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Entrevista | Ana Lena Rivera Presenta 'La casa de huéspedes' en la reapertura de la Librería Lume

«Los que ahora idealizan la dictadura son justo los que no la vivieron»

El propósito de la escritora Ana Lena Rivera, al menos en el futuro inmediato, es recuperar la voz de las generaciones que lucharon por la democracia, la de las personas anónimas que se quedan fuera de los libros de historia. Este martes presentó ‘La casa de huéspedes’ en la reapertura de la librería Lume

La escritora Ana Lena Rivera, este martes, en la librería Lume. |  Carlos Pardellas

La escritora Ana Lena Rivera, este martes, en la librería Lume. | Carlos Pardellas

A Coruña

Ana Lena Rivera (Oviedo, 1972) presentó este martes en la librería Lume su última novela, La casa de huéspedes, para cerrar el círculo de su promoción y poder sentarse a escribir. Para ella tiene un sentido especial hacerlo en A Coruña, donde consiguió dar un giro a su vida para ser escritora profesional.

Presenta su libro, además en unas condiciones muy especiales, en la reinauguración de la librería Lume. ¿Estaba preparado para que fuese así o coincidió?

Para mí es una alegría muy grande porque se recupera una librería y porque la reabre un compañero escritor [Rober Cagiao], que además es amigo. Desde que sé que cogía él la librería, le prometí que en la inauguración estaría yo. A Coruña, para mí es una ciudad muy especial, porque es donde empezó mi carrera literaria.

¿Y cuál es esa relación tan especial que la une a A Coruña?

Yo decidí que iba a ser escritora con ocho años, pero hasta los 43 no empecé a dedicarme a la escritura. Yo trabajé en una multinacional, en la alta dirección, y durante mucho tiempo me fui formando como podía en técnica literaria pero no me surgía la oportunidad de dedicarme a esto. Hubo un momento de mi vida en el que pude parar, hice mis cálculos y vi que podía sobrevivir dos años. Yo tenía una novela escrita y durante ese tiempo escribí otra y empecé a presentarme a concursos, a enviar a las editoriales. Recibí algún no y muchos silencios. Cuando ya estaba terminando el plazo que me había dado, gané el Torrente Ballester de la Diputación de A Coruña. Si no fuese por ese premio, habría vuelto a un trabajo similar al que tenía antes, y no estaríamos aquí, seis libros después. Para mí, A Coruña es el inicio de un sueño cumplido.

La casa de huéspedes recupera la voz de mujeres que, sin pretenderlo, se convirtieron en referentes para las que vinieron detrás.

No les queda otro remedio. Ellas son mujeres normales y corrientes, como pudieron ser cualquiera de nuestras abuelas, madres o bisabuelas. Vivieron los tiempos más convulsos de la historia de la humanidad, que son esos mediados del siglo XX, y les toca hacer de heroínas comunes y sufrir todas estas cosas que a los seres humanos nos dan tanto miedo. Les toca sacar adelante a sus hijos, en unos tiempos que no son fáciles para nadie, pero son todavía más complicados para las mujeres, sobre todo para aquellas que se quedan fuera de la foto de la sociedad del momento: las viudas, las madres solteras, los niños adoptados, las mujeres de un marido borracho o jugador... Gracias a que ellas nos sacaron adelante, muchos estamos hoy aquí.

¿Qué importancia le da a recuperar historias de la guerra y posguerra en un momento en el que los discursos que blanquean el franquismo están en auge?

Los que recuperan una idealización de estos momentos son justo los que no los vivieron, porque nuestros antepasados lo que querían para nosotros era una vida mejor, una vida más libre y más próspera, que es de la que disfrutamos ahora. Y lucharon mucho por conseguirlo, y por eso España pudo tener una transición política, una democracia en la que todos estaban muy interesados en que eso saliera bien. Cada suceso de las vidas de los personajes de la novela pertenece a personas reales. Todo lo que se cuenta es verídico, de ahí que los lectores reconozcan la historia como si fuera suya. Es una historia ficticia que no es la de nadie pero, al final, es un poco la de todos, la de todas nuestras familias.

¿Cómo llegó a ellas?

Sobre todo por tradición oral y por diferentes fuentes familiares. Tuve la suerte de crecer en una familia en la que había contacto con mucha gente, desde el taller de costura de mi tía, en la que se juntaban unas 25 mujeres a la vez, al hostal de mis tíos, que es lo que da origen a esta casa de huéspedes. Yo conocí el hostal cuando era niña, pero ya existía desde antes de la guerra y nosotros íbamos todos los años a pasar dos semanas con mis tíos. Era una época en la que la familia vivía en el propio hostal y la mayor parte de los clientes iba por trabajo, llegaba gente de toda España, y cada uno, con sus historias. Algunos se pasaron 25 años yendo y eran ya amigos . Era una época en la que, para entretenerse, se jugaba a las cartas, y se hablaba. La madre de mi tía, que yo la conocí con 90 años, y vivió hasta los cien, contaba las historias del hostal y de ahí salen las vidas del libro, también de los recuerdos de mi suegra, del diario de una tía mía que murió de tuberculosis con 25 años, en 1948, de cómo mis abuelos conseguían medicinas de contrabando en Francia...

¿Escribe diferente ahora no tiene la incertidumbre de si sus libros se publicarán?

Ahora sabes que tienes unos lectores esperando, y eso es una motivación. En una novela te dejas las tripas y el corazón . No sé en el futuro, pero ahora tengo claro que mi propósito personal es recuperar la voz de todas estas generaciones anónimas que hicieron tanto por nosotros, y que son las grandes olvidadas de la historia que estudiamos en los colegios.

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