Ocdetti Rondón recibió un riñón donado por su marido en A Coruña: "Ya casi éramos uno. Y ahora más"
La endometriosis dañó los riñones de esta venezolana afincada en la ciudad hasta el punto de necesitar ser trasplantada. Lino, su marido, evitó que entrase en diálisis al donarle uno de sus órganos. La suya fue una de las 17 cirugías de ese tipo llevadas a cabo, en 2025, en el Chuac

Ocdetti Beatriz Rondón y su marido, Lino Costantino, tras su trasplante renal, el pasado mes de mayo, en el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac). / Cedida
Aunque a Ocdetti Beatriz Rondón de Costantino y a su marido, Lino Costantino Lugo, les separan más de 1.100 kilómetros, estos días, por circunstancias del trabajo de él, desde el pasado mes de mayo, esta pareja venezolana afincada en A Coruña está más unida que nunca. «Tenemos 19 años de casados ya. Somos uno, prácticamente. Y ahora más, porque tengo una parte de él», resalta Ocdetti, con un tono que entremezcla orgullo, agradecimiento y emoción. Y es que Lino no dudó en ser su donante cuando la endometriosis que padece le dañó los riñones hasta el punto de necesitar ser trasplantada.
«Ni siquiera llegué a entrar en diálisis porque Lino se empeñó en darme un riñón aunque, en un primer momento, yo prefería esperar a que apareciese un donante cadáver, pese a que mi doctora nos insistía mucho en que la donación de un vivo era la mejor opción», expone, acerca de su intervención, uno de los 17 trasplantes renales de donante vivo llevados a cabo en el Hospital Universitario (Chuac), en el último ejercicio.
"La endometriosis es una de las dolencias más fuertes que hay. No sé cómo, a día de hoy, no se le da todavía la importancia que tiene por las consecuencias, de todo tipo, que puede acarrear"
«Perdí mis dos riñones a consecuencia de la endometriosis. Esta enfermedad genera adherencias, como si fuese un ‘pegamento’, prácticamente, que se incrusta en todo lo que está a su paso. Es una de las dolencias más fuertes que hay. No sé cómo, a día de hoy, no se le da todavía la importancia que tiene por las consecuencias, de todo tipo, que puede acarrear», lamenta Ocdetti, diagnosticada «hace ya unos 15 años, más o menos», en su país.
«En mi caso, el tejido se adhirió a las vías urinarias, los tubitos que van desde los riñones hasta la vejiga. Al estar obstruidos, no había ese fluido... Y mis riñones fueron muriendo, poco a poco, hasta que dejaron de funcionar», explica, antes de subrayar que, llegados a ese punto, «gracias a Dios», no tuvo «la necesidad» de dializarse, ya que su marido, «por suerte», era «compatible».
"Al momento de decirme que ya mis riñones no funcionaban, mi esposo prefirió hacerme él la donación, porque nos explicaron que la durabilidad de los órganos de una persona fallecida es mucho menor que la de un donante vivo"
«Al momento de decirme que ya mis riñones no funcionaban, mi esposo prefirió hacerme él la donación, porque nos explicaron que la durabilidad de los órganos de una persona fallecida es mucho menor que la de un donante vivo», prosigue.
El impacto de la diálisis
«Al principio, yo no estaba de acuerdo con su decisión. Para nada. De hecho, le insistía a la doctora en que el riñón que me implantasen fuese de alguien fallecido. No quería que fuese él quien me lo donase, simplemente, por no ponerlo en riesgo. Pero, una vez que me lo dijeron, ya mi esposo no me dejaba ir a las consultas sola, y la doctora siempre especificaba que, obviamente, que me lo donase él iba a ser mejor para mí, ya que el órgano iba a durar más años. La diálisis, además, te desmejora físicamente, en salud, y tantas cosas... Lino no quiso que yo pasase por eso», reitera Ocdetti, antes de detallar cómo fue la recuperación, en ambos casos, después del trasplante.

Médicos, durante un trasplante, en el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac). / V. Echave
La recuperación
«La suya fue mucho más rápida, y ha continuado su vida como siempre. Mi marido nunca ha sido una persona de excesos, ni en comida ni en bebida ni en nada. No tiene vicios de ningún tipo y eso siempre será un punto a su favor, en salud. Lo único es que, antes de que me operasen, le pusieron una dieta bastante estricta. Lo ‘número uno’ era quitarse la sal al cien por ciento, prácticamente, y ya él lo hacía conmigo. Tenemos que mantener una dieta, más o menos, de comida sana», señala Ocdetti, cuya vuelta a la rutina, reconoce, llevó «algo más de tiempo».
"La recuperación de mi esposo fue mucho más rápida, y ha continuado su vida como siempre. Mi marido nunca ha sido una persona de excesos, ni en comida ni en bebida ni en nada. No tiene vicios de ningún tipo y eso siempre será un punto a su favor, a nivel de salud"
«Las recuperaciones de trasplantes todas son bastante diferentes, dependiendo de las patologías con las que venías anteriormente. En mi caso, tardé un poco más en retomar mi rutina porque tenía ya el tema de la endometriosis, y tantas cosas... Pero, a los siete meses, decidí pedir el alta voluntaria porque, en realidad, ya no me ‘hallaba’ en casa. Tenía ganas de retomar mi vida. Cambié de trabajo, a algo más cerca de nuestro domicilio para empezar, como ‘de a pocos’, a activarme. Pensaba que no me iba a ver muy bien, y más bien sentí que me recuperaba bastante rápido desde que comencé», asegura.
Control de la endometriosis
Con respecto al control de la enfermedad que la abocó al trasplante renal, explica que, «un par de años antes» de esa intervención, ya le habían hecho «una histerectomía», es decir, le extirparon «el útero», además de «el ovario» que le «quedaba, y demás».
«En Alcer te brindan un apoyo súper valioso, a nivel de nutrición, psicológicamente... En muchísimas cosas. Son todos estupendos, y te resuelven un montón de dudas que te van surgiendo y que, a veces, los médicos no te pueden aclarar por la cantidad de trabajo que tienen»
«Eso evita que sigas produciendo hormonas, que es como lo que ‘alimenta’ la endometriosis. La enfermedad sigue ahí, obviamente, porque no tiene cura. En la histerectomía me hicieron una ‘limpieza’, aunque hubo alguna adherencia que no me pudieron quitar, pero están controladas: no han avanzado ni nada. Me hacen un seguimiento, en Ginecología, por parte de especialistas en endometriosis, para vigilar que esos focos no progresen», indica Ocdetti, quien reivindica, en este punto, el papel de Alcer (Asociación para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón), entidad con la que entró en contacto cuando le anticiparon que iba a necesitar un trasplante renal, y de la que hoy es socia.

Ocdetti y su marido, Lino, quien también es su donante renal. / Cedida
Donar órganos para salvar vidas
«Te brindan un apoyo súper valioso, en nutrición, psicológicamente... En muchísimas cosas. Son todos estupendos, y te resuelven un montón de dudas que te van surgiendo y que, a veces, los médicos no te pueden aclarar por la cantidad de trabajo que tienen», destaca Ocdetti, con gratitud, antes de exponer otra reivindicación, «la más importante».
«Que todas las personas que puedan se hagan donantes de órganos, porque pueden salvar un montón de vidas. Además, las condiciones las pones tú, a través del documento de Instrucciones previas [testamento vital]. No se imaginan la bendición que es tener la oportunidad de vivir...», concluye.
El 44% de las intervenciones en el Chuac, entre parejas: ellas son mayoría al donar
El Chuac fue el quinto hospital de España que más trasplantes renales llevó a cabo en 2025, un total de 165, su récord anual, de los cuales 17 fueron de donante vivo, una cifra similar a la del año anterior. «Estamos, más o menos, en la media nacional, con el 10,3% de cirugías de ese tipo», apuntó el doctor Javier Rodríguez-Rivera, urólogo y responsable de la sección de Trasplante Renal, durante la presentación de la Memoria de Trasplantes 2025, donde recordó que «2019 fue el año con más trasplantes renales de donante vivo» en el Chuac, «casi uno de cada tres» del total.
«A partir de ahí, hemos ido bajando, y estamos viendo por dónde podemos abordar para volver a esas magníficas cifras, porque el trasplante de donante vivo es el mejor que le podemos ofrecer a un paciente que necesita un riñón», resaltó, antes de especificar que en el hospital coruñés se han llevado a cabo un total de 422 intervenciones de ese tipo, «un buen número» de ellas «en pacientes incompatibles».
«Además, realizamos ocho trasplantes de donante vivo cruzados en pacientes que no pudimos desensibilizar», indicó el doctor Rodríguez-Rivera, quien desveló que, «en la mayor parte de los casos (120), fueron mujeres quienes le donaron un riñón a su marido o pareja», seguidas de hermanos, madres a hijos (75) y hombres a sus mujeres o parejas. «Si los unimos todos, el grado de parentesco mayoritario han sido parejas: 185 casos, el 44% del total», finalizó.
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