Día Internacional de los Voluntarios
Pitusa, Javier y Natalia, tres historias de voluntariado en A Coruña: "No entendería hoy mi vida sin esta labor"
Pitusa Balseiro, de 73 años, lleva casi media vida siendo voluntaria de la AECC y anima "a todo el mundo, y en especial a la gente joven", a seguir sus pasos. "Gente joven" como Javier Sanjurjo, de 20, que colabora en los economatos de Cáritas, o Natalia Rossier, de 27, que acompaña a una persona mayor, que vive sola, de la mano de Asdegal. Los tres comparten su experiencia, en el Día Internacional de los Voluntarios, para visibilizar al sostén del Tercer Sector

Javier Sanjurjo, Pitusa Balseiro y Natalia Rossier. / Jesús Prieto/ Casteleiro/Iago López
«Yo no entendería hoy mi vida sin hacer voluntariado. Lo he vivido desde que era niña, en mi casa. Para mí es una felicidad», resalta Pitusa Balseiro, de 73 años, y voluntaria de la Junta Provincial de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en A Coruña, «desde hace alrededor de tres décadas». Casi media vida colaborando de forma altruista con una entidad en la que, asegura, ha «pasado por todo». «He hecho prácticamente todas las campañas: venta de lotería, prevención del tabaquismo, información sobre la importancia de la protección solar…», apunta Pitusa, quien, desde hace «mucho tiempo ya» también, realiza «voluntariado en hospital».
«Estuve sustituyendo en el Hospital Universitario; luego tuvimos, durante varios años, un programa en la Unidad de Mama del Abente y Lago, con el que estábamos encantados, y que esperamos retomar. Se llamaba Corazones solidarios, por unos corazones que se hacían en la sede, todos por voluntarios, y que después les llevábamos a las mujeres y hombres operados de cáncer de mama. Con esos corazones les trasladábamos todas las actividades que ofrece la AECC (totalmente gratuitas). Eso también nos servía para hacerles algo de compañía y, sobre todo, para animarles a que, después, se pasasen por la asociación a practicar actividades como tiro con arco, remo o cualquier otra, que les motivasen y les pudiesen ayudar, también, en su recuperación», señala, sobre una labor que, en la actualidad, desarrolla «en el Oncológico», en el proyecto denominado El Carrito Don Amable.

Pitusa Balseiro muestra su carné de la voluntaria de la AECC, en la sede de la asociación, en A Coruña. / Casteleiro
"El voluntariado te hace mejor persona"
«Cubrimos toda la semana, de lunes a viernes. Cada grupo de voluntarios vamos un día en concreto, y lo que hacemos es ofrecer café, infusiones, agua, zumos, pastas y caramelos a los pacientes que están recibiendo quimioterapia o radio en ese centro. Cuando terminan, les recogemos todo y, a continuación, vamos a las habitaciones para visitar a los que están ingresados, acompañarles y poner a su disposición todos los servicios de la AECC, así como a sus familiares, que también sufren de una forma tremenda el impacto de la enfermedad. La asociación cuenta, de hecho, con un servicio específico de atención a las familias», subraya Pitusa, quien reivindica el voluntariado como una actividad que «te hace mejor persona».
«El voluntariado es vida. Te hace dejar de ser egoísta y pensar que tu mundo no es el tuyo: que tienes que dedicarte a los demás», incide Pitusa, antes «animar a todo el mundo, sobre todo a la gente joven», a ser voluntarios
«El voluntariado es vida. Te hace dejar de ser egoísta y pensar que tu mundo no es el tuyo: que tienes que dedicarte a los demás», incide, antes «animar a todo el mundo, sobre todo a la gente joven», a ser voluntarios.
«Gente joven» como Javier Sanjurjo, estudiante de Medicina, de 20 años, quien, «desde hace tres veranos», colabora como voluntario en los economatos de Cáritas Diocesana de A Coruña. «Al terminar Bachillerato, tuve un verano de muchos cambios: decidir qué quería hacer, pensar cómo iba a gestionar las cosas… Entonces, me dije: ‘Ya que tengo un verano limpio, y no sé muy en qué emplear el tiempo, vamos a hacer algo que realmente sea de utilidad. No solo para mí, sino para la gente que lo necesita», subraya Javier, quien, hasta aquel momento, no atesoraba ninguna otra experiencia como voluntario.

Javier Sanjurjo, voluntario en los economatos de Cáritas en A Coruña, junto al logotipo de la entidad. / Jesús Prieto
«Estudié en Compañía de María, y sí es verdad que allí se impulsaron eventos de voluntariado de distinta índole. Yo había hablado con el profesor que los llevaba, pero al final no participé porque vivía con mi abuelo, que tenía demencia, y lo cuidaba todos los días, con lo cual no tenía forma material de hacerlo», explica, antes de apuntar que, a la hora de ya sí dar el paso de lanzarse al voluntariado, se decantó por hacerlo con Cáritas, «principalmente», porque su madre «está ayudando, también», en esta entidad.
«Antes había estado barajando otras opciones, pregunté un poquito, pero mi madre me dijo que en Cáritas estaba muy a gusto, que el ambiente era muy bueno, y por eso me decidí. Colaboro en los economatos, donde se me necesita. Muchas veces, en la caja registradora, recogiendo los vales que llevan los usuarios, ayudando a comprar… También descargando camiones, ayudando a organizar el inventario, etiquetando…», detalla, sobre una labor que, afirma, le aporta «tranquilidad» y le permite «conocer a gente fantástica».
«Colaboro en los economatos, donde se me necesita. Muchas veces, en la caja registradora, recogiendo los vales que llevan los usuarios, ayudando a comprar… También descargando camiones, ayudando a organizar el inventario, etiquetando…», detalla Javier, sobre una labor que, afirma, le aporta «tranquilidad» y le permite «conocer a gente fantástica»
«Continúo hablando con varias personas de las que he conocido allí, y estoy tranquilo. Me hace sentir bien. No es una autorrealización gigantesca que le vaya a cambiar la vida a alguien, pero sí me aporta el saber que estoy haciendo las cosas más o menos bien», hace hincapié Javier, quien señala que «en los economatos de Cáritas Diocesana» hay otros voluntarios jóvenes, «más o menos» de su misma edad, «sobre todo, de otros países».
"Es una experiencia muy bonita"
«De A Coruña también, pero sí te encuentras con muchísima diversidad de gente de otros países, lo cual es también un plus enorme», destaca, antes de animar a todas aquellas personas (y jóvenes, en particular) que estén sopesando hacer voluntariado (y no acaben de decidirse, quizás, por «falta de tiempo»), a que «lo intenten». «Es una experiencia muy bonita y, aunque no sea algo que les vaya a cambiar la vida para siempre, sí les va a aportar tranquilidad, así como el sentirse mejor. Solo el hecho de saber que estás ayudando a otras personas es ya una motivación para continuar», resume.

Natalia Rossier, voluntaria del programa de acompañamiento de Asdegal (Acción Solidaria de Galicia), en la plaza de As Conchiñas, en A Coruña. / Iago López
Con la «motivación» de «ayudar a personas mayores en situación de soledad no deseada» se lanzó al voluntariado, «hace unos dos años», Natalia Rossier, de 27. Técnica de intervención en la ONG Hogar Sí, que trabaja «con personas en situación de calle y albergue», Natalia dio el paso de hacerse voluntaria de la mano de Asdegal (Acción Solidaria de Galicia), entidad que encontró «a través de la plataforma Hacesfalta.org» y que, entre otras actividades, promueve el «acompañamiento a personas que se encuentran solas en sus lugares de residencia».
«La primera vez que quedamos, fuimos a tomar un café. Entablar conversación y coger confianza con la persona mayor a la que hago compañía fue muy fácil porque las dos somos muy extrovertidas. Ella está en su domicilio, solo que tiene movilidad reducida y usa un andador. Yo la acompaño en los paseos, tomamos algo... También hice algún acompañamiento en hospital... Lo que necesite», indica Natalia
Desde entonces, ejerce como voluntaria haciendo compañía a una persona mayor, con quien ha «creado un vínculo». «El voluntariado no es ‘voy hoy, echo una charla y desaparezco’. Al final se establecen unos lazos importantes», recalca Natalia, antes de exponer cómo se ha gestado esa relación.
"Debería ser algo natural, que saliese del ser humano"
«La primera vez que quedamos, fuimos a tomar un café. Entablar conversación y coger confianza con la persona mayor a la que hago compañía fue muy fácil porque las dos somos muy extrovertidas. Ella está en su domicilio, solo que tiene movilidad reducida y usa un andador. Yo la acompaño en los paseos, tomamos algo... También hice algún acompañamiento en hospital... Lo que necesite», indica Natalia, quien considera que «el voluntariado debería ser algo natural, que saliese del ser humano». «Yo lo veo como una manera altruista de conocer a alguien que está pasando por una situación complicada y mejorar un poquito su calidad de vida», finaliza.
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