O Ventorrillo deja atrás sus años más difíciles: "Lo de Penamoa ya pasó hace mucho"
El vecindario destaca la "excelente conectividad" del transporte público y el espíritu colaborador de una zona que ve en Visma el futuro

Inés Vicente Garrido / Casteleiro
O Ventorrillo es, ante todo, un sentimiento de pertenencia. Lejos de la etiqueta de "barrio complicado", sus calles reflejan la actividad constante de una zona obrera que ha sabido evolucionar sin romper con sus raíces humildes. Para quienes lo habitan, el barrio funciona como un refugio tranquilo dentro de la ciudad, un lugar reconocible donde la colaboración vecinal forma parte de la rutina diaria. Aunque persisten algunas sombras en forma de inseguridad puntual, el balance general es positivo. En palabras repetidas por varios vecinos, en O Ventorrillo "no falta nada".
La identidad de barrio se construye, sobre todo, a partir de su gente. Aníbal Rodríguez lo expresa sin rodeos y con orgullo. "Somos los número uno en animación. Después de las fiestas de María Pita, las mejores son las del Ventorrillo", afirma. Destaca la implicación vecinal y la capacidad de organización colectiva. Aunque reconoce que la población ha envejecido, defiende que el espíritu colaborador se mantiene intacto. "Estamos superunidos, el barrio siempre colabora con la organización de eventos, se anima para cualquier cosa, da gusto. La gente colabora y se implica", asegura. Esa cohesión social refuerza un sentimiento compartido de pertenencia y explica por qué muchos vecinos presumen abiertamente de su barrio.

Francisco Bermudez, vecino de O Ventorrillo / CASTELEIRO
Ese mismo vínculo lo percibe Francisco Bermúdez, que a sus 86 años define O Ventorrillo como una "zona muy estable". El vecino desde hace tres décadas, destaca la tranquilidad actual frente a épocas pasadas más difíciles. "Antes sí que era algo peligroso, ahora ya no se ve eso. Ahora es muy tranquilo, sin apenas problemas", sostiene. Para él, la vida en el barrio discurre con normalidad y sin sobresaltos. Habla de una comunidad trabajadora, "en especial familias humildes" que encontraron estabilidad y que hoy viven con calma. “Aquí no falta nada”, repite, en referencia a servicios, comercio y transporte.
Miguel Vieito, que lleva 40 años en O Ventorrillo, comparte esa sensación de continuidad. No percibe grandes transformaciones más allá del crecimiento urbanístico. "Se edificó mucho, pero más o menos está todo igual", explica. Para él, el barrio siempre tuvo un carácter residencial ligado al trabajo. "Es un barrio para gente que trabaja", resume. Describe un entorno formado por matrimonios que fueron cumpliendo años, un entorno de "gente de siempre" donde la rutina de ir a hacer la compra o bajar al bar se vive con total naturalidad.
La seguridad aparece como uno de los temas que generan más matices. Para los veteranos como Francisco, el barrio ha ganado en tranquilidad: "Antes era algo más peligroso, pero ahora no; es muy tranquilo, apenas se ven incidentes". Aníbal refuerza esa idea y recuerda que la etapa más oscura "quedó atrás". "Lo de Penamoa fue una lacra para toda la ciudad, pero eso ya pasó hace mucho", afirma. Asegura que ahora apenas hay incidencias y que O Ventorrillo "se asemeja a cualquier otro barrio de A Coruña".

Miguel Vieito, vecino de O Ventorrillo / CASTELEIRO
Ana Canosa, vecina desde que nació, introduce una mirada más crítica. Recuerda los años ochenta como una época especialmente dura, marcada por la droga y la inseguridad. Después llegó una etapa de calma que, en su opinión, se resintió en los últimos tiempos. "No es exagerado, pero sí que vuelvo a ver alguna cosa", explica. Menciona "bajos ocupados, peleas puntuales" y cierta actividad relacionada con el tráfico de drogas en zonas concretas. Aun así, matiza que se trata de situaciones localizadas y que el barrio sigue siendo habitable y familiar.
Miguel coincide en relativizar esa percepción. "Se habla mucho de inseguridad, pero luego la vida es normal", señala. Asegura que no siente miedo al moverse por el barrio y que, en su experiencia, O Ventorrillo mantiene una convivencia tranquila. "Yo me recojo temprano y no veo problemas por la calle", comenta.
Donde sí existe un consenso claro es en la dotación de servicios. O Ventorrillo funciona como un barrio autosuficiente. "Tenemos el centro de salud, colegios, biblioteca, centro cívico y comercios de toda la vida", enumera Ana. Esa red permite a muchos vecinos desarrollar su vida diaria sin necesidad de salir del barrio. El transporte público refuerza esa comodidad. Varias líneas de autobús conectan la zona con distintos puntos de la ciudad, algo que Aníbal califica como "un privilegio". "Tenemos el 6, el 6A, el 7, el 14, el 22… estamos muy bien comunicados", destaca.

Ana Canosa, vecina de O Ventorrillo / CASTELEIRO
Miguel introduce un matiz práctico. Aunque reconoce la existencia de líneas de bus, considera que algunas conexiones podrían mejorar. "Para ciertos desplazamientos es más fácil el coche", explica, sobre todo cuando se trata de enlaces con la estación de autobuses. Pese a ello, la valoración general del transporte resulta positiva y para Aníbal, se percibe como "una de las grandes fortalezas del barrio".
El futuro del Ventorrillo se vincula directamente con el desarrollo de San Pedro de Visma. Los vecinos esperan que ese crecimiento impulse mejoras largamente reclamadas. Aníbal menciona la necesidad de más zonas verdes, carriles bici y parques infantiles. Confía en que los proyectos pendientes ayuden a revitalizar algunos espacios y a atraer nuevos servicios. Ana pone el foco en los adolescentes, un colectivo que, a su juicio, carece de lugares propios. "Hay parques para niños pequeños, pero a partir de los 12 años no tienen dónde estar", lamenta.

Aníbal Rodriguez, vecino de O Ventorrillo / CASTELEIRO
Pese a las demandas, el tono general no es de queja, sino de expectativa moderada. La mayoría de vecinos no desea un cambio radical, sino "mejoras que refuercen lo que ya existe". O Ventorrillo se percibe como un barrio consolidado, con memoria, identidad y orgullo colectivo. Un lugar que "avanza sin prisas", sostenido por su gente y por una forma de vivir que muchos no están dispuestos a perder.
Todo mejorable pero sin grandes problemas en el barrio
"El Ventorrillo es, ante todo, un barrio trabajador y cómodo para vivir". Así lo resume José Ángel Souto, presidente de la asociación vecinal de O Ventorrillo, que describe la zona como un lugar "tranquilo, con movimiento del día a día, pero sin grandes problemas". Souto destaca la implicación de los vecinos en la vida social. "Intentamos hacer actividades en Halloween, Navidad, verano o eventos deportivos para dinamizar el barrio y unir al vecindario", explica. Las fiestas, asegura, cuentan siempre con mucha participación y figuran entre las "más populares de A coruña".

O Ventorrillo / CASTELEIRO
En servicios, la valoración para la asociación resulta positiva. "Tenemos centro de especialidades, ambulatorio, piscina, colegios, guarderías y zonas verdes. No podemos quejarnos de servicios", afirma. Sobre el transporte, reconoce que "todo es mejorable", aunque el barrio dispone de varias líneas que lo conectan con la ciudad "sin mucho problema". "Ahora mismo tenemos de todo para cubrir las las necesidades basicas", reconoce el presindete.
La seguridad, señala, vive un momento estable. "Puede haber algún robo puntual o pequeño trapicheo, pero nada distinto a otros barrios y sin focos graves", apunta. De cara al futuro, mira a los nuevos desarrollos urbanísticos y ve la llegada de nuevos vecinos con buenos ajos, aunque asegura que "puede generar un impacto importante". "Llegará más gente, eso es evidente, y es bueno para el barrio. Va a ser positivo para todos", valora, aunque muestra preocupación por la altura prevista de algunos edificios en San Pedro de Visma: "Lo que no puede ser es que de ocho plantas que tenemos ahora, hagan edificios de 16 pisos". En cualquier caso, Souto lo tiene claro: "El Ventorrillo es un sitio tranquilo, con servicios y buena convivencia. Estamos encantados de vivir aquí".
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