Entrevista | Cándido Hermida fundador y presidente del grupo Cándido Hermida
Cándido Hermida: “De ebanista soy casi maestro; de empresario sigo siendo un aprendiz”

Cándido Hérmida, con sus utensilios de ebanista / Iago Lopez

A los 45 años, en paro y con seis hijos, solo tenía una certeza: su oficio. Cándido Hermida convirtió aquella necesidad en empresa y, casi sin buscarlo, en uno de los grandes proveedores que crecieron al ritmo de Inditex. Esta es la historia de una intuición, madera y carácter de un ebanista que a sus 86 años nunca ha dejado de sentirse aprendiz. Acaba de recibir el premio Liderazgo Empresarial de la Confederación de Empresarios de La Coruña porque “ejemplifica los valores del emprendimiento, la vocación de internacionalización, el liderazgo responsable y el compromiso con el territorio, contribuyendo también de forma decisiva al avance del sector de la madera en Galicia y al progreso industrial y económico de la comunidad”.
-Si quiere empezamos por los principios, ¿cuál fue el momento más difícil de sus primeros años como empresario y cómo lo superó?
-El más difícil fue cuando me quedé en el paro con seis hijos. Tenía 45 años. Antes de montar la empresa. Era un empleado. Era un jefe de taller. Encargado de taller fui siempre desde los 26 años. Estuve en distintas empresas y en la última cerró y me quedé en el paro.
-¿Cómo recuerda aquellos días?
-Era el año 83. Ferrol estaba en crisis. Habían cerrado los astilleros y las dos empresas mejores de carpintería habían cerrado. Y la única solución fue montarme de autónomo. Cogí cuatro operarios y empecé poco a poco. Fue el momento más difícil para mí. Encontrarme en el paro con esos años y con seis hijos. Pero siempre creí que con mi oficio podía vivir.
-En estos inicios, ¿qué idea tenía en la cabeza sobre su empresa?
-Yo no tenía en mente crear una empresa. Casi nadie la tiene. Pero sí que me marcaba un objetivo. Tener una empresa que no pasara de doce trabajadores.
-¿Por qué ese límite?
-Porque esos eran lo que podía controlar sin encargado. Pero cada vez aparecían más peticiones de trabajo, operarios que querían venir a trabajar conmigo... Entonces fui creciendo hasta que llegó Inditex. Cuando llegó ya tenía veinticinco trabajadores.

Cándido Hermida, durante la entrevista en la sede de la empresa en Narón. / Iago Lopez
-¿Recuerda la primera vez que trabajó para Inditex y qué le pidieron?
-Lo recuerdo perfectamente. Me llegaron en un sobre grande cerrado unos planos para fabricar veinticinco mostradores pequeños. Y me daban una semana para entregarlos. Pero en medio estaba Semana Santa. Hablé con el personal y les comenté la oportunidad. Me puse mi mono de trabajo y lo terminamos el domingo después de Semana Santa. Y el lunes se los llevamos.
-¿Su primer encargo para Inditex llegó por correo postal? ¿Ni siquiera conocía a nadie de la empresa?
-Yo no había visto a nadie de Inditex. Había sido por correo. Y quería cobrar. Estaba acostumbrado a que entrase un trabajo y cobrarlo. Y me dijeron, podemos pagarle, pero si se quiere quedar como proveedor, tiene que entrar con la fórmula que tenemos de pagar. Me dijeron, nosotros tenemos trabajo. ¿Usted cuánto podría facturar al año? Dije, pues... 25 millones (de pesetas). Me salió así. Y así empecé. Fue una decisión importante.
-¿Y eso?
-Fue un momento difícil porque yo tenía mucho trabajo de encargos de particulares. Y el que tenía empezado, sí lo terminé, pero alguno que estaba sin empezar, tuve que decirles que no iba a poder. Para un empresario, decirle a un cliente que no... Tuve que renunciar a algunos encargos que ya había apalabrado. En un año pasé de 25 a 80 trabajadores. Entonces, Inditex me absorbía el 100%. Confié en la intuición y me salió bien.

Cándido Hermida, en su despacho. / Iago Lopez
-¿Cómo tomó esa decisión? ¿Solo fue intuición?
-Les pregunté a mis clientes porque no sabía qué hacer. Tengo esta oportunidad les decía. Y ellos me decían pruébalo porque el que quiera el trabajo que haces tú volverá siempre a ti. Siempre me he dejado aconsejar por personas que consideraba que tenían más experiencia que yo. Y cuando los veo, aún se lo agradezco porque influyeron en mi decisión.
-Supongo que habrá un momento en el que vio que Inditex no era un cliente más.
-El primer año ya me di cuenta que era un cliente de futuro, porque me lo decían y yo aposté por él porque siempre tenía la posibilidad de volver atrás. Recuerdo un diseñador suizo, que me puso en contacto para trabajar para Tiffany's. Aún no trabajaba para Inditex; estaba empezando con ellos. Pero claro, con Tiffany's tenía que contratar una traductora. Y a mí eso de hablar con una persona y tener que transmitir y volver otra vez no me gustaba. Entonces apareció Inditex, que me daba trabajo y hablábamos el mismo idioma. Y no sé si es de bien o mal, pero les dije a los de Tiffany's que no podía seguir trabajando con ellos.
-En todo este camino, ¿qué errores le enseñaron más?
-Yo he aprendido a través de los errores que he ido cometiendo. Siempre me consideré un aprendiz de la vida y un aprendiz también del oficio. En los oficios siempre puedes mejorar. Sí que he cometido errores. Desde niño tuve que luchar la vida. No tenía padre. Mi carácter era que me adaptaba a cualquier circunstancia de vida y siempre quería dar lo máximo para triunfar en lo que estaba haciendo.
-Me da la sensación de que le encanta su trabajo.
-Yo estoy enamorado de mi oficio. Tengo la gran suerte de que durante toda mi vida he trabajado en lo que me apasiona. No valdría para ser empresario de otra cosa que no sea de esto. Tuve la suerte de que encontré a Inditex. Inditex confió en mí y el crecimiento todo fue por exigencia de Inditex. Fue un motor que me fue empujando, empujando a mejorar, a ser más competitivo...

Cándido Hermida, muestra unos planos de antiguos muebles que elaboró. / Iago Lopez
-Por cierto, ¿qué personas fuera del mundo empresarial influyeron más en su forma de trabajar?
-Hay un tío mío que lo tomé como ejemplo. Él era carpintero. Era muy callado y me ayudaba en todo, pero siempre en silencio. Era la persona que más quise y que más copié su forma de ser. Todo el mundo lo apreciaba, todo el mundo...
-¿Algún recuerdo que le marcara especialmente?
-Sí. Tengo un momento en donde me sentí muy orgulloso. Vivía con mi abuelo y mi abuela. Cuando mi abuelo murió yo tenía 11 años. Con 12, en mi aldea no había carretera, eran caminos de carros, y en primavera había que juntar a los vecinos para arreglar los caminos. Y a mí me tocó ir representando a la casa. Y cuando me vieron allí, me dijeron ¿de quién es este cativo? Entonces, dice uno es ‘o neto do tío Manuel’, y me coge por el hombro y me dice “tu abuelo era la mejor persona de toda la parroquia”. Y todos hablaron muy bien de él. Me sentí orgulloso de ser nieto de mi abuelo. Y me dije: yo también quiero que hablen así de bien de mí. Mi abuelo influyó muchísimo en mi vida. Dejó un diario escrito. Ese diario yo lo alumbraba con un candil para hacer sus apuntes. Más que un diario, era una libreta de esas antiguas con pastas duras. Apuntaba todo. Esa afición también la cogí yo.
-Otra persona importante en su vida es Amancio Ortega, ¿cómo le definiría en una frase?
Es tan inmenso que no tengo... Es una persona de mucho talento y mi impresión es que es una gran persona. Hay personas que hablan contigo, pero hablan desde un pedestal. Tú estás ahí abajo y te hablan desde un pedestal. Amancio es una persona que cuando hablas con él se pone a tu altura. Me parece una persona de mucho talento, pero me parece mucho mejor como persona. En conjunto es excepcional. No es solo talento, sino que como persona es excepcional.

Cándido Hermida, junto a varios primeros muebles que elaboró. / Iago Lopez
-¿Cuál ha sido el día más orgulloso de toda su trayectoria?
-He pasado días muy bonitos. Por ejemplo, cuando terminaba un proyecto cuando era artesano e iba a cobrar la factura y me decían “cuando me dio el precio me parecía caro, ahora me parece barato”. Eso me lo dijeron varios. Hace poco un cliente me envió un correo muy bonito en el que me decía que todos los días ve los muebles que le hice y todos los días se acuerda de mí. Otros me siguen diciendo que siguen enamorados de los muebles que les hice.
-A sus 86 años, ¿sigue trabajando la madera?
-En la empresa no. Pero en casa sigo haciendo cosas. Siempre estoy haciendo cosas. Tengo mis herramientas en mi banco de carpintero.
-Y mirando atrás, ¿qué cambiaría?
-Tengo una costumbre y es que miro atrás para aprender, pero nunca digo me pesó hacer eso. Reconozco que en la vida aprendí de los errores, pero no cambiaría nada. Me gusta vivir el momento no vivir de recuerdos. Los recuerdos son para disfrutarlos íntimamente, pero yo vivo la realidad. Como digo siempre, soy transparente, soy una persona que digo lo que pienso o si no, no digo nada.
-Candido Hermida es una historia de éxito, pero ¿qué sacrificios personales ha habido detrás de ese crecimiento empresarial?
-No era tan sacrificio porque era algo que me apasionaba. No me sentía como una persona que está haciendo un sacrificio, más bien, que estoy disfrutando de lo que hago. Me gustaba lo que hacía y me gustaba crecer. Y quería ser tan buen empresario como ebanista.
-¿Y cómo le ha ido en esto último?
-No lo he conseguido (sonríe). De empresario sigo siendo un aprendiz. De ebanista creo que soy… ya casi un maestro. Pero de empresario sigo siendo un aprendiz. De empresario nunca llegaré al mismo nivel que de ebanista. Soy un aprendiz y me gusta ser aprendiz.
-Más de seis décadas de trabajo, ¿cómo ha cambiado la forma de fabricar desde sus inicios hasta hoy?
-Es radicalmente distinto. Hoy todo es automático con máquinas que funcionan a través de programas de control numérico; son como robots. El oficio ahora está en la oficina técnica, pero más que oficio son técnicos.
-¿Tendría Cándido Hermida sitio ahora en este proceso?
-Me encantaría. Me encantaría ser técnico en una oficina técnica porque la primera empresa de este sector que montó una oficina técnica fui yo, de las que yo conozco. Y estoy continuamente mirando cosas. Ahora quiero introducir la inteligencia artificial en nuestro proceso productivo. Estoy convencido de que nos va a dar un impulso muy grande.
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