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Os Rosales busca más vida sin perder la calma: "Para cualquier cosa que necesites tienes que salir del barrio"

Los vecinos de este barrio de A Coruña valoran la seguridad, las zonas verdes y el ambiente familiar de la zona, pero reclaman más comercio, servicios y movimiento para dejar atrás la etiqueta de barrio dormitorio que siguen teniendo

Barrio de Os Rosales.

Inés Vicente Garrido / Carlos Pardellas

A Coruña

Os Rosales mantiene su esencia. Calles amplias, parques con vistas al mar y una rutina marcada por la tranquilidad definen el día a día de un barrio que creció rápido y que ahora se mira a sí mismo con una mezcla de orgullo y resignación. Quienes viven allí desde hace décadas destacan la calidad de vida y la buena convivencia, pero también coinciden en que falta actividad comercial y social. "Es un barrio tranquilo, se vive muy bien, pero le faltan cosas", resume Isabel Meizoso, vecina desde hace 25 años, "cuando el barrio aún estaba naciendo".

Isabel describe una vida de cercanía. "Nos conocemos entre todos, nos saludamos, hay ambiente familiar", explica. En su opinión, el barrio se mantiene estable con el paso del tiempo, aunque con cambios en el perfil de la población. "Antes venía mucha gente solo a dormir, ahora se ven más niños pequeños y más vida por las tardes", señala. Sin embargo, muchos otros vecinos de la zona siguen viendo Os Rosales como "un barrio dormitorio". "La gente hace su vida fuera. Baja al centro para todo, aquí viven y poco más", dice Lorena Vizcaíno, responsable de la tienda de golosinas La Gominola, uno de los negocios veteranos de la zona. María Rodríguez, vecina desde hace 22 años, comparte esa visión. "Aquí se duerme, poco más hay para hacer. Cualquier cosa que necesites ya te tienes que salir", afirma.

Isabel, vecina de Os Rosales

Isabel Meizoso, vecina de Os Rosales / CARLOS PARDELLAS

Isabel considera que es un barrio que resulta cómodo para el día a día: "Tienes supermercados, farmacias, tiendas de siempre. Está bien comunicado". Si piensa en el futuro, pide pequeños cambios que marquen diferencia. "Quizá más cafeterías o sitios donde bajar con los niños a merendar. Algo más de comercio de cercanía", apunta. La misma sensación de calma la comparte Lorena. Su familia abrió el local hace 25 años, cuando el barrio todavía se estaba consolidando. "Esto cambió muchísimo. Antes había más chavales en la calle, más movimiento. Ahora los niños salen menos, vienen al parque, pero no se ve la misma vida", comenta desde el mostrador. Aun así, defiende el carácter del barrio: "Es muy tranquilo. Yo estoy sola muchas veces en la tienda y nunca tuve problemas".

Lorena percibe otro cambio importante en el tejido comercial. "Cada vez hay menos tiendas de barrio como tal. Hay oficinas, clínicas, negocios con la puerta cerrada. Eso no genera movimiento en la calle", lamenta. Cree que el futuro de Os Rosales pasa por recuperar actividad a pie de calle. "Las tiendas son las que hacen que la gente baje, pasee y se encuentre", afirma. Sobre el transporte se muestra más crítica. "Hay pocas líneas y las frecuencias son largas. Tienes que hacer transbordos para muchos sitios", explica.

Lorena Vizcaíno, responsable de la tienda La Gominola en Os Rosales

Lorena Vizcaíno, responsable de la tienda La Gominola en Os Rosales / CARLOS PARDELLAS

Diana Pereda, vecina desde hace dos décadas, pone el foco en el cuidado del espacio público. "Es un barrio acogedor, con buena relación entre vecinos. Muchos somos de la misma generación y nuestros hijos crecieron juntos", cuenta. Sin embargo, considera que el mantenimiento empeoró. "Antes estaba más limpio y más cuidado. Ahora tenemos que llamar muchas veces para que arreglen cosas. Una farola de un parque puede estar semanas rota", señala. Pide más atención municipal: "Nos gustaría sentir que el barrio está mimado".

La falta de mantenimiento se suma a la escasez de servicios concretos que aparece como una de las reclamaciones más repetidas. Diana echa en falta restauración de diario. "No tenemos un sitio donde comer un menú saludable entre semana. Si llegas tarde de trabajar, no tienes opciones reales en el barrio", explica. También menciona la carencia de comercios especializados: "Si quieres una librería, una papelería o ciertas cosas básicas, tienes que salir del barrio". Diana cree que Os Rosales tiene potencial para más. "Hay familias, hay niños, hay parques. Podría ser un barrio donde se consumiera más y se hiciera más vida si hubiera oferta", defiende.

Diana Paredes, vecina de Os Rosales

Diana Pereda, vecina de Os Rosales / CARLOS PARDELLAS

María coincide en esa sensación de carencia comercial. "Aquí no hay nada. Si necesitas algo sencillo, tienes que bajar al centro", afirma con rotundidad. A sus problemas de movilidad se suman las características del terreno. "Las cuestas se hacen duras, sobre todo cuando te haces mayor", dice. Aun así, valora aspectos positivos. "Es un barrio muy amplio, sin contaminación y tranquilo. La seguridad es buena".

La percepción de seguridad resulta uno de los puntos de mayor acuerdo entre los entrevistados. Ninguno habla de conflictos graves ni de incidentes habituales. "Dentro de lo que se oye de otros barrios, aquí estamos muy bien", afirma Isabel. Lorena refuerza esa idea desde su experiencia diaria en el comercio: "Nunca tuve un problema". Diana resume la situación con cautela: "Es un barrio tranquilo, con incidencias normales". Ella utiliza el autobús con frecuencia y detecta un problema que va más allá de Os Rosales. "Las líneas que tenemos son el 3, 3A, 12 y 14. El problema son las frecuencias. A veces el bus viene lleno y no puedes subir. Yo llegué a perder trenes por eso", relata. Aun así, no define la situación como mala, sino "mejorable" dentro de un contexto general de ciudad.

María Rodríguez y su marido, vecinos de Os Rosales

María Rodríguez y su marido, vecinos de Os Rosales / CARLOS PARDELLAS

El acceso a la vivienda, en cambio, genera preocupación. "Los alquileres subieron muchísimo", comenta Isabel. Lorena maneja cifras que escuchó entre clientes y conocidos. "Antes un piso podía costar 450 euros, ahora hablan de 700 u 800. Para una familia es muy complicado asumirlo", señala. La subida de precios no se traduce, según los vecinos, en un aumento equivalente de servicios o vida comercial.

Pese a las críticas, nadie plantea marcharse. La tranquilidad, los espacios verdes y el ambiente familiar pesan más que las carencias. "Lo mejor es la calma y el vecindario", resume Diana. Isabel coincide: "Se vive bien y eso no lo cambio". Os Rosales no busca convertirse en el centro de la ciudad. Sus vecinos piden algo más sencillo: más servicios, más comercio de cercanía y un cuidado constante que acompañe a la vida tranquila que ya tienen.

Calma cotidiana con margen de mejora

Os Rosales vive un momento de "tranquilidad con un claro margen de mejora". Así lo explica Fernando Carrillo, presidente de la asociación vecinal, que dibuja un barrio "tranquilo" y cómodo para el día a día, aunque con "pequeñas carencias" en transporte y mantenimiento urbano. Carrillo defiende que el barrio cuenta con una red comercial "suficiente para cubrir las necesidades básicas". "Tenemos prácticamente de todo", asegura. Menciona ferretería, farmacias, cafeterías, panaderías, escuelas de idiomas, centro de salud, centro cívico y biblioteca. Reconoce, sin embargo, que falta más oferta de restauración. "No hay un restaurante como tal, ni una pizzería", apunta, aunque sostiene que en los bares "se come bien" dentro de una oferta sencilla.

Asociación de vecinos de Os Rosales

Fernando Carrillo, presidente de la Asociación de Vecinos de Os Rosales / CARLOS PARDELLAS

El principal problema que ven desde la asociación es la movilidad. "Las frecuencias de los buses son muy malas", afirma. Confía en que los cambios anunciados mejoren la situación, aunque muestra escepticismo por los retrasos acumulados. El presidente recuerda que Los Rosales nació hace unos 30 años como "un barrio joven, con muchas familias centradas en hipotecas y crianza". "Era más un barrio dormitorio", resume, pero cree que esa etapa cambia poco a poco y que ahora existe "mayor vida en la calle y más consumo en el propio barrio".

Para la asociación de vecinos, lo mejor del barrio es "su gente" y el "entorno verde que lo rodea", además de una distribución urbana que considera cómoda. En el lado negativo sitúa la falta de mejores accesos, la ausencia de carriles bici que conecten con el resto de la ciudad y un mantenimiento municipal que califica de "muy deficiente".De cara al futuro, no prevé una transformación radical en su estructura, más allá de nuevos desarrollos puntuales. Su aspiración es más social que urbanística. "Que la gente se vaya conociendo, apoyando las fiestas y apoyándose unos a otros. Hay que hacer barrio", concluye.

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