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Entrevista |

Xavier Vilató: "He hecho una escultura en homenaje al padre de Picasso. La regalo al Ayuntamiento para que la pueda colocar en la plaza de Pontevedra"

El artista es sobrino nieto del pintor malagueño y expone por primera vez en la ciudad. Su retrospectiva 'Momentos naturais' se puede visitar desde este miércoles en el Kiosko Alfonso | Dona la misma obra a Málaga y Barcelona, para rendir homenaje a la labor docente de José Ruiz Blasco | Los ayuntamientos deben pagar la fundición

Xavier Vilató, ante una de sus obras, en el Kiosko Alfonso

Xavier Vilató, ante una de sus obras, en el Kiosko Alfonso / Casteleiro

Con Momentos naturais, Xavier Vilató, que es sobrino nieto de Pablo Picasso, tiene la sensación de cerrar un círculo, el que abrió el «abuelito Pepe», José Ruiz Blasco, al mudarse de Málaga a A Coruña para ser profesor. Esta exposición abre sus puertas, en el Kiosko Alfonso, este miércoles y las cerrará el 26 de febrero del próximo año, es una retrospectiva de su obra siguiendo el hilo conductor de los paisajes.

Es la primera vez que expone en A Coruña, pero ya había visitado la ciudad con anterioridad, vuelve a las raíces de su familia, ¿se hablaba de A Coruña en casa?

Sí, es la tercera o cuarta vez que vengo, me trajeron unos amigos hace unos años a una conferencia y me enamoré inmediatamente de este lugar y de su gente. Hay una gran relación familiar con A Coruña, aunque es un poco misteriosa. Para mí fue como un descubrimiento. En A Coruña se murió Conchita, la hermana de Picasso, y se quedó como una cosa un poco oscura. Yo no sabía muy bien lo que me iba a encontrar. Mi bisabuelo, José Ruiz Blasco, fue profesor en Málaga y aquí fue donde pudo desarrollar un proyecto de enseñanza, con una docencia especial, particular, y sobre todo, empezar a hacer trabajar a su hijo y a pagar modelos para que su hijo y otros niños de la escuela pudiesen pintar con modelos reales. Fue muy importante en la construcción de mi familia y supuso un paso muy importante para el abuelito Pepe. Por eso he hecho una gran escultura en homenaje a don José Ruiz Blasco me gustaría que se instalase en Málaga, A Coruña y Barcelona. En Málaga ya se ha aprobado después de unos trámites muy largos, a mí me gustaría que se instalase en abril, coincidiendo con su cumpleaños y me dicen que es posible.

¿Y en A Coruña han avanzado algo ya?

Estamos hablando y creo que hay ganas también de conseguir que se pueda hacer. Yo regalo mi trabajo, pero tienen que pagar la fundición. Es la misma escultura en las tres ciudades para honrar su labor docente, porque al final ha sido uno de los profesores más importantes del siglo XIX, ya que nos ha dado a Pablo. Representa al abuelito Pepe dibujando y hay un niño, no se sabe muy bien quién puede ser, que está mirando por su espalda y que está haciendo caer un botijo que está ahí. Es una obra de dos metros de alto y José Blasco está sentado.

Y le gustaría que estuviese en la plaza de Pontevedra...

Delante del instituto, para mí sería el sitio idóneo. En Málaga estará enfrente de la Escuela de Bellas Artes, de San Telmo, y esperemos que podamos hacer esto en todos los sitios, para no olvidar que es el fundador de nuestra dinastía.

Y le gustaría honrar a Conchita, en San Amaro, con una cruz.

Sí, pero eso es una cuestión familiar, íntima, que he hablado con mis primos y que vamos a intentar hacer.

Naciendo en una familia como la suya, ¿estaba obligado a ser artista o tuvo libertad para elegir su profesión?

No, de hecho, soy el único que se ha enfrentado a la bestia y que ha construido una obra artística. he sido pintor de una manera muy natural. Si eres hijo de un panadero, un día te ponen a hacer pan, de la misma manera empecé yo a dibujar. La mía era una familia donde, si hacías algo, te comunicabas con los demás. Cuando les enseñabas un dibujo a mi padre o a Pablo, lo miraban con atención, no te decían como los demás adultos: «¡qué bonito, cosas de niños!». En mi casa el dibujo era una cosa muy valorada e importante. Yo entendí de una manera muy natural y sin pensarlo mucho, que era una buena manera de comunicar con la gente. Y así entré en las técnicas del grabado, de litografía, de la cerámica, porque era la mejor manera de poder estar ahí en medio y jugar con ellos.

Y empezó a crear y ya no paró.

He trabajado mucho desde que tengo catorce años y he hecho mucho de todo. Esta exposición es una retrospectiva de mi obra pero centrada en los paisajes y en la naturaleza, que es una fuente a la que siempre he ido a beber. Yo veo aquí el trabajo de un chaval que tenía 18 años y me parece que he trabajado con mucha seriedad.

Y hay obra de gran formato, esculturas, cuadros pequeñitos...

Es muy diferente tu gesto cuando pintas un cuadro que es dos veces más grande que tú o que es pequeño como un platito. El gesto cambia. Las intenciones son las mismas pero la ejecución, que es al final lo que hace una obra, no. Yo siempre he defendido las obras hechas en el taller por el artista, por su mano y en el momento en el que la hace. Pintar es un poco como ser funámbulo, es decir, si piensas demasiado en el momento en el que la haces, te la pegas. Esta exposición es un poco como un cuaderno de mi vida, de los sitios donde he estado, de lo que me interesaba en un momento dado. Construir una obra es una cosa muy especial. No tiene un guion preestablecido. Nadie te puede decir si te estás equivocando, si estás en un buen camino. El mundo de la pintura es una cosa misteriosa y por eso desde Altamira seguimos haciendo cuadritos,

Ni siquiera las ventas o la fama hacen justicia a los artistas, cuántos no se vieron reconocidos en vida y lo fueron años después de muertos.

Las ventas, los museos... Hay una parafernalia montada que mueve mucho dinero pero que es show, no corresponde en nada a la calidad de las cosas o a su profundidad. Es un mercado que ahora está muy lejos de la gente y que se utiliza para hacer movimientos de capital. La pintura es como el cante, es como la música. Son cosas que hablan directamente al alma sin pasar por la palabra.

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