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Felicitas Ramos (84), vecina de A Coruña y usuaria del servicio de teleasistencia de Cruz Roja: «Todos necesitamos compañía»

En esta entidad también participa en actividades dirigidas a paliar la soledad no deseada de los mayores. «Una persona sola no está bien nunca, pero menos cuando tenemos ya unos años», considera

Felicitas Ramos junto a Yolanda Balado, técnica social del área de Mayores de Cruz Roja, en su vivienda de Monte Alto.

Felicitas Ramos junto a Yolanda Balado, técnica social del área de Mayores de Cruz Roja, en su vivienda de Monte Alto. / Carlos Pardellas

A Coruña

«Voy a todas las actividades que puedo en Cruz Roja, y también en el centro cívico. Hay días en los que ya casi ni tengo tiempo para comer. Llego cansadísima a casa por la noche, pero prefiero estar cansada que no aburrida o triste», reflexiona Felicitas Ramos, vecina de Monte Alto, de 84 años. Originaria de Valladolid, Felicitas lleva media vida en A Coruña, donde hoy carece de una red familiar, ya que su única hija vive en Canarias, aunque la visita con frecuencia y pasa estas navidades con ella; su marido falleció, al igual que sus dos hermanos y sus cuñadas; y sus sobrinos «están desperdigados por el mundo», detalla, antes de reconocer que «todos necesitamos compañía». Ella la ha encontrado a través de Cruz Roja, de cuyo servicio de teleasistencia es usuaria —«me llaman y están muy pendientes de mí», subraya— y donde participa en proyectos dirigidos a paliar la soledad no deseada en personas mayores, con actividades grupales, salidas o visitas culturales, «siempre para generar apoyo social».

«Ya casi ni me acuerdo de cuándo empecé con Cruz Roja porque va casi para ocho años. Entré de voluntaria, precisamente, en el programa de acompañamiento a personas mayores que, por cierto, eran agradecidísimas, porque te encuentras con todo tipo de situaciones: personas con hijos que ni siquiera van a visitarlas, llenas de dolores... Tú las escuchas, les das cariño y, luego, ya se hacen muy amigas tuyas. Hay mucha necesidad por ahí. Mucha. No nos hacemos idea de cuánta», destaca, sobre una experiencia que, «a raíz de la pandemia, se paró un poquito», aunque a ella le «hubiese gustado seguir». «A partir de ahí, me metí en otras cosas, también con Cruz Roja. Por ejemplo, estuve en clases de costura, que fue muy ameno porque cosíamos ropita para todas, nos llevaban a las ferias medievales con las prendas que nos hacíamos... Lo pasamos muy bien en aquel taller», señala Felicitas, quien admite que, para ella, quedarse en casa no es una opción «porque acabas cogiendo una depresión».

Soledad, años y enfermedad

«Yo tengo muchos grupos de amigas, porque voy a varias actividades, tanto en Cruz Roja, como en el centro cívico: nos juntamos, tomamos un café, charlamos, vamos a una excursión... Hacemos mucha vida social. Incluso vamos los domingos al baile. Tiene que ser así, porque si te quedas encerrada entre cuatro paredes... Ya me llega mucho cuando vuelvo a casa y no tengo con quien hablar. La soledad para mí es lo peor que hay. Y ya si a la soledad le sumas la edad y la enfermedad, forman un cóctel...», advierte Felicitas, aunque admite que, en su caso, «de momento», está «muy bien». «Mientras continúe así, seguiré por aquí, pero cuando ya no pueda manejarme sola, me iré con mi hija. Una persona sola no está bien nunca, pero menos cuando tenemos ya unos años», considera.

Felicitas Ramos

Felicitas Ramos / Carlos Pardellas

«En Cruz Roja llevamos años abordando la soledad no deseada, a través de diferentes proyectos destinados a personas que exponen sentirse en esa situación», apunta Cristina Méndez, directora provincial del área de Mayores de esa organización. «Siempre que hacemos una valoración integral de las personas a las que atendemos, cuando detectamos que manifiestan sentir esa soledad, las encajamos en este programa concreto, que busca promover su participación en actividades que les ayuden a mantener redes sociales o, incluso, a generarlas», explica Méndez, quien reconoce que, «a veces, esas personas no están aún en el punto de querer acercarse» a Cruz Roja y «tomar parte en una actividad con otra red» de iguales. «Lo que hacemos, entonces, es acompañarlas, de forma telefónica o presencial (con visitas semanales), dando lugar a la creación de un vínculo con los voluntarios del proyecto, que son imprescindibles», reivindica.

Enfoque preventivo

«Ese es nuestro punto de partida, en muchas ocasiones, hasta que conseguimos que esas personas que manifiestan sentir soledad no deseada se animen a venir a nuestra asamblea, conocer a otras personas y participar con ellas en actividades», prosigue la directora provincial del área de Mayores de Cruz Roja, quien apunta que, «desde hace algún tiempo», han venido «detectando» que había personas «que no se atrevían a dar el paso de acudir» a esa organización, aun «manifestando sentirse solas». «Para poder llegar también a ellas, desarrollamos un proyecto que lo que hace es trabajar con los comercios de proximidad: farmacias, fruterías, panaderías... Se llama Antenas, porque esos establecimientos son los que detectan, muchas veces, las situaciones de soledad. Cuando esto sucede, les hablan a las personas de nuestro proyecto y les piden su consentimiento para que podamos llamarlas e iniciar ese proceso de empoderarlas y animarlas a participar», pormenoriza, antes de resaltar que, «a raíz de la pandemia», comenzaron «a trabajar mucho la soledad no deseada», también, «desde la prevención, generando, de antemano, redes de apoyo» para que las personas «no lleguen a tener ese sentimiento».

«Mucho que aportar»

«Con ese enfoque es el proyecto La Buena Vecindad, en colaboración con el Ayuntamiento, y en el que trabajamos con las comunidades de vecinos. En Cruz Roja tenemos la suerte de contar con el servicio de teleasistencia, que nos permite saber la cantidad de personas que viven solas. Cuando detectamos esos casos, las llamamos, les explicamos cómo funciona el proyecto y, si les apetece participar, les preguntamos si podemos contactar con su comunidad», detalla Méndez, acerca de una iniciativa que busca «implicar a los vecinos» de quienes se sienten solos para «generar espacios de encuentro». «Queremos hacerles ver, además, que las personas mayores todavía tienen mucho que aportar», subraya con emoción, al recordar como, a través de La Buena Vecindad, «han surgido iniciativas increíbles». «Una mujer que reunió a todos sus vecinos para enseñarles a hacer caldo; un hombre originario de California que enseña inglés en su comunidad; una chica que, cuando se iba de vacaciones, llevaba a su gato a un hotel, y ahora se lo deja a una usuaria de este proyecto...», ejemplifica, sobre una iniciativa que, reivindica, supone «volver un poco a cómo eran las cosas antes, a los orígenes».

«La soledad no deseada impide a muchos mayores abordar su vida cotidiana»

Cáritas Interparroquial de A Coruña es otra de las organizaciones que trabaja para combatir la soledad no deseada en la ciudad y su área, «a través de programas de acompañamiento a personas mayores» que se encuentran en esa situación, «como Familia Abierta o AcompáñoTE», apunta la directora de Cáritas Diocesana de Santiago, Pilar Farjas, quien advierte de que «la soledad no deseada de los mayores es otra cara de la pobreza que, a veces, no vemos».

«Atendemos a más de 400 mayores que viven solos y autónomos, pero que tienen una situación de soledad no deseada que les impide abordar su vida cotidiana: les acompañamos al médico, a la realización de trámites administrativos...», expone Farjas, quien lamenta que «ni siquiera desde las propias administraciones públicas» se considere que «no vale con poner en marcha, por ejemplo, un programa de Xantar na casa, si no se tiene en cuenta que hay personas mayores que están en sus domicilios solas, y que no saben cómo gestionar la petición».

«¿Que tienen que solicitar una ayuda o una cita por internet? ¿De qué estamos hablando, en un mayor de 84 u 88 años, que vive solo y al que, quizás, cada vez le da más miedo salir a la calle? Ese trayecto, y ese contacto humano, desde donde está el mayor hasta donde tiene que gestionar, por ejemplo, la renovación del DNI o la solicitud de la dependencia, lo está resolviendo el programa AcompáñoTE que, además, durante la estas fechas navideñas, ha llevado a cabo la entrega de la cena de Nochebuena, con la colaboración de varios restaurantes y hoteles de la ciudad que se encargaron de su preparación y envasado, y que Cáritas llevó hasta los domicilios», subraya.

En la estela de Cruz Roja y Cáritas, entre otras entidades, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (COFC) también se ha propuesto hacer frente a la soledad no deseada, colaborando con el proyecto Te Acompañamos, de la Fundación Banco de Voluntariado, que posibilita que esta organización «atienda a personas mayores que viven solas» y «a pacientes crónicos que carezcan de un entorno familiar o social».

«Desde las farmacias se perciben, de manera habitual, este tipo de problemáticas», señala el COFC, tras la reciente firma de un convenio que permitirá «derivar esos casos» al Banco de Voluntarios para tratar de darles solución. Además, «se distribuirá información referida a la captación de voluntarios que deseen colaborar» en el proyecto, «y se impartirá formación para la realización de estas tareas», agrega.

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