'A Coruña, porto negreiro': Una mirada al pasado incómodo de la ciudad
Las investigadoras Zinthia Álvarez y Cristina Botana profundizan a través de una muestra en el Muncyt la trata esclavista que tenía en el puerto de la ciudad uno de sus nodos, e hilan una reflexión histórica sobre su influencia en el desarrollo económico de A Coruña: «Muchas de esas élites siguen ocupando el poder hoy»

Zinthia Álvarez y Cristina Botana, en la muestra en el Muncyt. | Casteleiro
Sagas familiares como las de los Barrié, Da Guarda, Goicouría, Marcial del Adalid, Pastor. Nombres propios del callejero de la ciudad y referencias indiscutibles de la élite coruñesa, cuya huella sobrevive hoy a través de homenajes simbólicos, pero ligados también a una memoria sumergida: la del comercio de esclavos. Una de esas zonas de sombras de la historia de A Coruña que dos investigadoras, la periodista Zinthia Álvarez y la arquitecta Cristiana Botana, se han propuesto sacar a la superficie. «A día de hoy sigue habiendo calles que nombran a grandes traficantes de personas. El que para unos puede ser un benefactor, para otros es una figura violenta. Para todos debería serlo», aseveran.
De esa reflexión histórica con perspectiva antirracista nace el proyecto A Coruña entre memorias, una iniciativa amplia de recuperación de la memoria colonial de la ciudad y que se hace tangible estos días y hasta el 28 de febrero en las paredes del Muncyt a través de la muestra A Coruña, porto negreiro, que profundiza en la logística esclavista del siglo XIX que tenía en el puerto de la ciudad uno de sus nodos.
Un proyecto que se apoya en todo un corpus de investigaciones previas de otros autores y que pretende generar una base de conocimiento a escala popular, que trascienda el ámbito académico. El fin es que los coruñeses puedan conocer una parte de su historia en cierto modo incómoda, pero imprescindible para entender el desarrollo económico de la ciudad y de los nombres vinculados a él. «Queremos que esta memoria quede en el imaginario colectivo, que cale en los y las vecinas, que puedan prestar atención también a esa memoria colonial que hay en la ciudad y que muchos desconocen», explican.
Aunque el comercio de esclavos en la península se liga sobre todo a ciudades como Barcelona o Sevilla, lo cierto es que de Galicia partieron 84 expediciones negreras en la primera mitad del siglo XIX, de forma especialmente intensa entre los años 1816 y 1820, cuando Galicia se convierte en un «nodo estratégico» de la trata trasatlántica.
Al menos, esas son las que están cuantificadas en los registros. Más de una cuarta parte de ellas salieron desde el puerto de A Coruña, financiadas y organizadas por nombres como Barrié. «En total, se calcula que se secuestraron y transportaron desde África hasta las colonias, sobre todo caribeñas, más de 23.000 personas. Y seguro que hay más», detallan. No solo en los nombres propios perviven los resquicios de aquel pasado: también existen ciertas continuidades invisibles a los ojos de quien desconoce esta realidad, pero elocuentes cuando se indaga: «Es impactante que en lo que era la Aduana Real, que tenía la función de controlar el tráfico de mercancías, donde por desgracia contaban los seres humanos, hoy esté ubicada la oficina de Extranjería. Hay una continuidad simbólica de esa violencia administrativa, simbólica, social y económica».
La vigencia de estas dinámicas en el funcionamiento actual de la ciudad es otro de los aspectos en los que el proyecto insiste. El hoy no se puede entender sin rellenar los huecos del ayer. «Muchas de esas élites siguen ocupando el poder. No es algo del pasado. En España se abolió la esclavitud en 1898», comentan. Una cruzada contra la desmemoria colonial coruñesa que se apoya en varias patas, como parte de la iniciativa A Coruña entre memorias: historia, colonialismo e identidade, premiada por la Diputación. Además de la muestra del Muncyt, hay iniciativas paralelas como visitas guiadas por la ciudad, que reconstruyen el mapa de este pasado violento; una cartografía digital e interactiva con material didáctico e imágenes históricas para profundizar. «La idea es que puedan venir grupos de niños y niñas de las escuelas, porque es una forma de trasladar esta información que a veces es tan hermética. El crecimiento de A Coruña está conectado a este proceso, y son cosas que incomodan», señalan.
A Coruña, porto negreiro rescatalos nombres de los esclavistas, pero también de las personas esclavizadas, en un afán reparador que huye de esa homogeneización que etiquetaba como mercancía a seres humanos. Así conocemos a Joseph Francisco, Joachin de San Benito, José Manuel Lisboa o Yrene Antonia. «Muchas de ellas fueron bautizadas en la Iglesia de Santiago. Es importante que sus nombres aparezcan. Cuando se aborda la memoria colonial se va a los nombres de los negreros, pero queremos que queden en la memoria también los de las personas esclavizadas. Algunas acabaron viviendo aquí», relatan.
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