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Los rostros de la excelencia de la Universidade da Coruña: "Desde dentro se hacen cosas muy potentes"

El Día de la Universidad reúne en el Paraninfo a alumnado brillante, profesorado que sigue haciendo historia y trabajadores que se despiden tras décadas sosteniendo la institución

Día de la Universidad en el Rectorado de A Coruña

Día de la Universidad en el Rectorado de A Coruña / CASTELEIRO

A Coruña

Atenea acaba de entrar en la universidad. Sabino termina la carrera. Socorro lleva una vida en ella como estudiante, profesora y ahora catedrática. Juan Álvaro, después de casi 30 años trabajando, vuelve a pisar la institución para recibir el reconocimiento a su esfuerzo. Estas son cuatro de las 287 historias que hoy se juntaron en el Rectorado de la Universidade de A Coruña para celebrar que la excelencia siempre tiene un rostro humano detrás.

El Paraninfo de la Maestranza se llenó este viernes de nervios, abrazos, diplomas y recuerdos en el acto del Día de la Universidad, una celebración que puso nombre y apellidos a la excelencia académica y al compromiso de quienes han dedicado su vida a la institución. Una de esas historias que demuestran la diversidad de la universidad es la de Socorro Castro, que este 2025 fue nombrada catedrática tras más de tres décadas vinculada a la UDC como docente y cuatro previos como alumna. Entró siendo "muy noviña" y todavía recuerda su primer día impartiendo. "Empecé dando clase en una ingeniería donde casi todos eran hombres. Me confundían con una alumna", cuenta entre risas. Lejos de intimidarse, aquella experiencia le "enganchó para siempre".

Socorro Castro, catedrática de la Universidade da Coruña

Socorro Castro, catedrática de la Universidade da Coruña / CASTELEIRO

Profesora del ámbito de la Química, asegura que el nuevo reconocimiento no cambia su forma de trabajar. "Sigo haciendo lo mismo: dar clase e investigar. Lo que cambia es la categoría, pero el compromiso es el mismo". Ha visto crecer la universidad desde aquellos años en los que eran "poca gente y todos se conocían" hasta la institución actual, más grande y compleja. Aun así, defiende el valor de una universidad de tamaño medio. "No somos un monstruo, pero desde dentro se hacen cosas muy potentes. Estoy contentísima de trabajar aquí y de que me reconozcan".

Atenea Adrio, estudiante reconocida con el premio de Excelencia con la mejor nota de acceso al doble grado de ADE y Derecho

Atenea Adrio, estudiante reconocida con el premio de Excelencia a mejor nota de acceso / CASTELEIRO

Casi en la otra punta del camino universitario está Atenea Adrio, recién llegada a las aulas y ya con un reconocimiento bajo el brazo: el premio a la mejor nota de acceso al doble grado de ADE y Derecho, con un 13,65 en selectividad. Detrás de ese número hay constancia, pero también una experiencia que marcó su etapa previa. En primero de Bachillerato se fue a Estados Unidos con una beca de la Fundación Amancio Ortega, y el regreso no fue fácil. "Segundo se hizo duro, pero con esfuerzo se consigue", resume.

Ahora vive sus primeros meses en la universidad entre apuntes nuevos y adaptación a un ritmo diferente. "Al principio cuesta un poco el cambio, pero estoy muy contenta, tanto con el profesorado como con los compañeros". Cuando no estudia, monta a caballo, lee o va al gimnasio. Sobre el futuro, aún no lo tiene cerrado, pero apunta alto: opositar a notarías o trabajar en el ámbito internacional. "Hacer el doble grado abre muchas puertas", dice con naturalidad.

Sabino Aguiar, graduado y reconocido con el Premio Extraordinario

Sabino Aguiar, graduado y reconocido con el Premio Extraordinario / CASTELEIRO

También con diploma en la mano, pero ya con la carrera terminada, estaba Sabino Aguiar, premio extraordinario del grado en derecho. Llegó a A Coruña desde Corcubión y se lleva de la universidad algo más que buenas notas. "Han sido cuatro años muy llevaderos por la compañía. Siempre encuentras gente con la que conectar, ya sea por los estudios o por aficiones", explica.

Su método fue claro desde el primer día: no dejar acumular materia. "Mejor entender bien la base antes de pasar a lo siguiente". Durante la carrera estudiaba varias horas al día, combinando clases y trabajo personal. Ahora prepara oposiciones y encuentra en el deporte una vía de escape. "Entrenar, correr, probar cosas distintas… ayuda a despejar la cabeza". La constancia que lo llevó a recoger el premio es la misma que ahora aplica a su siguiente meta.

Juan Álvaro calvo, jubilado y reconocido por el premio PTXAS jubilado

Juan Álvaro calvo, jubilado y reconocido por el premio PTXAS jubilado / CASTELEIRO

La emoción del acto también tenía forma de despedida. Juan Álvaro Calvo, informático, recibió el homenaje tras 28 años trabajando en la universidad. Su primer día fue, precisamente, en el Rectorado, el mismo lugar donde hoy subió al escenario. "Aquí empezó mi camino con la UDC y aquí he estado recibiendo el reconocimiento", sostiene.

Reconoce que no se esperaba el acto, pero lo vive con orgullo. "Claro que me siento orgulloso, es muy bonito", indica. Aunque ya está jubilado desde septiembre de 2025, no piensa desconectar del todo: "Seguiré pendiente de la universidad". Su historia representa a ese personal que no da clase ni firma investigaciones, pero que resulta imprescindible para que todo funcione. Este viernes la UDC celebró algo más que méritos individuales. Celebró una comunidad diversa, intergeneracional y profundamente unida a una institución que, como recordó el rector Ricardo Cao, tiene en las personas su mayor valor.

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