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O Castrillón teme perder su propia identidad: "Dentro de poco desaparecerán los trabajadores, estará todo por las nubes"

La construcción de pisos de alto coste y la falta de aparcamientos públicos son dos de los problemas que preocupan a los habitantes del barrio que, según explican sus vecinos, es una zona ideal para vivir por su tranquilidad y red vecinal

Vecinos de O Castrillón opinan del barrio

Inés Vicente Garrido / Iago López

A Coruña

"Aquí somos todos obreros, albañiles, mecánicos... gente trabajadora. En el momento en que venga gente con un nivel adquisitivo alto, subirá todo y la gente humilde saldremos perdiendo", explica Jaime Santos, un vecino de O Castrillón que teme perder la sensación de barrio de la que goza esta zona de A Coruña tras la llegada de la construcción de nuevos edificios. El barrio se reivindica como un barrio trabajador. No busca la perfección estética, sino la utilidad de lo cercano y la fuerza de su red vecinal. Para quienes viven allí, la zona es un refugio de tranquilidad familiar que, sin embargo, empieza a mirar con recelo el horizonte. La construcción de pisos de alto coste y el repunte de incidentes vandálicos generan un debate entre la nostalgia del pasado y la incertidumbre de un futuro que se encarece por momentos.

Lo mejor de O Castrillón, coinciden sus habitantes, no son sus edificios, sino el "buen rollo" de su gente. Alexia Caneiros, residente desde hace doce años en O Castrillón, destaca esa red invisible que sostiene el día a día: "Lo mejor es que hay gente de barrio y hacemos mucha vida vecinal. Tú bajas en cualquier momento a la calle y siempre vas a tener a alguien conocido, siempre va a haber un amigo. Todos nos conocemos y todos sabemos ubicarnos". Para ella, es una sensación de "comunidad abierta" donde todos saben ubicarse y ayudarse. Nicolás Morgado, que se mudó recientemente desde O Ventorrillo, ratifica esa calma: "Es una zona muy tranquila; ves a los niños jugando y a la gente paseando por la plaza, hay muy poco movimiento de coches y se agradece". Aunque el joven coruñés admite que el barrio "carece de tiendas de ropa o tecnología", valora el comercio local para el día a día.

Nicolás Morgado, vecino de O Castrillón

Nicolás Morgado, vecino de O Castrillón / Iago Lopez

Esa identidad se forjó en las calles, a veces de manera literal. Xoán Cardelle, vecino desde 1978 y antiguo activista vecinal, es muy crítico: "Veo el barrio bastante mal". Xoán recuerda con nostalgia los años de lucha y manifestaciones: "Habíamos hecho protestas con calderos, fuimos a la fuente de Cuatro Caminos a hacer cortes de tráfico, hicimos manifestaciones... para lograr mejorar, pero después la cosa quedó muy parada. Entonces se avanzó mucho, pero ahora veo que la gente no lucha para que O Castrillón siga adelante". Señala un aumento del vandalismo gratuito, como la rotura de espejos, cristales y robos. También reclama aparcamientos públicos de pago para aliviar el "colapso de las calles" y una mejora de las instalaciones públicas además de una "mejor comunicación en transporte".

Xoán Cardelle, vecino de O Castrillón

Xoán Cardelle, vecino de O Castrillón / Iago Lopez

La mayor preocupación que sobrevuela las conversaciones entre los vecinos es el encarecimiento de los pisos. El contraste es total: mientras familias jóvenes como la de Alexia han logrado asentarse en la zona, los nuevos precios elevados expulsan a los trabajadores. "Miramos un edificio que están construyendo y los pisos sobre plano están en 500.000 euros; me parece una barbaridad", denuncia Nicolás. Jaime, que conoce bien la zona, advierte de las consecuencias sociales: "Dentro de poco desaparecerán los trabajadores, estará todo por las nubes". La situación del alquiler no es mejor. Jaime es tajante al respecto: "Olvídate de encontrar algo barato, está disparado. Si antes pedían 600 euros, ahora te piden 800 por pisos pequeños que no valen esas cantidades". Alexia se considera "afortunada" por haber comprado hace tiempo, pero reconoce que para quien llega nuevo al barrio "se le está complicando mucho el asunto".

A pesar de la paz que perciben los recién llegados, los veteranos señalan puntos negros que empañan la rutina. Jaime Santos reclama una mayor disuasión policial: "Tiene que haber más policía circulando, que se vea que hacen guardias. Muchas veces hay jeringuillas en el parque de niños y cerca del cementerio y hay que estar llamando la atención, porque cualquiera puede cogerlas o hacerse daño". Alexia coincide en que, aunque hace un par de meses la situación con la droga era "más chunga", todavía se encuentran restos en los parques: "Es un alivio que ahora esté más tranquilo, pero siempre podría ir mejor, como todo. Esperemos que no vuelvan esos incidentes".

Alexia Caneiros, vecina de O Castrillón

Alexia Caneiros, vecina de O Castrillón / Iago Lopez

El mantenimiento urbano es otra asignatura pendiente en O Castrillón. Para Xoán, el vandalismo ha crecido en los últimos años: "Cada vez hay menos seguridad. Hace un par de semanas rompieron todos los cristales de los coches, sin robar nada". Además, el histórico problema del aparcamiento sigue sin solución. "Pediría más aparcamientos públicos, aunque sean de pago. Necesitamos dejar los coches en algún lado", reclama, mientras Alexia bromea sobre la dificultad de encontrarlos: "No sé de dónde los van a quitar, pero sería genial que alguien lo discurriera".

La plaza Pablo Iglesias es una de las más reconocidas de la zona y, aunque con un buen aspecto, los vecinos reclaman mejoras. "Tendrían que seguir mejorando, hay que reformarlo un poco, en especial el suelo", asegura Jaime. "Los padres pedimos una mejora de la iluminación; ahora de noche es un castigo ir con los niños al parque, porque los pierdes de vista en cinco segundos y como no ves, pues adivina donde están", asegura Alexia, vecina y madre de familia.

Jaime Santos, vecino de O Castrillón

Jaime Santos, vecino de O Castrillón / Iago Lopez

El futuro de O Castrillón se debate ahora entre el deseo de crecer y el miedo a perder la identidad. Mientras Alexia ve el crecimiento con buenos ojos porque, según ella, "cuanto más crezcamos, más se avanza", Jaime teme que en diez años el barrio sea irreconocible y se pierda "lo bueno que tiene la zona". Por su parte, Xoán se muestra escéptico: "Imaginar cómo va a salir este barrio a delante es muy difícil. No se está avanzando, lo veo todo muy negro". Lo que todos tienen claro es que O Castrillón quiere seguir siendo ese lugar cómodo, con el Chuac y el centro cívico a mano, pero sobre todo, un lugar donde el vecino siga siendo el protagonista.

"Si el barrio evoluciona, que evolucione con todo"

Desde la asociación de vecinos de O Castrillón, Ramiro Otero, defiende al barrio como una zona «normalizada dentro de la ciudad», con una vida cotidiana marcada por el trabajo y la convivencia vecinal. «Somos un barrio de trabajadores, con una vida acorde a los tiempos que vivimos», resume. El comercio de proximidad es uno de los pilares del barrio. Otero destaca que O Castrillón cuenta con «tiendas y servicios suficientes para el día a día», además de parques y espacios públicos pensados para el disfrute de los más pequeños durante todo el año. «Son espacios accesibles y en buenas condiciones, dentro de un estándar normal», señala, aunque reconoce que siempre existe «margen de mejora». En materia de movilidad, la asociación pone el foco en la orografía del barrio. Las pendientes y la configuración del entorno hacen necesaria una mejora de la accesibilidad. «Es uno de los aspectos donde habría que avanzar bastante», apunta Otero, especialmente pensando en las personas con más dificultades de desplazamiento.

La vivienda aparece como una de las principales preocupaciones. El representante vecinal subraya que el acceso tanto a vivienda social como al alquiler atraviesa dificultades similares a las del resto de la ciudad. Además, recuerda que O Castrillón acogerá nuevos proyectos residenciales, una expansión que deberá ir acompañada de servicios públicos suficientes. «Será necesario adaptarse con centros de salud, colegios e institutos, mejoras considerables. Está claro que si el barrio evoluciona, tiene que evolucionar con todo lo que le rodea», advierte. Sobre las debilidades del barrio, Otero menciona el deterioro de algunos espacios concretos. Frente a ello, destaca como principal fortaleza la convivencia. «Somos un barrio tranquilo y seguro», afirma, con la vista puesta en «un futuro positivo».

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