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Os Castros, un barrio que vive sin prisa: "No es perfecto, pero prefiero que se quede como está"

La cercanía a comercios y servicios, sumada a la buena conexión de transporte público, facilita el día a día de los residentes de la zona de A Coruña: "Aquí tienes todo lo que quieras"

Vecinos de Os Castros opinan del barrio

Inés Vicente Garrido / Iago López

A Coruña

Os Castros avanza a su propio ritmo. Lejos del bullicio del centro y sin grandes transformaciones a la vista, el barrio mantiene una calma que sus vecinos valoran como "su mayor virtud". Tranquilidad, buenas comunicaciones y una vida de barrio que resiste al paso del tiempo definen una zona de A Coruña que no busca protagonismo, pero sí "estabilidad".

La tranquilidad es una idea que se repite entre quienes llevan años viviendo en Os Castros. Amparo López, vecina desde hace décadas, define el barrio sin matices: "Para mí está muy bien. Es tranquilo y los vecinos son muy buenos". Destaca la comodidad del día a día, con transporte público, parada de taxis y muchos comercios a mano. "Aquí tienes todo lo que quieras, hay todo lo básico que se necesita", afirma, sin encontrar grandes carencias.

Esa sensación de tener "todo a mano" es el nexo común entre generaciones. Paula Ramos, que llegó al barrio por la cercanía a su trabajo, destaca la autonomía que le brinda la zona. "Antes dependía del coche, ahora pasan muchas líneas de bus e incluso puedes ir andando al centro", relata. Eduardo Núñez, residente desde hace más de dos años, coincide en que la comunicación es el punto fuerte: "Cojo el transporte todos los días para ir a trabajar y la verdad es que funciona muy bien, hay muy buena comunicación". Este enclave estrátegico actúa como un imán para quienes buscan calidad de vida sin renunciar "a estar a un paso de la zona urbana".

Amparo López, vecina de Os Castros

Amparo López, vecina de Os Castros / Iago Lopez

A esa calma cotidiana se suma una identidad propia que los vecinos defienden con orgullo, basada en la cercanía, la rutina compartida y "una convivencia que se ha construido desde siempre", según afirma Amparo. María del Carmen González, dueña de la Frutería Gamar desde hace más de quince años, subraya que en su frutería conviven generaciones distintas: "Hay un poco de todo, gente joven y gente mayor". Una mezcla que, en su opinión, mantiene vivo el barrio y refuerza su carácter cercano.

Paula también percibe esa heterogeneidad en su propio edificio. "Mis vecinos son jóvenes, pero también hay parejas mayores. No diría que es un barrio envejecido", explica. Para ella, Os Castros funciona como un espacio de transición para quienes se independizan sin renunciar a la comodidad.

Paula Ramos, vecina de Os Castros

Paula Ramos, vecina de Os Castros / Iago Lopez

Desde una mirada más pausada, Amparo valora especialmente la convivencia vecinal. "En el edificio donde vivo es toda gente muy buena, muy buenos vecinos", afirma. Esa tranquilidad diaria pesa más que cualquier posible carencia urbana. "Para mí es perfecto para vivir", insiste. Eduardo comparte esa visión doméstica del barrio. Destaca la presencia de servicios públicos cercanos y una vida pensada para el día a día. "Al final haces vida en el barrio y es lo mejor", resume.

Sin embargo, el bienestar en Os Castros encuentra su mayor escollo en el mercado inmobiliario. "La oferta es escasa y los precios suben de forma constante", asegura María del Carmen. Paula admite que, aunque su alquiler es asumible "por el momento", no podría mudarse hay con su sueldo: "Si quisiera cambiar de piso, no podría; los precios están en 600 euros o más en pisos muy antiguos". A la joven le suben cada año el alquiler, pero por ahora "nada excesivo". Eduardo también percibe ese encarecimiento, señalando que, aunque es un barrio efectivo, "ya no atrae a nuevos inquilinos" por los costes baratos en vivienda.

"Es un barrio muy tranquilo. La gente es muy de barrio, nos conocemos todos y eso da gusto"

Para quienes trabajan de cara al público, el barrio conserva un trato cercano y afín que ya escasea en otras partes de la ciudad. María del Carmen lo resume con claridad: "Es un barrio muy tranquilo. La gente es muy de barrio, nos conocemos todos y eso da gusto". Aunque no vive en la zona, percibe una comunidad cohesionada y amable, con una clientela fiel que mezcla vecinos de siempre y nuevos residentes.

El perfil del barrio, explica la comerciante, ha cambiado poco a poco. "Antes era más gente mayor, parecía que el vecindario iba a envejecerse, pero ahora empieza a venir más gente joven", señala. Cree que el pequeño comercio tiene ahí una oportunidad, aunque lamenta que muchos locales permanezcan cerrados. "Aquí hay de todo, supermercados, tiendas, servicios. El problema es que cada vez se compra más en grandes superficies y la gente se acostumbra a ir a los supermercados y no a las tiendas de barrio, que en Os Castros aún quedams unas cuantas", apunta.

Eduardo Nuñez vecino de Os Castros

Eduardo Nuñez vecino de Os Castros / Iago Lopez

La dotación de servicios públicos en la zona recibe una valoración notable. El Parque de San Diego, el centro cívico y las instalaciones deportivas como la piscina completan una oferta que hace la vida más fácil a las familias. "Hay mucha gente con niños, hay guarderías cerca y muchas zonas verdes", apunta Eduardo. La limpieza y la seguridad también aprueban con nota entre las opiniones del vecindario, que disfruta de un entorno "bien cuidado y con un mantenimiento adecuado".

Pese al optimismo, los residentes señalan pequeños márgenes de mejora. El aparcamiento es el más citado. "Hay muy poco sitio para aparcar", reconoce Eduardo. Paula menciona también el ruido nocturno en fechas puntuales. "Algunos días de fiesta o fines de semanas se acumula gente en los bares y desde los pisos se escucha bastante", comenta, aunque lo ve como algo ocasional que no altera su rutina. Amparo, al igual que María del Carmen, no cambiarian nada. "No digo que sea perfecto, pero prefiero que se quede como está, con la gente de siempre y la tranquilidad de todos los días", asegura la frutera.

María del Carmen Gónzales, duela de Frutería Gamar en Os Castros

María del Carmen Gónzales, duela de Frutería Gamar en Os Castros / Iago Lopez

El futuro de Os Castros no se proyecta con grandes obras ni cambios radicales, sino con el deseo de "preservar lo que funciona". Mientras María del Carmen espera que el relevo generacional siga apostando por tiendas de barrio, eduardo confía en que "la llegada de más gente aporte más vida" y llegar a ser un barrio "importante de la ciudad". En Os Castros, el progreso se entiende como la capacidad de seguir siendo ese lugar donde, como dice Amparo, "todo está a mano".

«Un barrio trabajador» que pide mejoras en los servicios

Os Castros, un barrio de A Coruña que vive sin prisa

Os Castros, un barrio de A Coruña que vive sin prisa / Iago López

Os Castros se defiende desde dentro como un barrio "solidario, autosuficiente y con una fuerte identidad vecinal". Así lo explica Paulo, uno de los representantes de la asociación de vecinos, que reivindica una vida de barrio en la que "no hace falta ir a ningún otro punto de la ciudad" por que en la zona tienen "de todo". El comercio de proximidad y la hostelería sostienen una actividad diaria que refuerza esa cohesión. "Estamos muy unidos y contamos con un comercio muy bueno", subraya. Para la asociación, esa red es una de las principales fortalezas del barrio, tradicionalmente ligado a la clase trabajadora. "Siempre fue un barrio obrero, trabajador, donde la gente trabajaba y vivía aquí. Queremos que eso se mantenga", afirma Paulo.

Junto a esa visión positiva, la asociación de vecinos pone el foco en las "carencias estructurales" que arrastra la zona. La mejora de servicios, equipamientos e infraestructuras es una de sus principales demandas. "Lo que pedimos es mejorar la calidad de vida de los vecinos", resume Paulo. Entre las prioridades figuran el transporte público, especialmente en zonas con alta población envejecida, la creación de un centro de día y la mejora de espacios infantiles.

También preocupa el estado del centro cívico, que califican de "lamentable" por falta de mantenimiento. La accesibilidad es otro de los puntos críticos. El barrio presenta una orografía complicada, con muchas pendientes. "Hay mucha gente mayor y es necesario mejorar la accesibilidad", señala. También reclaman actuaciones en el parque de San Diego, donde "cada vez que llueve se producen encharcamientos" y desde su creación "no tuvo reformas". Pese a las dificultades, la mirada hacia el futuro es optimista. "Es un barrio con futuro, con gente trabajadora y del que estamos muy orgullosos", concluye Paulo.

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