos icónicos el perfil de la ciudad. ¿Cómo se logra esa singularidad, teniendo en cuenta que la edificación en altura no es la solución más popular ahora mismo?
Es fundamental cuidar la arquitectura. Podemos hacer los dibujos que queramos en planta, pero desde el principio a la Junta de Compensación le trasladamos que aquí tiene que haber una arquitectura de calidad, que es en lo que nosotros estamos trabajando. Estamos haciendo un diseño urbano y la mejor arquitectura, pero tiene que ser también respetuosa con el carácter de A Coruña. No podemos hacer torres que vengan de Melbourne o de Nueva York. Tienen que ser torres gallegas, tenemos que jugar con esa contemporaneidad. Y Galicia tiene una arquitectura fantástica. Todos hemos estudiado grandes maestros gallegos, hay una tradición de arquitectura contemporánea que tenemos que aprovechar. Respecto a la memoria, recuperamos el edificio del antiguo Ayuntamiento de Oza, que es un trozo de fachada que ponemos delante de toda la banda de equipamientos que hay bajo los zócalos de las torres, de manera que va a poder ser un equipamiento público con esa fachada. Ese juego entre la memoria, la tradición y lo contemporáneo también es muy atractivo.
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