Refaat Alathamna, médico palestino premiado en A Coruña: «Israel comete crímenes contra un pueblo desarmado»
Acampa reconoció su labor y la del doctor Mohamed Safa. Alathmana lleva unas semanas en España, adonde llegó gracias a la ayuda del director de cine Javier Fesser. Ambos conversaron con LA OPINIÓN

Refaat Alathamna, médico palestino reconocido por Acampa. / Casteleiro
Los médicos palestinos Refaat Alathamna y Mohamed Safa recibieron los Reconocimientos Acampa a la defensa de los Derechos Humanos 2025. Alathamna recibió el premio de manos del director de cine, Javier Fesser, que fue una de las personas que lo ayudaron a llegar a España hace poco menos de un mes. Ambos conversaron con LA OPINIÓN tras el acto.
¿Cómo recuerda esos últimos días antes de salir de Gaza?
Refaat Alathamna: Todo el tiempo en Gaza fue muy duro. Cuando nos comunicaron que seríamos evacuados, seguíamos bajo ataques diarios, con víctimas constantes pese al llamado plan de paz de Trump. Mientras salía, nada cambió: la frontera seguía bloqueada, no entraba ayuda real, apenas algo de alimento. Los heridos y enfermos no podían salir, los escombros seguían ahí, sin maquinaria, sin medicación ni equipos médicos. El alto el fuego se rompía casi a diario.
¿Cómo se conocieron?
Javier Fesser: Le escribí por Instagram. Llevaba tiempo siguiéndole porque contaba lo que pasaba en Palestina en español, y era fácil entenderlo. Un día pensé: en medio mundo hay impotencia por no poder ayudar, pero ayudar a una persona comienza por un simple mensaje. Le pregunté qué podía hacer y empezamos a buscar la manera legal de evacuarle con su familia. Todo indicaba que era imposible. Es incomprensible que en 2025 una persona no pueda salir de un lugar porque el país de al lado, Israel, no se lo permite. Pero encontramos la fórmula. Hay mucha gente que quiere ayudar, pero no sabe cómo. Cuando la sociedad civil se organiza, logra cosas para las que las instituciones no tienen voluntad.
Hablaban de las redes sociales. Usted demostró su utilidad, y que un móvil puede ser el mejor arma para mostrar la realidad en Palestina.
R.A.: Han sido una de las pocas vías para comunicarnos con el exterior, pedir ayuda y mostrar la realidad de los crímenes de Israel. También fueron un puente con asociaciones y personas como Javier. Mucha gente en España y Latinoamérica buscaba cómo ayudar. El 90% de la ayuda que llega a Gaza es civil: dinero, medicación, evacuaciones o apoyo moral. Solo un 10% viene de asociaciones o países.
Este año ganó el Oscar No Other Land, un documental sobre Palestina. ¿Cómo de importante es que la cultura muestre este genocidio?
J.F.: Muchísimo. La cultura nace de la empatía. Nuestro trabajo es entender cómo se vive en los zapatos del otro. Cuando las historias se cuentan bien, la verdad aflora sin necesidad de rabia ni venganza. En este caso, la realidad habla sola. No es un choque de ideologías: es una situación injusta, cruel y delictiva. Cuando se ve con sensibilidad, se entiende que quien cree que matar niños sirve para algo está profundamente equivocado.
Siguió con su labor de médico, ¿cuáles fueron los momentos más duros?
R.A.: Cada día era peor que el anterior. Tuvimos que evacuar muchas veces, moviéndonos por una ciudad destruida, sin saber a dónde ir, sin casas que alquilar, buscando una carpa, agua, comida, batería… y protegiendo a los niños. Ellos son las principales víctimas: muertos, heridos, desaparecidos, traumatizados. Como médico, trabajaba el doble o el triple, viendo escenas durísimas. Los hospitales se convirtieron en centros de refugiados, con pacientes en pasillos y jardines, rodeados de familiares; era casi imposible trabajar. Me evacué once veces buscando un lugar “seguro”. Perdí tíos, primos, amigos, vecinos, compañeros. De milagro nos salvamos muchas veces: una bomba cayó en el piso de arriba de nuestro apartamento, otra vez derrumbaron un edificio de cinco plantas cerca. Nunca hubo un día tranquilo, era un estrés permanente.
¿Qué significa para usted recibir este premio representando a los médicos de Gaza?
R:A. Es un reconocimiento que nos da mucha alegría. Lo transmitiré a mis compañeros en Gaza. Han trabajado dejando a sus hijos y familias, sin sueldo, perdiendo colegas, en condiciones inhumanas. Han hecho y siguen haciendo una labor enorme. Merecen mucho más.
¿Cómo está siendo su vida en España? Decía que todavía quedan secuelas, sobre todo en los más pequeños.
R:A. Lo que han vivido mis hijos no es fácil de superar, pero aquí hay cosas que alivian: la gente que nos apoya, que nos acompaña en todo, nos da ánimo y tranquilidad. Sabemos que no estamos solos y estamos mucho mejor que antes.

Miembros de Acampa y la presentadora del acto con Refaat Alathmana y Javier Fesser (1º y 2º por la dcha.) y Mohamed Safa (4º por la dcha). / Casteleiro
España ha salido a la calle por Palestina, ha boicoteado la Vuelta y ahora no va a Eurovisión. ¿Nota ese calor?
R.A.: Sí. Estuve en la manifestación en Madrid y ver tanta gente me dio mucha alegría. Sentí que no estamos solos, que muchos apoyan nuestros derechos y entienden que el pueblo palestino merece vivir. Luchan contra el agresor con boicots, pidiendo a sus gobiernos que presionen para frenar el genocidio.
¿Por qué creen que esos boicots funcionan contra Rusia pero no contra Israel?
J.F.: Esa es la gran pregunta. Yo pregunté al Gobierno: ¿de qué tenemos miedo al posicionarnos claramente contra Israel? Aislar a Israel tendrá consecuencias, pero muchos estamos dispuestos a asumirlas. No entiendo que España mandara un buque para proteger a la flotilla humanitaria y luego lo detuviera dejándola sola. ¿Por qué? ¿Qué tememos que se desate? Con Rusia se dice “contigo no”, y con Israel se camina de puntillas, cuando sus dirigentes son asesinos y ladrones confesos. No comprendo por qué queremos tener algo que ver con esta gente, no sé de dónde nace tanta maldad.
¿Qué no estamos viendo de lo que ocurre?
R.A.: Naciones Unidas ha confirmado miles de desaparecidos y cadáveres bajo edificios derruidos que no se pueden rescatar por falta de maquinaria. Hablamos de miles de cuerpos que no sabemos si están bajo los escombros o secuestrados. Hay zonas bajo control de Israel donde nadie puede recoger los cadáveres tirados en las calles, comidos por perros. Cuando esto acabe y entren algunas organizaciones, se verá que el desastre es aún mayor. Israel ha devuelto cadáveres sin identificar, cuerpos sin órganos. Se cree que se están traficando con ellos.
J.F.: Muchos expertos hablan ya de cientos de miles de muertos. Las imágenes hacen difícil creer las cifras oficiales. Aunque la masacre se detuviera hoy, las consecuencias serían demoledoras: destrucción, hambre, enfermedades. Es irreparable.
¿Qué le parece cuando se tilda este genocidio de guerra?
R.A.: No encaja. Es un Estado sionista cometiendo crímenes de guerra contra un pueblo desarmado, matando niños y mujeres, destruyendo un país entero, atacando escuelas, universidades, mezquitas, iglesias… Es una barbaridad que debería llamarse gran genocidio.
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