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Desde la Unidad de Neonatología del Materno de A Coruña: "Las familias no están aquí como una visita. Son tratamiento"

"La humanización está integrada en nuestro ADN desde hace años", reivindica José Luis Fernández Trisac, responsable de ese servicio asistencial, estructurado como "un hospital dentro del hospital" y "abierto", al que las familias de los bebés ingresados pueden acceder "las 24 horas", aunque estén en la UCI, para "pasar todo el tiempo que quieran" con ellos

José Luis Fernández Trisac y Loli Eiriz (en el centro), junto a parte del equipo de la Unidad de Neonatología del Materno (Chuac).

José Luis Fernández Trisac y Loli Eiriz (en el centro), junto a parte del equipo de la Unidad de Neonatología del Materno (Chuac). / Carlos Pardellas

A Coruña

«Cuanta más presencia familiar hay con los recién nacidos hospitalizados, mejor es el pronóstico de esos niños. Los padres no están aquí como una visita. Son tratamiento», resalta el doctor José Luis Fernández Trisac, jefe de Neonatología del Servicio de Pediatría del Hospital Materno Infantil Teresa Herrera (Chuac), al resumir la filosofía de trabajo en su Unidad. Un «hospital dentro del hospital», con los estándares «más elevados de calidad», accesible para las familias «las 24 horas» y que «ronda los 700 ingresos» anuales, entre sus «diversas zonas de atención», incluidos grandes prematuros —«derivados, también, de las áreas de Ferrol y Lugo»— y bebés con cardiopatías críticas, «en la etapa neonatal», procedentes de toda Galicia.

«En Neonatología atendemos a todos los recién nacidos, desde que vienen al mundo, hasta los 28 días de vida, pero también tenemos a niños que, en el momento en el que nacen, tienen un problema que puede prolongar su estancia. Un gran prematuro, por ejemplo, está con nosotros tres meses. Más o menos, hasta la fecha en la que finalizaría la gestación», explica el doctor Fernández Trisac, acerca de una unidad que, «antiguamente, se catalogaba, por unos criterios de cantidad y de cartera de servicios, como de las más complejas del país», es decir, «de nivel IIIC».

«Eso nos diferencia de otras porque tenemos Cirugía Cardíaca. Nuestro hospital es referencia autonómica, con lo cual todos los niños de Galicia con problemas de cardiopatías congénitas, recién nacidos, vienen a aquí», especifica, antes de aclarar que, «con el paso de los años», debido a «la crisis de natalidad que existe en España, en general (y también en Galicia)», ya no se tiene tanto en cuenta «la cantidad de recién nacidos» a los que atienden, como «la calidad que se presta en la atención». «En este sentido, también estamos entre las unidades de Neonatología de más alta calidad del país, las llamadas ‘IIIQ’», reivindica, sobre un servicio asistencial estructurado como «un hospital dentro del hospital».

Una bebé gran prematura, en una incubadora, en la UCI de la Unidad de Neonatología del Materno.

Una gran prematura, en una incubadora, en la UCI de la Unidad de Neonatología del Materno. / Carlos Pardellas

«Tenemos hospitalización, tanto para Cuidados Críticos en la UCI, como para Cuidados Intermedios en niños cuya vida, en ese momento, no está en peligro o no necesitan un soporte muy especial, así como un área de Cuidados Mínimos. Y somos, también, una Unidad que está abierta, todo el día, para los padres», pormenoriza el jefe de Neonatología. «Las familias pueden estar aquí las 24 horas, y venir cuando quieran. Si una madre desea pasar la noche en nuestra UCI con su bebé, la pasa sin ningún problema», señala el doctor Fernández Trisac, consciente de que «en las unidades abiertas», como la que él coordina en el Materno, «hay mucha más presencia, mucha más permanencia de las familias», que «también necesitan sus momentos de descanso».

«Yo lo percibo, porque vi la transición de unidades de Neonatología más cerradas, a ser una unidad abierta las 24 horas. Se gana mucho en confianza», subraya el jefe de la Unidad de Neonatología del Materno, un servicio asistencial que ronda los «700 ingresos anuales, entre las diversas zonas de atención», y que atiende a «entre 20 y 30 recién nacidos grandes prematuros» cada año.

Actividad asistencial

«En los últimos ejercicios, nos movemos en esas cifras. 2025 lo cerramos con 23 grandes prematuros, que ingresan todos en la UCI. También atendimos a más de 20 niños con cardiopatías críticas en el periodo neonatal durante el último año, muchos de ellos, de otras áreas sanitarias. Cuando hay un diagnóstico prenatal, que es la mayoría de las veces, ya tenemos engranado a todo el equipo, de manera que la familia se desplaza hasta A Coruña para que el bebé nazca en nuestro hospital. Es mucho mejor hacerlo así ya que, a veces, se precisa atención desde el primer momento. Nacen aquí, vienen aquí los días periparto (en que se espera que pueda producirse el parto)... Contamos, desde hace años, con la colaboración de la Fundación María José Jove, cuyo Hogar de Corazones [programa que ofrece alojamiento gratuito a familias de niños con cardiopatías infantiles o prematuros ingresados en el Materno] nos facilita mucho todo eso. Ahora tenemos en la Unidad a unos padres de fuera de A Coruña que se están beneficiando de ese recurso porque tienen a su hija prematura aquí», apunta el jefe de la Unidad de Neonatología, en cuya UCI permanecían ingresados, este miércoles, «tres grandes prematuros», entre ellos, «una niña que nació en el límite de la viabilidad, a las 24 semanas» de gestación.

"2025 lo cerramos con 23 grandes prematuros, que ingresan todos en la UCI. También atendimos a más de 20 niños con cardiopatías críticas en el periodo neonatal durante el último año, muchos de ellos, de otras áreas sanitarias. Cuando hay un diagnóstico prenatal, que es la mayoría de las veces, ya tenemos engranado a todo el equipo, de manera que la familia se desplaza hasta A Coruña para que el bebé nazca en nuestro hospital. Es mucho mejor hacerlo así ya que, a veces, se precisa atención desde el primer momento", apunta el doctor Fernández Trisac

«En un gran prematuro, las primeras horas son las más críticas. Después, los primeros días. Y, a veces, todavía hay complicaciones en las primeras semanas», admite el doctor Fernández Trisac, quien especifica que, «a medida que baja la edad gestacional, aumentan las complicaciones y la mortalidad». «Con 24 semanas se puede sobrevivir, y hacerlo de una manera razonablemente buena, bien, prácticamente normal, pero también puede haber más secuelas en esta edad gestacional que en etapas posteriores, y algunos no sobreviven. Nosotros estamos aquí para ayudar a las familias a entender como ‘viable’ un recién nacido que, con ayuda, podría sobrevivir. Pero hay un ‘límite gris’ en el que, incluso con toda la ayuda que pongas, no se podría sobrevivir. Y depende: hay niños de 23-24 semanas de gestación que se comportan de una manera llamativamente mejor que otros con más semanas que parecen más inmaduros. Cada prematuro es distinto, incluso en embarazos gemelares. Y tampoco tienen nada que ver las circunstancias que llevan a la prematuridad. En las menores edades de gestación suelen ser problemas de infecciones o rotura de bolsa, mientras que, en edades un poco más tardías (30, 31, 32 semanas...), ya hablamos más de problemas maternos asociados a estados hipertensivos del embarazo, preeclampsia, etc.», refiere.

Dos profesionales atienden a un bebé en el área de Cuidados Mínimos de la UNidad de Neonatología del Materno.

Dos profesionales atienden a un bebé en el área de Cuidados Mínimos de la Unidad de Neonatología del Materno. / Carlos Pardellas

«Y luego —prosigue—, puede haber niños prematuros por accidente. Imagina una mujer embarazada, en la semana 24 de la gestación, que está perfectamente bien, sale a la compra y tiene un accidente de tráfico. Ese niño, en ese momento, no tenía ningún dato de alarma para pensar que fuese a nacer ese día, con lo cual es terriblemente más inmaduro que uno que procede de un embarazo ya complicado, con amenazas de parto y en el que, de alguna forma, también la naturaleza prevé que se pueda nacer antes de tiempo. Es muy curioso», comenta el jefe de la Unidad de Neonatología del Materno, en cuyas instalaciones son atendidos «niños cardiópatas y prematuros», pero también pequeños «con infecciones graves, o un recién nacido que ingresa con una meningitis en las primeras semanas de vida».

«Aunque el grueso de nuestra asistencia son recién nacidos prematuros y cardiópatas, hay otros muchos problemas que se presentan, también, en los primeros días y semanas de vida», apunta el doctor Fernández Trisac, acerca del perfil de los pacientes que ven en un servicio asistencial donde, hace hincapié, se intenta «no separar de su familia a los niños salvo cuando es imprescindible». «Cuanta más presencia familiar hay con los recién nacidos hospitalizados, mejor es su pronóstico. La familia no está aquí como una visita. Son tratamiento», remacha.

Humanización «en el ADN»

Concuerda absolutamente con él Loli Eiriz, enfermera y supervisora de la Unidad de Neonatología del Materno, quien reivindica «la incorporación de los padres a los cuidados de sus hijos» como el «avance más destacado» de los últimos años en esos servicios asistenciales, algo que, subraya, «está más que estudiado y publicado». «Son parte del equipo», remarca, antes de explicar que, «aunque el vínculo materno-filial o paterno-filial comienza a desarrollarse en el embarazo», se «completa, y acaba de desarrollarse, cuando nace» el bebé.

«Por eso es muy importante que nosotros, desde el principio, trabajemos ese vínculo: que esa madre y ese padre se sientan madre y padre», señala Eiriz, quien incide en que «los padres no pueden ser visitas ni meros espectadores de lo que está pasando, porque son los protagonistas». «Los protagonistas de su historia y de la historia de su hijo. Pase lo que pase», destaca.

Loli Eiriz, enfermera y supervisora de la Unidad de Neonatología del Materno, reivindica «la incorporación de los padres a los cuidados de sus hijos» como el «avance más destacado» de los últimos años en esos servicios asistenciales, algo que, subraya, «está más que estudiado y publicado». «Son parte del equipo», remarca, antes de explicar que, «aunque el vínculo materno-filial o paterno-filial comienza a desarrollarse en el embarazo», se «completa, y acaba de desarrollarse, cuando nace» el bebé. «Por eso es muy importante que nosotros, desde el principio, trabajemos ese vínculo: que esa madre y ese padre se sientan madre y padre», señala

«Los servicios de Pediatría, en general, y la Neonatología, en particular, más que a pacientes, atendemos a familias», agrega el doctor Fernández Trisac, quien reivindica que «la humanización está integrada en el ADN» de su equipo «desde hace ya unos cuantos años». «Una de las últimas cosas que hicimos fue incorporar unas habitaciones familiares. En una situación de pre-alta, cuando un niño ha estado críticamente enfermo, grave, lleva con nosotros dos o tres meses, ha sido operado del corazón o ha pesado 600 gramos al nacer, los miedos que tiene la familia para irse a casa son importantísimos. En esas habitaciones pueden pasar unos días (pocos, no más de dos o tres) como si estuviesen en su casa, con el niño, sin ningún tipo de monitor ni soporte, salvo que lo necesite. Intentamos reproducir las condiciones que tendrían en su hogar para que vean un poco qué se van a encontrar allí. Así esa transición es mucho más llevadera», sostiene el jefe de Neonatología, quien recalca que, «durante la hospitalización» de sus pequeños en la Unidad de Neonatología, las familias tienen también a su disposición una «escuela de padres», donde se llevan a cabo «muchas actividades, algunas individuales y otras ya más grupales».

Una incubadora en la UCI de la Unidad de Neonatología del Materno.

Una gran prematura, en una incubadora, en la UCI de la Unidad de Neonatología del Materno. / Carlos Pardellas

Escuela de padres

«Es una escuela estructurada, con un programa puramente de Enfermería, y esto es algo que me gustaría resaltar, ya que el 95% de la atención recae siempre en las enfermeras. Ellas son el sostén de la hospitalización. En nuestra Unidad, el tema de la humanización es tan fácil porque médicos y personal de Enfermería trabajamos en un equipo muy bien cohesionado y todos en la misma dirección. Yo puedo poner un respirador o unos catéteres a un niño en el ombligo cuando pesa 600 gramos, o decir qué medicamentos pueden solventar sus problemas, pero eso no serviría para nada sin un trabajo de enfermería permanente, constante», reitera el doctor Fernández Trisac, a lo que Loli Eiriz añade: «Tenemos un programa definido para los padres de grandes prematuros, que incluye diferentes sesiones formativas: les presentamos la Unidad, hablamos de la prematuridad y abordamos los cuidados. En esta sesión, ya les decimos en qué cosas van a poder participar (si quieren) en la atención de sus hijos. Hay dos cuidados ‘estrella’ que las mamás y los papás pueden hacer por sus hijos: la lactancia materna y el piel con piel. Y cuanto más tiempo, mejor».

Reconoce el doctor Fernández Trisac que su "mayor satisfacción" es "ir por la calle", encontrarse "a unos padres con su hijo, ver que está bien y saber que has podido contribuir algo a que esto sea así". "También tengo el recuerdo de muchas familias a las que has intentado ayudar y las cosas no han salido tan bien, o cuyos hijos no sobreviven a pesar de que todos lo hemos intentado», refiere este especialista, «con 30 años» de vivencias en la Unidad de Neonatología del Materno a sus espaldas, quien recuerda como, «al principio, cuando un bebé fallecía», los padres «pedían explicaciones». «Ahora, cuando esto sucede, en general, las familias nos dan las gracias porque, al ser una Unidad abierta, han estado con nosotros durante todo el proceso y saben que hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos», expone

Ya en un plano más personal, reconoce el doctor Fernández Trisac que su "mayor satisfacción" es "ir por la calle", encontrarse "a unos padres con su hijo, ver que está bien y saber que has podido contribuir algo a que esto sea así". "También tengo el recuerdo de muchas familias a las que has intentado ayudar y las cosas no han salido tan bien, o cuyos hijos no sobreviven a pesar de que todos lo hemos intentado», refiere este especialista, «con 30 años» de vivencias en la Unidad de Neonatología del Materno a sus espaldas, quien recuerda como, «al principio, cuando un bebé fallecía», los padres «pedían explicaciones».

«Ahora, cuando esto sucede, en general, las familias nos dan las gracias porque, al ser una Unidad abierta, han estado con nosotros durante todo el proceso y saben que hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos», expone el jefe de Neonatología, sin «más que buenas palabras» para esas familias, remarca, antes de reiterar cuál es el mayor trofeo para su equipo: «Ver subirse a un tobogán a un niño al que tuviste con 700 gramos, con un respirador y con las dudas de hacia dónde iba a ir. Y que te sonría. Esta es nuestra mejor recompensa».

«Paso con mi bebé el tiempo que quiero y me voy a casa tranquila porque sé que está en buenas manos»

«La primera vez que vi a Mateo fue en una foto que me trajo su padre. Lo vi muy rojito, muy de decir: ‘Dios, no eres nada...’. Pero vi una foto en la que estaba agarrándole el dedo. Entonces, pensé: ‘Bueno, puede salir bien», resume Jennifer Sánchez, vecina de Arteixo, de 31 años, al recordar cómo vivió la llegada de su primer hijo, nacido «en la semana 29 de gestación, con un kilo y 50 gramos de peso» e ingresado, desde entonces, en la UCI de la Unidad de Neonatología del Materno, donde tendrá que permanecer, «más o menos, hasta la fecha en la que hubiese finalizado el embarazo».

«Hoy tiene 32 semanas, y está bien. Desde que llegó a la UCI, le han estado subiendo la dosis de alimentación, aunque ahora está un poquito estancado. Quieren aumentarle más, pero le está costando asimilar el alimento. ¿Lo bueno? No hemos perdido peso. Así que bien. Vamos poco a poco», explica Jennifer, quien reconoce que «en ningún momento» se le «pasó por la cabeza» que su bebé «pudiese nacer antes de tiempo» .

«Durante todo el embarazo, tuve la tensión alta (estuve con tratamiento) y diabetes gestacional, pero estaba yendo todo bastante bien. Sin embargo, al comenzar el séptimo mes, hubo un día en que llegué a casa y me sentía rara. Me tomé la medicación, pero fue como si no me hiciese efecto. A la media hora, empecé a encontrarme agitada, me miré la tensión y la tenía en 200/130. Me fui a Urgencias del centro de salud y, desde allí, ya me trajeron en ambulancia al Materno donde me miraron y, aunque me confirmaron que el bebé estaba bien, ya me anticiparon que, si no me bajaba la tensión, tendrían que sacármelo porque eso podía perjudicarle. Me dijeron que iban a intentar aguantar todo lo fuese posible, para ver si llegaba a la semana 32 en la barriga, pero quedando ya ingresada», rememora Jennifer, quien, a partir de ahí, permaneció hospitalizada, con monitorización y pruebas constantes.

«La tensión me la miraban cada dos horas, me hacían analíticas todos los días, me daban medicación... Así pasé una semana, hasta que ya noté dolor, me hicieron una analítica y me confirmaron que ‘empezaba a ir mal’. Entonces, me bajaron a Partos y me sacaron ya al niño», detalla.

Desde entonces, Mateo está ingresado en la UCI de Neonatología, para cuyos profesionales su madre tiene solo «buenas palabras». «Puedo ver a mi hijo a cualquier hora y pasar con él el tiempo que quiera, algo que se agradece mucho», subraya, justo antes de acceder a esas instalaciones para estar con su pequeño. «Nunca paso menos de tres horas con Mateo en brazos, por la mañana, por la tarde... Y, aún así, se me hacen cortas», reconoce Jennifer, «muy agradecida», reitera, con «todo el personal del Materno».

«Da gusto entrar y ver que dejas a tu bebé en buenas manos. Cuando vuelvo a casa, después de estar con mi niño, me voy tranquila», asegura.

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