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A Coruña, ante la prohibición de las redes sociales a menores de 16 años: "Son un riesgo, pero con educación pueden ser muy positivas"

Profesores, estudiantes, familias y expertos analizan lo bueno y lo malo de estas plataformas tras la propuesta de regulación del Gobierno y coinciden en que la clave está en saber manejarlas

Abel García, César Rodríguez, Elyas El Jeddab y Giulia Mayor, estudiantes del Rafael Dieste

Abel García, César Rodríguez, Elyas El Jeddab y Giulia Mayor, estudiantes del Rafael Dieste / Carlos Pardellas

A Coruña

A sus 16 años, Cesár Rodríguez forma parte del universo de las redes sociales desde hace cuatro. Era solo un niño, pero como amante de la fotografía, buscaba un espacio en el que expresarse. Para Giulia Mayor, que cursa segundo de Bachillerato en el instituto Rafael Dieste, estas plataformas son un lugar en el que encontrar a otras personas que comparten sus gustos. «Son consciente dos riscos e teño coidado para darlles un bo uso. En Instagram, Pinterest ou Discord podo atopar comunidades máis afíns a min e iso fáime sentir moi ben», expresa. Por ello, ante el anuncio del Gobierno central de prohibir las redes sociales a menores de 16 años, estos jóvenes defienden la parte positiva de las plataformas y apuntan a la «educación» en los entornos escolares y en las familias para saber cómo manejarlas. «Non todo é negativo, pero hai unha falta de coñecemento», señala Rodríguez, mientras que Mayor defiende que los adolescentes «poden facer un bo uso das redes». «Ben é certo que supoñen un risco para todo o mundo, pero con educación nas escolas e nas casas pode reducirse e poden ser moi positivas», manifiesta.

Sin embargo, no todos los jóvenes tienen esa capacidad ni reconocen el peligro. El director científico del estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital de Unicef España, Antonio Rial Boubeta, quien también es profesor en la Universidade de Santiago, explica que existe «una enorme preocupación social e institucional por el uso masivo y temprano de las redes sociales». Ante esto, algunos países ya dieron un paso adelante. Australia, por ejemplo, restringió el pasado diciembre el acceso de los menores de 16 años. Es el espejo en el que ahora se mira España. «Esta medida es absolutamente coherente, urgente y necesaria, pero no suficiente», declara. Rial considera que «no basta con restringir y limitar o prohibir» sino que hay que tener en cuenta a «quien saca partido económico» de esta situación, que es «la propia industria tecnológica». «Tiene que haber sanciones», insiste.

Y pone datos sobre la mesa para alertar del panorama: «un 80% de los alumnos de quinto y sexto de Primaria están presentes en redes sociales». El experto avisa de que «cuanto más pequeño, más vulnerable y mayor es el riesgo y el impacto». Por eso defiende el plan del Ejecutivo central, porque «hay que dejar claras las reglas del juego y establecer un marco de protección de los menores en el entorno digital». La directora del instituto Eusebio da Guarda, Isabel Ruso, también opina que la «idea parece buena», aunque desconoce «si va a ser tan fácil implementarla técnicamente». «Supongo que arreglaría una buena parte de las fuentes de conflictos en los centros», expone, esperanzada.

No obstante, hay un pilar básico en todo este asunto que no quiere olvidar. «Hay un papel fundamental de las familias. Si un adulto abre una cuenta a su nombre y luego el usuario es el hijo, no arreglamos nada», reflexiona, y asegura que «la implicación familiar y la educación es lo único que puede ayudar».

Con esto último está de acuerdo Abel García, de 17 años, también estudiante del Rafael Dieste, quien defiende que «é máis importante educar ca prohibir». «O problema está en que, agora que as redes están en auxe, hai pais que, sen saber como funcionan, lles dan acceso aos nenos sen educalos e sen pensar nas consecuencias», opina este joven, al que le gusta «ver vídeos e falar cos amigos e familiares» a través de las redes.

Su compañero Elyas El Jeddab cree que plataformas como Instagram «teñen unha función social», para hablar con otras personas «e coñecelas máis». «Sobre a nova medida, é certo que moralmente teñen certa razón, pero é un pouco desmedida. Isto ten máis que ver coa educación da casa», señala el estudiante, que considera que, «aínda que hai que ter coidado coa pegada dixital, se sabemos utilizalas teñen máis cousas boas ca malas».

Una tarea pendiente también para los adultos

Nuria Varela tiene un hijo de 7 años al que «nunca» ha dejado las redes sociales. «Solo le ponemos audios en inglés o cosas relacionadas con el colegio», detalla. Le preocupa que son los propios adultos los que «tienen que saber cómo usar las redes y gestionar el tiempo con el móvil». «Si los adultos no sabemos, es muy difícil que lo hagan los niños. Igual que no le dejas ir a una fiesta o coger tu coche tampoco tienen edad para las redes», declara.

Por eso, cree que el plan de Pedro Sánchez es «una medida que hay que tomar», y en la que también hay que implicar a los adultos. «Las escuelas también pueden dar contenidos sobre esto», propone, y lamenta que estas plataformas sean un lugar «de bullying, en el que se puede decir cualquier tontería».

El profesor Antonio Rial piensa que «las verdaderas políticas que tienen que llevarse a cabo son de prevención, también en el ámbito educativo». El experto repite que «la prohibición por si sola no funciona, hay que trabajar en el aula y con las familias». «Si no hay continuidad, murió el cuento», lamenta, a la vez que alerta de que hay «altas tasas de depresión y de ansiedad» cuando «los niños tienen que estar siendo felices».

Esos problemas los ven diariamente en Agalure, asociación dedicada a la prevención del juego patológico y otras adicciones conductuales. El coordinador, Gerardo Rodríguez, indica que«hay que partir de la base de que muchas familias no controlan las redes sociales». Han atendido casos de menores y también «consultas de otros centros para saber cómo ayudar o de familias que tienen dudas» para manejar la situación.

En Agalure ya han visto «gente que sustituye las amistades por la inteligencia artificial». Un ejemplo que sirve a Gerardo Rodríguez para reivindicar que«cuanto más tarde se use el móvil, mejor». «Los menores no saben autorregularse. Tenemos que trabajar en ello por su salud mental», concluye.

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