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El poblado navideño de A Coruña afronta su desmontaje con incertidumbre

El domingo debe estar listo, pero el organizador no aseguró que fuera posible

Unos niños pasan por una decoración luminosa en el poblado navideño. |  Casteleiro

Unos niños pasan por una decoración luminosa en el poblado navideño. | Casteleiro

A Coruña

El poblado navideño de María Pita se despidió definitivamente este viernes. Lo hizo con pocos puestos abiertos y con un público que pasaba por allí con el único objetivo de ir a ver a los Reyes Magos en el Ayuntamiento. El mercadillo tiene que estar desmontado este domingo, pero todavía no habían empezado a trabajar en ello. El responsable de NC7 Events, Carlos González, no prometía conseguir hacer el desmontaje en un día. «No puedo garantizarlo. Lo haremos lo más rápido posible, pero es muy complicado desmontar en solo un día. En Vigo, por ejemplo, tardan semanas», comentaba hace unos días.

El Concello ya le advirtió que el poblado navideño debía estar desmontado para la Cabalgata, ya que su intención era ampliar su duración hasta el día 6, con el objetivo de salvar la campaña, aunque muchos comerciantes ya habían empezado a hacer la maleta hasta quedar prácticamente desierto en estos dos últimos días.

El jueves, día 1, dos de las últimas casetas aprovecharon también para recogerlo todo y partir antes del último día. En uno de los pocos negocios que quedaba abierto, una churrería, se podía ver ayer a una madre y una hija comprando unos dulces tras ver a Sus Majestades de Oriente. Los más pequeños, junto a los adultos que los acompañaban, eran la imagen habitual que se podía ver paseando por la plaza de María Pita en el día de ayer. Al estar prácticamente todo cerrado, el mercado no pudo aprovechar el impulso que le habría dado, en otras circunstancias, la presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar en el Ayuntamiento. Lo que más llamó la atención a los niños que paseaban por la zona fue una decoración luminosa situada justo enfrente de la estatua de María Pita, donde se hacían alguna foto.

En el día de ayer, Rosalía, dependienta de Arte en la Mesa, una tienda de menaje de Juana de Vega que llevó su puesto al poblado, relataba que en toda la tarde habían ganado cinco euros: «Me da muchísima pena y muchísima rabia porque no se vendió nada».

A la mala organización no ayudó tampoco la meteorología de los dos últimos días, que ha complicado todavía más la afluencia al mercado. «Si esto estuviera cubierto, habría sido un éxito», comentaba Carmen, una mujer con un puesto de joyas que permaneció abierto hasta el último día. Ella parecía ser la única que no culpaba a la organización, mientras el resto omitían hablar con caras de resignación y hartazgo.

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