Intrahistoria de un acuerdo fallido: el doble frenazo de la USC con Medicina que reactiva el calendario de A Coruña
El aplazamiento de la votación del pacto para descentralizar el grado es el segundo bloqueo de Santiago a la negociación: el primero se dio en febrero, en un proceso previo que no trascendió

El rector de Santiago, Antonio López; el conselleiro de Sanidade, Román Rodríguez; el rector de Vigo, Manuel Reigosa; el de A Coruña, Ricardo Cao; y el titular de Sanidade, Antonio Gómez Caamaño. | Xoán Álvarez
El pacto para descentralizar la docencia en Medicina murió en la orilla la semana pasada. El Consello de Goberno de la Universidade de Santiago debía ratificar un acuerdo al que habían llegado los rectores de las tres instituciones académicas gallegas con la Xunta, que llevaría dos unidades docentes a A Coruña y Vigo y pondría fin a meses de debates y declaraciones cruzadas por el reparto del grado. La votación se aplazó por discrepancias con los términos del acuerdo en el seno de la facultad compostelana, la única que imparte el título en la actualidad, lo que reactivó la pretensión de la UDC y la UVigo de incorporarlo también a su oferta. Así lo habían advertido ambas: de no fructificar la descentralización, seguirían adelante con sus respectivos calendarios.
Segundo bloqueo
No es la primera vez que Santiago frena el proceso. Es el segundo bloqueo de las negociaciones para repartir la docencia que emana de la capital. Este, rodeado de ruido mediático. Del primero, en cambio, poco trascendió, ya que se dio en el marco de un proceso de negociación que se desarrolló en privado entre los tres rectorados, y que actuó como detonante al anuncio del rector coruñés, Ricardo Cao, de su intención de ofrecer el grado en 2027.
Esta negociación discreta arrancó a mediados del año 2024, cuando, detallan fuentes universitarias, el Consello de Docencia Clínica recibe la encomienda de elaborar una propuesta de descentralización. La tarea recae en el personal de los hospitales de las tres ciudades, que presentan un documento que, como este último, ya incluía la creación de unidades docentes en A Coruña y Vigo. Como ahora, entonces también fue este el principal punto de controversia. El malestar de los facultativos compostelanos empezó a trascender en febrero, y alcanzó su zénit en marzo de este año, cuando la propuesta llegó a la mesa de la junta de centro de la facultad compostelana, donde cristalizó el desacuerdo.
En una reunión extraordinaria celebrada en el centro se abordó, como único punto en el orden del día, la «fragmentación» del grado. El sentir en Santiago era generalizado: 70 profesores del título firmaron una carta en la que mostraban su rechazo a la reactivación del proceso de descentralización, y advertir de que la decisión afectaría a la «calidad» de la formación impartida, por la falta, en A Coruña y Vigo, de «una estructura docente acreditada» que permitiese mantener «el nivel de excelencia alcanzado». Entre estos docentes se encontraban el cardiólogo José Ramón González Juanatey y el pediatra Federico Martinón Torres, ambos jefes de servicio en el Clínico de Santiago, y que trasladaron entonces sus quejas a la Xunta, al decanato y al rectorado de Santiago.
Estos movimientos, no obstante, tuvieron una trascendencia comedida. Así se acordó, detallan fuentes universitarias, entre los actores que tomaban parte en la negociación. Una discreción que, señalan las mismas fuentes, se debió en parte a la proximidad de las elecciones al decanato de la Facultad de Medicina, fechadas para ese mismo mes de mayo, desde donde se pidió «tranquilidad» y que «se calmasen las aguas» hasta que el nuevo responsable del centro estuviese definido.
«Deslealtad»
Poco tardó en saltar por los aires esa tranquilidad pactada. El mismo mes de mayo, la Universidade da Coruña tuvo conocimiento de la convocatoria, por parte de Santiago, de dos nuevas plazas de docente de Medicina en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), pero adscritas a la facultad compostelana, lo que en A Coruña fue entendido como una «deslealtad», máxime teniendo en cuenta el proceso que se estaba desarrollando y el descontento por el «tímido» cumplimiento del pacto de descentralización rubricado en 2015, vigente hasta el momento.
Poco después, trascendió que en las mismas fechas se trabajaba también en el nuevo concierto que adscribía toda la infraestructura sanitaria de Galicia —también el Chuac y el complejo universitario vigués— a la facultad de Medicina de Santiago de Compostela, lo que complicaba todavía más la descentralización de la docencia clínica e intensificó el malestar al norte y al sur.
El anuncio tras la tensión
La tensión desembocó, a finales de mayo, en el anuncio de Ricardo Cao de que A Coruña ofrecería el grado en 2027, una pretensión a la que, meses después, se sumó Vigo. El órdago abrió un debate político y académico en Galicia, en paralelo a una negociación que se extendió seis meses, pasó por diferentes estadíos y culminó en un nuevo pacto entre las tres universidades y la Xunta, que parecía contar con la satisfacción de todos los implicados. No fue así. El desacuerdo en la facultad de Medicina llevó al aplazamiento de la primera votación necesaria para hacerlo viable, la de la USC. A Coruña y Vigo movieron ficha enseguida, y reanudaron sus propios calendarios para ofrecer el grado.
Con el proceso encallado de nuevo, la Xunta instó en los últimos días a Santiago a «salvar» la negociación y reactivar la aprobación del acuerdo, que de nuevo había frenado en Santiago, la primera estación.
Un revés ante el que la Xunta reaccionó abriendo la puerta a «cualquier escenario» y advirtiendo que, de no haber avances, el Gobierno gallego tomaría medidas «con libertad». Este viernes, el titular de Sanidade, Gómez Caamaño, reafirmó una vez más que la apuesta de la Xunta es la «descentralización» en A Coruña y Vigo, frente a las pretensiones de ambas de incorporar el grado a su oferta, y juzga que esta es «la mejor manera» de atender las necesidades de los estudiantes.
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