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Los talleres coruñeses de joyería, en «jaque mate» por la subida de la plata

Una pulsera de unos 20 gramos requería a finales de noviembre un desembolso en metal de 30 euros; hoy supera los 60 | Desde el 1 de enero el precio se ha incrementado un 55%

Un trabajador, en el taller de joyas de Ardentia en Bergondo

Un trabajador, en el taller de joyas de Ardentia en Bergondo / Iago Lopez

Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

Los talleres de joyería de A Coruña viven el momento de mayor tensión económica de los últimos años, superior al de la pandemia. La fuerte y acelerada subida del precio de la plata, metal básico para buena parte de la producción artesanal local, ha colocado al sector ante una presión inédita sobre sus costes, sus márgenes y su relación con el cliente final. No se trata de un repunte puntual, sino de una tendencia que en apenas dos meses ha alterado por completo los equilibrios de muchos talleres.

A finales de noviembre, el kilo de plata cotizaba en torno a los 1.531 euros. El 1 de enero ya se situaba en 1.967 y este miércoles alcanzaba el récord de 3.083. El precio se ha duplicado desde finales de noviembre y ha aumentado un 55% en lo que va de año. El impacto es directo: el gramo ha pasado de 1,53 a 3,08 euros, lo que ha encarecido de forma inmediata cualquier pieza.

Luis González, fundador y máximo responsable de Ardentia, lo resume sin rodeos. «Hace cinco años, un kilo de plata costaba entre 400 y 500 euros; ahora supera los 3.000», explica. El efecto sobre el coste de cada joya es evidente. Una pulsera de plata 925 de unos 20 gramos requería a finales de noviembre un desembolso en metal de algo más de 30 euros; hoy supera los 60. «Eso sin contar mano de obra, diseño, estructura y todo lo que hay detrás», subraya González. «Nosotros no tenemos márgenes enormes, tenemos unos márgenes de taller artesano», insiste.

El contexto internacional explica parte de esta escalada. Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y Europa, con Groenlandia como telón de fondo, han alimentado el temor a una guerra comercial entre socios tradicionales. A ello se suma la incertidumbre generada por el nuevo conflicto abierto por Donald Trump con la Unión Europea y las compras de metales por parte de los bancos centrales. En este escenario, la plata ha actuado como valor refugio y su revalorización solo este año ya supera el 50%.

Para talleres como Ardentia, con taller en Bergondo y tiendas en A Coruña, Santiago y Vigo, el problema no es solo el precio actual, sino la velocidad del cambio. «En la crisis de 2008 la plata subió, pero llegó como mucho a 1.300 euros el kilo. Aquí empezamos en 1.300 y estamos en 3.000. Ahora mismo estamos en jaque mate», afirma González. «Es casi como quedarte sin electricidad: sin plata no hacemos nada», compara.

La alternativa de trasladar todo el incremento al cliente no es sencilla. «Solo nos quedaría subir los precios a un nivel que probablemente muchos clientes no podrían o no querrían asumir, o no tienen todavía la cabeza estructurada para hacerlo», reconoce. «Nosotros no vendemos por precio, vendemos por sensaciones, por una joya hecha aquí, con diseño propio y diferenciación», recalca.

Mientras tanto, el taller trabaja con el material disponible. «Estamos tirando de plata que teníamos y de una partida que conseguí a un precio especial», explica. «Pero comprar hoy diez kilos, que nos sirven para una o dos semanas, supone pasar de 15.000 a más de 30.000 euros», detalla. «Y eso, para un taller artesano, es una losa financiera», reconoce.

Cambiar de material tampoco es una solución inmediata. «Replantear todo el taller llevaría entre cuatro y seis meses, si es que funciona», señala. «No estamos preparados para eso y no sabemos si el mercado lo aceptaría», explica.

El encarecimiento del metal deja a los talleres con muy poco margen de reacción inmediata. «Para nosotros, dejar de trabajar la plata no es una opción ahora mismo», asegura González, que insiste en que cualquier cambio estructural requiere tiempo y recursos. Por ahora, la estrategia pasa por ganar tiempo y observar. «Nos hemos dado un mes para volver a hablar. Hace nada la plata estaba en 2.000 y ya va por más de 3.000», resume.

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