El Mercado de San Agustín busca nuevas caras: "Aquí hay sitio para crecer, pero la gente de fuera no lo ve"
Los placeros actuales aspiran a una plaza con nuevos puestos que combinen las pescaderías de siempre con vinotecas, obradores y nuevos servicios del siglo XXI

CARLOS PARDELLAS
"El mercado de San Agustín es, probablemente, el espacio con mayor potencial desaprovechado en A Coruña", asegura Ángela Barrán, presidenta de la asociación de placeros del mercado. Entre puestos abiertos y otros que bajaron la persiana con la jubilación de sus dueños, los placeros repiten una idea: "Aquí hay sitio para crecer, pero la gente de fuera no lo ve". El último concurso municipal para cubrir los 11 puestos vacíos dejó un dato revelador. Solo se presentaron quienes ya trabajaban en el mercado. Nadie nuevo dio el paso. No por falta de opciones, según quienes levantan la persiana cada día, sino por desconocimiento y por las dificultades que encuentran quienes quieren emprender dentro. Ahora hay un nuevo plazo con puestos a concurso para que lleguen nuevos placeros.

El Mercado de San Agustín con varios puestos vacios / CARLOS PARDELLAS
Ángela Barrán remarca que la plaza tiene margen para atraer negocios que ahora no existen. "A nadie se le ha ocurrido que en esta plaza hace falta un puesto de congelado", explica. También menciona ideas como una vinoteca, un puesto de café e infusiones a granel o una mantequería especializada. "Son cosas que siempre hubo en una plaza y que ya no las hay". Para ella, el potencial del mercado no se limita a la alimentación tradicional. Cree que algunos locales podrían destinarse a servicios que generen movimiento diario. "Un puesto de arreglos de costura, una consigna de paquetería, recogida de paquetes… Son negocios que no existían hace dos años y ahora sí, habrá que avanzar". Su petición resulta clara: "Si alguien viene con una idea buena y cree en ella, hay que darle una oportunidad. Es mejor un local ocupado que uno cerrado". También subraya una ventaja clave frente a la calle. "Los puestos en el mercado son más asequibles que cualquier local de fuera, por 890 euros tienes tu puesto para montar algo atrayente", explica.
Desde la cooperativa A Parva, Ángela Casal pone el foco en el valor humano que ofrece la plaza. "No es lo mismo comprar fruta o tomar un café con alguien que te conoce y que habláis, que hacerlo en un sitio donde cada día hay una persona distinta. Por eso nosotras vinimos hace cinco años, para intentar renovar el mercado". Defiende un consumo más cercano y consciente, y cree que hay emprendedores que encajarían en esa filosofía si conocieran mejor las condiciones: "Aquí es muy barato abrir un negocio y mucha gente no lo sabe, no saben el potencial que hay".

Ángela Barrán en la plaza de San Agustín / CARLOS PARDELLAS
Otra placera que acaba de conseguir un puesto mejor situado lo explica con una imagen sencilla. "Si hay pocos puestos abiertos, viene poca gente. Si viene poca gente, la gente no abre nuevos puestos. Es la pescadilla que se muerde la cola", asegura. A su juicio, llenar los huecos vacíos cambiaría la percepción del mercado y "atraería más público". Asegura que existen personas interesadas, pero que a menudo no pueden adaptar los espacios a sus proyectos. "Tiene que haber más libertad para montar lo que el público requiera. Si nadie quiere abrir una frutería, pues que cambien la licitación a otra cosa para la que haya demanda", sostiene.
"No hay gente interesada en nuestro trabajo"
Carlos Iglesias, que asumió la titularidad del puesto familiar este año, Pescados David, resume el problema desde otro ángulo. "No hay gente interesada en nuestro trabajo, aquí hay que madrugar mucho y es un trabajo sacrificado", asegura. Su familia llevan más de cuarenta años en la plaza. A él le gusta el oficio y el trato diario, pero percibe que las nuevas generaciones no se plantean esta salida laboral. A pesar del horario limitado a la mañana, Barrán asegura que "si muchos puestos se unen para abrir por la tarde, no habría problema". Mari Carmen, que dejó una oficina para ponerse detrás del mostrador, también defiende el potencial del mercado: "Hay más variedad, más movimiento. Es un mercado especial". Cree que muchas personas no valoran que aquí el cliente ya entra con intención de compra y puede descubrir nuevos productos. "Cuanta más variedad mejor", apunta quien teme que si no llega nadie nuevo pueda "cerrarse el mercado".

El Mercado de San Agustín / CARLOS PARDELLAS
Entre todos dibujan la misma escena. Un mercado "con historia, clientela fiel y espacios disponibles". Un lugar donde los costes resultan asumibles, donde los negocios se apoyan entre sí y donde todavía hay margen para innovar sin perder la identidad. Barrán, que asegura que ella es el claro ejemplo de lo que necesita el mercado, acaba de renovar con un proyecto que combina tradición y novedad. Mantiene la venta clásica de pescado y marisco, pero añade un pequeño obrador para ofrecer elaboraciones listas para llevar. "Se trata de ir un paso más allá sin perder la esencia de siempre", explica. Su propuesta nace del convencimiento de que el cliente busca calidad y comodidad: "Prefieren ver cómo se prepara el producto de siempre". Por eso apuesta por platos hechos de forma artesanal, en pequeñas cantidades y con recetas tradicionales. Con un modelo, que como la pescadera explica, refleja al Mercado de San Agustín: "Cercano, especializado y con trato directo".
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