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Este histórico local del Agra cierra sus puertas tras 44 años: "Me llevo el cariño de la gente. Eso no se jubila nunca"

El negocio, que comenzó como tienda de pinturas, liquida sus últimos tesoros de cara a su clausura a principios de mayo

La propietaria del local, María Helena Piñeiro, junto a su mercancía.

La propietaria del local, María Helena Piñeiro, junto a su mercancía. / Casteleiro.

Existe un pequeño rincón en el Agra que aún guarda reliquias del pasado. En él pueden encontrarse antiguas colonias de La Maja, botes de La Joya ya descatalogados y algún frasco de Maderas de Oriente, la fragancia que fuera sensación entre las jóvenes de los años 80.

Más de una aún se recuerda cruzando las jambas para reponer su barra de labios y acompañarlo de algún capricho en forma de bisutería. "Lo mejor de mi trabajo han sido los clientes, muchos han entrado siendo niños y ahora vienen con sus hijos", dice María Helena Piñeiro, que cerrará definitivamente las puertas de su negocio en Fuente Álamo a principios de mayo.

Tomar la decisión de ponerle punto y final a la Perfumería Piñeiro, dice, no ha sido fácil, pero "ya era hora de cerrar esta etapa" y empezar la jubilación. Lleva, de hecho, postergándolo desde el año pasado, cuando alcanzó la edad necesaria para retirarse. "Tenía mucha mercancía en tienda y también guardada. Como había que darle salida, el tiempo fue pasando y aquí sigo", explica entre risas.

Cuando se le pregunta por el momento del cierre -ese en el que bajará por última vez la persiana-, le cambia el semblante y se emociona. "Me da pena. Nunca he sentido que viniera solo a trabajar. Me gustaba ayudar, aconsejar, preparar un regalo especial o ver la ilusión de alguien al encontrar lo que buscaba. Más que clientes, han sido vecinos, amigos y casi familia. Sin ellos, esta tienda no habría durado tanto tiempo", dice.

Casi medio siglo de la Perfumería Piñeiro, el referente de la cosmética en el Agra

La perfumería Piñeiro, con su dueña.

La perfumería Piñeiro, con su dueña. / Casteleiro.

Aunque dé pie a las confusiones, la Perfumería Piñeiro no se llama así por su actual propietaria. El negocio comenzó siendo de su esposo, con el que comparte el apellido, que se la adquirió a un comerciante como tienda de pinturas. "Yo estaba preparando unas oposiciones, pero nos presentamos los dos a un puesto de trabajo y le eligieron a él. Entonces me puse al frente de la tienda sin tener ni idea y tuve que ponerme a conocerlo todo", recuerda.

Cuando tomó las riendas del establecimiento, el local ya había empezado a transformarse en droguería, pero María Helena quiso darle su "toque". Empezó a introducir las cosas que le gustaban, "como cosméticos, colonias, bisutería y regalos", productos "que la gente demandaba" y que le permitieron sentirse cómoda durante su casi medio siglo tras el mostrador.

De todos esos años, recuerda con especial cariño las épocas navideñas, cuando los clientes se agolpaban en esta mítica perfumería de A Coruña para dar con el detalle perfecto que poner bajo el árbol. María Helena siempre los envolvía "con mucho cariño", para que "quien lo recibiera quedara satisfecho", y aprovechaba para hacer una de las cosas que más le gustan de su trabajo: hablar y escuchar a la gente, que se desplazaba expresamente desde puntos como Arteixo o Los Rosales para comprar en su tienda.

El secreto para resistir 40 años

En un momento en el que A Coruña continúa perdiendo su pequeño comercio, permanecer tantas décadas en pie es un pequeño milagro. Para la propietaria de la Perfumería Piñeiro, la clave para durar es "atender bien a la gente" y "que te guste lo que haces", pero también "buscar artículos distintos y renovar con frecuencia".

Por eso, ella acudía religiosamente a las ferias de Madrid, tanto para encontrar nuevos productos como para rescatar joyas ocultas. "Si veía que algo se iba a descatalogar, compraba varias cajas. A veces, las nuevas colonias no eran como las antiguas y la gente siempre venía a mi tienda a ver si daba con ellas", recuerda.

Muchas de esas personas son hoy clientes fijos que lamentan los carteles de liquidación que cuelgan del escaparate. Dice la propietaria que "a la gente le da pena" el cierre, pero que "nadie se anima a quedarse" con esta histórica perfumería del Agra.

Es, lamentablemente, la tónica habitual de un barrio que ha visto cómo sus comerciantes iban echando el cierre sin que se produjesen traspasos. "El barrio ha cambiado muchísimo. Cuando empecé era un barrio muy comercial, con muchas tiendas. Lo echo de menos, pero me siento orgullosa de haber formado parte de su historia".

A finales de abril o principios de mayo -la fecha marcada en rojo es el día 4-, el suyo será otro de los locales que bajen la verja. Dice que se retira "orgullosa, tranquila y muy agradecida" con todo lo que le ha dado su negocio, especialmente con el amor del vecindario. "Si algo me llevo de estos 44 años es el cariño de la gente. Eso no se jubila nunca", asegura.

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