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Las primeras dependientas del Zara de Juan Flórez se despiden de la tienda: «Empezamos a vestir a los niños, después a los niños de los niños y después a los nietos de los niños»

Elizabeth, Mariví y Menchu comenzaron con 15 años en el primer Zara y hoy ven cerrar el lugar que las hizo adultas: un adiós cargado de recuerdos, trabajo duro y un establecimiento que se convirtió casi en una familia

De izquierda a derecha, Elizabeth, Menchu y Mariví, delante del Zara en Juan Florez.

De izquierda a derecha, Elizabeth, Menchu y Mariví, delante del Zara en Juan Florez. / Casteleiro

Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

«Sinceramente, nunca pensé que la iban a cerrar. Ni se me pasó por la cabeza, porque no hace ni un año que se renovó y se volvió a abrir». Son palabras de Elizabeth González, una de las primeras dependientas del primer Zara de la historia, el de la calle Juan Flórez de A Coruña, que se inauguró el 9 mayo de 1975 y que a finales de mes bajará la persiana.

Para ella, el establecimiento no es solo un local comercial, forma parte de su vida: lo vio nacer y ahora lo ve morir. «Fue siempre mi tiendiña de Juan Flórez, ¿qué quieres que te diga?», pregunta resignada. Empezó allí con 15 años, pasó otros 15 entre ropas y perchas y su clausura la resume sin adornos: “Sí, siento pena. La verdad es que sí, siento pena», repite, como si necesitara convencerse.

Zara cierra su histórica tienda de Juan Flórez

Su compañera Mariví Martínez también empezó a los 15 años y estuvo tres décadas en la tienda. Habla con la misma mezcla de pena y resignación. «Para mí es un palo… es una pena», asegura al saber que cerrará.

Menchu Penas, que también empezó con 15 años, ha recibido la noticia casi pegada a una intuición. “Hace unos días pasé por allí con el coche y miré dentro, no había nadie… lo pensé: no tardará en cerrar. Y justo el día siguiente escucho la noticia… fue como una premonición”, cuenta.

«Inditex está donde está gracias a las que empezamos en la tienda de Juan Flórez»

Mariví Martínez

Las tres coinciden en lo esencial: el cierre duele por lo que significa. No se despiden solo de un local, sino de un lugar que las vio crecer y que vio crecer a su clientela. “Empezamos a vestir a los niños, después a los niños de los niños y después a los nietos de los niños”, rememora Elizabeth. “Entonces era una relación cliente y casi amigo”, reconoce.

Mariví llama a eso, “que no volverá a tener ningún Zara”, familia: “Con los clientes éramos una familia, no éramos como ahora, que parecen robots”. Recuerda una clientela exigente en una zona “muy particular”. Y también era una forma distinta de atender: "Tenías que casi besarlas y hacerles mimos. Hoy en día ya no existe eso".

Menchu usa otra expresión, pero llega al mismo sitio: “Para mí el Zara de Juan Flórez tenía el calor humano… éramos como una familia, y eso ya no existe”. Habla de “entrega, de amor” y de un orgullo compartido: “Marcó una época, muy, muy grande… fue algo especial”.

«Esa tienda tenía el calor humano. Éramos como una familia y eso ahora ya no existe»

Menchu Penas

El oficio, en aquellos años, se medía de otra manera. Elizabeth recuerda la naturalidad con la que se estiraban las jornadas: “Si había que quedarse hasta tarde, se quedaba. Entonces no te planteabas el por qué sí o el por qué no». No lo dice como queja, sino como forma de contar cómo era aquel tiempo.

Mariví también lo comenta sin nostalgia impostada: “Trabajamos muchísimo, sin pagarte las horas extras y te tenían allí hasta la una”. Menchu lo compara con las nuevas generaciones: “Ellas llegaron y ya lo tenían hecho. Nosotras tuvimos que hacer todo desde abajo: escaparates, planchar, descargar camiones y hacer horas sin pagar”. “Fuimos parte de ese éxito. Inditex está donde está gracias a las que empezamos en Juan Flórez». Lo dice Mariví sin épica, recordando el esfuerzo.

Si el local quedara vacío y les dejaran entrar una última vez, también ahí se dibujan tres miradas. Elizabeth no escogería un rincón: “Miraría toda la tienda y pensaría en la época que he estado en ella que fue muy buena”. Mariví iría a la zona de niño, “hasta donde están los probadores”, porque hay “recuerdos que no se te van a olvidar”. Menchu se buscaría en su sitio: “En la sección de señora y en los probadores”.

«Sinceramente, nunca pensé que la iban a cerrar. Fue siempre mi tiendiña de Juan Flórez»

Elizabeth González

En su memoria, la tienda también fue un aprendizaje emocional. Elizabeth lo explica con humor: “Las dependientes de comercio somos muy buenas psicólogas. A las clientas no las puedes tratar igual a todas”. El Zara de Juan Flórez fue escuela, familia y escenario de aprendizaje. «Significó cariño, significó aprendizaje, significó compañerismo», resume. Y también clientas: «Hay clientas que son unas repugnantes, pero hay otras que son adorables, casi de la familia».

El cierre no es solo el final del primer Zara. Para Elizabeth, es cerrar una etapa vital: «Yo siempre digo que fui una privilegiada. Empezamos a trabajar en una buena empresa, que miraba por los trabajadores». Para Mariví, es despedirse de una parte de sí misma. Y para las tres, aunque lo digan con palabras distintas, es lo mismo: desaparece el lugar donde dejaron de ser niñas y aprendieron a ser adultas.

Ahora, el cierre coloca un punto final donde ellas ponen una vida entera. Mariví, que se queda sin palabras, aun así lo intenta: “Aprendí mucho ahí… Aprendí mucho”. Menchu elige dos: “Agradecimiento… siempre”. Y Elizabeth vuelve a su tienda como quien vuelve a casa: “Mi tiendiña de Juan Flórez”.

Cuando a finales de mes baje la persiana, no solo se irá un rótulo histórico. Se quedarán dentro las voces de unas quinceañeras que crecieron entre clientas, perchas, cajas y probadores. Las que aprendieron a trabajar, a tratar a la gente, a resistir jornadas largas, a hacer de una tienda una pequeña familia y a poner las bases de lo que ahora es Inditex. Esa sensación, pese a que caiga la persiana, no se olvida, se queda para siempre en la memoria.

Elizabeth, Menchu y Mariví ojean un libro que se editó cuando la tienda de Juan Flórez cumplió los 25 años

Elizabeth, Menchu y Mariví ojean un libro que se editó cuando la tienda de Juan Flórez cumplió los 25 años / Casteleiro

«La tienda de Zara de Juan Flórez era la niña mimada de Amancio Ortega»

Elizabeth González habla de Amancio Ortega con la naturalidad de quien lo conoció cuando aún no era un nombre mundial. Para ella siempre fue y será «el señor Ortega». Recuerda que aquella primera tienda de Juan Flórez era especial: «Era la niña mimada de Ortega. Siempre decía: tocar las tiendas que os dé la gana, pero Juan Flórez es intocable». No lo dice como privilegio, sino como símbolo de que era su primera tienda y tenía un valor sentimental.

Elizabeth insiste en la idea de cercanía. «Empezamos a trabajar en una empresa que miraba por los trabajadores», resume. Y añade algo que repite varias veces: «Si te podía ayudar Amancio Ortega, Dios mío querido, lo que fuera. Si él te podía ayudar, ten por seguro que ibas a tener su ayuda».

Menchu Penas añade el capítulo de los detalles cotidianos. Dice que, aunque trabajaban "mucho" y no les pagaban las horas, también había gestos que no se olvidan como cuando Amancio les daba "mil pesetas para gastar”.

Y Elizabeth también compara épocas. Cree que Inditex salió adelante por el tipo de gente que empezó con él: «Si tuviera que empezar Amancio Ortega ahora con el tipo de dependientas que hay ahora, no llegaba a lo que está». Lo dice con respeto, tras aclarar que no quiere ofender a nadie, pero convencida de que aquella generación fue clave.

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