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Carlos Núñez: «La emoción de los artistas tocando juntos es una perfección que la IA no consigue»

Tras actuar por el mundo con The Chieftains y constatar la capacidad de la música celta de triunfar a nivel global, Carlos Núñez quiso demostrar que la tradición gallega también podía. A Irmandade das Estrelas, su primer disco, cumple 30 años. Núñez recorre Galicia en Navidad para celebrar en directo la vigencia de un álbum con clásicos como ‘Negra sombra’ o ‘Lela’, en una gira que resalta la importancia de la experiencia acústica. Este viernes, doble sesión en el teatro Colón

Carlos Núñez, con el mar de fondo

Carlos Núñez, con el mar de fondo / Kiko de Castro

J. Fraiz

Ourense

Carlos Núñez Muñoz (Vigo, 1971) cree en la vigencia de la tradición y ha dedicado su vida a profundizar en las conexiones de las melodías gallegas con otros ritmos del planeta, con la música celta de navío, «un género con un prestigio asentado y consolidado que sigue siendo el mejor escaparate posible para las músicas de Galicia. Es uno de nuestros grandes valores, junto al Camino de Santiago». El flautista y gaitero se encuentra inmerso en la gira del trigésimo aniversario de su primer disco, A Irmandade das Estrelas. Tocará este viernes en el teatro Colón de A Coruña, en dos sesiones. «En los inicios era muy difícil. Se reían de ti porque tocabas la gaita. A partir de A Irmandade das Estrelas logramos un cambio y conseguimos vender con toda la discografía más de un millón de copias en el mundo».

¿Qué ha supuesto A Irmandade das Estrelas para usted y, con la perspectiva del tiempo, para la proyección de la música gallega?

Creo que fue un disco pionero y a mí me cambió la vida, en un momento en el que estaba aprendiendo. En 1995 veníamos de hacer con The Chieftains una gira mundial por Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Australia y Europa. La música celta estaba tan de moda en el mundo que Paddy Moloney, el gaitero de The Chieftains, tenía el número de Mick Jagger, Sinéad O’Connor o Sting. Un día tocábamos con Bob Dylan, otro grabábamos con Sinéad, una noche Sting se pasaba por un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York. En ese momento, con 24 años, sentí que quería para la música de Galicia eso mismo que estaba viviendo.

Era su primer disco en solitario y contó con la colaboración de grandes nombres de la música.

Llamé a Luz Casal y le pregunté si se animaría a cantar una canción muy antigua con letra de Rosalía de Castro, que en Galicia cantaban los coros. Le dije que Ry Cooder vendría desde Los Ángeles. Ella contestó que sí. La canción era Negra sombra. En aquella época, Ramón Trecet decía en Radio3 que la mejor voz del momento en Europa era la de Dulce Pontes, que grabó maravillosamente Lela, una canción escrita por Castelao que hablaba de un amor imposible de un hombre mayor que se enamoraba de una joven, y que cantaban los estudiantes en los años sesenta. Dulce Pontes puso tanta pasión en la grabación que se rompió la membrana del micro, por la potencia vocal. En Cantigueiras invitamos a las pandereteiras de Xiradela y consiguieron cantar en tono de sol. En un registro tan agudo que, después de realizar la primera toma, se quedaron sin voz.

En A Coruña volverá a interpretar Cantigueiras con ellas.

Esa será una de las sorpresas. En el concierto de Ourense estuvo la Banda de Gaitas de Cea, con la que tenemos recuerdos maravillosos, porque estrenaron con nosotros, en directo, la música de Mar adentro, la película de Alejandro Amenábar, ante 30.000 personas, en el auditorio de Castrelos de Vigo. El inicio de la gira en Ourense fue maravilloso; hacía bastantes años que no tocábamos en la ciudad.

Este disco fue grabado en formato analógico, sin multipistas, lejos de la tecnología actual.

A Irmandade das Estrelas fue 100% analógico, con los artistas tocando juntos al mismo tiempo. La mayoría del disco se grabó en Windmill Lane, en Dublín, estudios de artistas como Van Morrison, The Chieftains o U2. El secreto era grabar la emoción de los músicos tocando juntos al mismo tiempo, con buenos artistas capaces de afinar y de cantar de verdad, para que el resultado fuese eterno. Es una manera de hacer música que alcanzó el summum a finales de los noventa. Me gusta colaborar con la electrónica —hemos unido gaita y trap en Danza de Espadas, hemos colaborado con Baiuca—, pero creo, además, que está muy bien que la gente joven pueda vivir una experiencia acústica con la emoción de los artistas tocando juntos, una perfección que la inteligencia artificial no consigue.

¿Es fácil y natural trasladar al directo un disco así, tan orgánico?

Es uno de los grandes éxitos de esta gira. Esa manera de hacer música la llevamos al directo, con históricos que colaboraron en la grabación y también con gente joven, en la veintena, que ni siquiera había nacido en aquel momento.

María Sánchez, cantante y violinista, pone voz en los directos a las canciones Negra sombra y Lela

Tiene 24 años y es de Barcelona. Es más joven que Rosalía [se refiere a la artista catalana] y le encanta cantar estas canciones y melodías, y además hacerlo en gallego.

¿Cuál es el secreto para que alguien como usted, que actúa desde niño, mantenga la emoción en cada uno de sus conciertos?

Cada vez que subo a un escenario vuelvo a experimentar la sensación de la primera vez que toqué la gaita, una alegría que me inunda, esa energía que brota de la gaita fue lo que me enamoró. Después de los conciertos la gente sale como si flotase. Es la experiencia que en Estados Unidos llaman healing music, la música sanadora, que te hace sentir bien. En las giras en los auditorios, el recinto permite explorar emociones muy profundas. Desde tu asiento, puedes dejar volar tu imaginación y tu alma; se produce una conexión muy bonita.

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