Aitana Castaño: "La protagonista, como yo, se ve inmersa en vidas llenas de lucha"
Presenta su libro 'Las Madrinas' este viernes 13 de febrero en Moito Conto
Años setenta en la cuenca minera, de donde parte un viaje hacia Bruselas que acaba en Madrid. Una historia marcada por la generosidad de las mujeres

Aitana Castaño posa con su libro / LOC
En Las Madrinas vuelve a la cuenca minera. Su origen está muy claro en toda su obra.
Sí, no hay lugar a dudas. En los tres primeros, la cuenca minera era el escenario principal. En este, no. La protagonista empieza ahí, pero se va. El tema es que ella se va de la cuenca, pero la cuenca nunca se va de ella. Es un territorio que, por la idiosincrasia que tiene, siempre lo llevas contigo y siempre te va dando lecciones. Las Madrinas habla de la historia de una chavala que se llama Gloria Montes, que se queda embarazada por un abuso de un familiar y es repudiada. Se marcha y se va encontrando a otras mujeres que le salvan la vida. Yo intento básicamente acabar con dos frases hechas que odio: una de ellas es la que dice que las mujeres somos malas entre nosotras, que estoy segura de que la inventó un señor, y la otra que dice «quien tiene padrino se bautiza». Y yo siempre digo «y el que tiene madrina come». Te puedes bautizar una vez en la vida o ninguna, pero comer, comer todos los días.
¿También ha querido hablar de la inmigración?
Sí. En este caso, a Europa, porque la protagonista va hacia Bruselas, aunque luego acaba en Madrid. Bélgica era uno de los destinos principales de los asturianos. Me gusta hablar de esto porque ahora mismo somos un lugar de acogida de gente que viene de fuera, pero nosotros, como Asturias y Galicia, tuvimos que mandar a fuera a muchísima gente. Me gustaría que la gente se viera en esos espejos.
¿Un recordatorio de lo que fuimos?
Claro, y de lo que podemos llegar a ser en nada otra vez. Quién nos dice que dentro de 40 años no seamos otra vez emigrantes. Yo tenía una tía en Bélgica, que ya murió, que me contaba que la gente se reía de ella por como vestía, por rezarle a la Virgen del Rosario y por comer morcilla. Y me llama la atención una cosa. De mi familia, ya hay la tercera generación nacida en Bélgica y, sin embargo, les encanta España. Si juega la selección española, se pintan la cara de los colores de España. O si va cualquier artista por allí, van a verlo. Y eso nos gusta. Sin embargo, vemos a Lamine Yamal con una bandera de Marruecos y decimos «es que vaya gilipollas». Pero tiene familia en Marruecos y su padre es marroquí. No puede ser que nos encante que los bisnietos de nuestros tíos lleven España en el corazón y nos moleste lo otro.
El libro sirve también de homenaje a las mujeres.
Me gusta reflexionar sobre una cosa, que es el papel de la mujer en la clandestinidad, en la lucha antifranquista. Mi familia está políticamente vinculada al Partido Comunista, de siempre, así que coincidí con mucha gente que había pasado por todos los pasos que puedes dar cuando eres comunista en el Franquismo: exiliados, encarcelados, torturados... Había uno en concreto, Fausto Sánchez, que siempre me decía «tienes que escribir de las mujeres, porque sin ellas nosotros no hubiéramos podido hacer nada en la clandestinidad».
¿Qué tiene de usted la protagonista, Gloria?
Primero, que nació en mi pueblo. También esa parte de verse ella inmersa, como yo me pude ver de pequeña, en esas vidas llenas de lucha y de reivindicación en momentos difíciles. Yo nací ya en democracia, pero toda la vida me contaron unas historias y yo flipaba. Aunque a la vez pensaba que lo normal era que a tu alrededor hubiera comunistas represaliados. Hasta que me fui a Madrid a estudiar y me di cuenta de que era todo lo contrario. También pongo cosas mías en otros personajes.
Ha vuelto a contar con Alfonso Zapico para las ilustraciones.
Los dos somos de la Cuenca del Nalón. Es el cuarto libro que hacemos juntos. En principio, no iba a ser él el que lo dibujara. Pero cuando lo escribí y hablando con el editor, era como justo y necesario. Somos la primera generación de las cuencas que no estamos vinculados a la minería, pero a la vez somos la última que podemos contar lo que eran las cuencas mineras con miles de mineros, con sus huelgas... Tenemos que contar eso porque si no desaparece y nadie lo va a saber.
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