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Insultos y amenazas en las investigaciones de los orientadores en centros de A Coruña

Pilar Debén, orientadora del instituto Urbano Lugrís, manifiesta que, en ocasiones, los adolescentes "piensan que decir algo en redes es como si no existiera"

Entrada a un instituto de A Coruña

Entrada a un instituto de A Coruña / Iago Lopez

A Coruña

La orientadora del instituto Urbano Lugrís, Pilar Debén, reconoce que cuando en el centro se prohibieron por completo los móviles pensó que «iba a ser complicado». Pero la adaptación fue fácil y aunque todavía suena algún teléfono, casi todos cumplen la norma. Ahora, con el reciente anuncio de la prohibición de las redes sociales a menores de 16 años, los adolescentes le dicen «qué vamos a hacer». «Hablar, jugar o comentar. Eso es lo que tienen que hacer», expresa Debén, que todavía tiene en la mente grabadas las imágenes «de varios chavales sentados en un banco con el móvil sin decir nada pero chateando entre ellos».

La vida es otra cosa. O así lo entiende ella. Es mirarse a los ojos. Comunicarse. Respetar. «Tienen que aprender a utilizar las redes y darse cuenta de los peligros que hay. Pero también los padres», comenta.

En su día a día como orientadora se encuentra con muchas problemáticas. «Llevamos varias investigaciones este curso por amenazas o insultos. Solo una derivó en expediente de acoso», señala, y alerta de que «tienen que darse cuenta de que tienen en sus manos un útil muy peligroso».

En el centro, con alumnos que van de los 12 a los 50 años, Debén aprecia que «la adolescencia es una etapa complicada», que puede agravarse con el mal uso de las nuevas tecnologías. «A veces piensan que decir algo a través de las redes es como si no existiera», reflexiona.

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