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El mal tiempo da una tregua y el Carnaval brilla en A Coruña con Trump como gran protagonista

Miles de personas disfrutaron de la celebración ataviados con disfraces de Bad Bunny o las guerreras K-Pop

A Coruña

La meteorología dio un respiro al Carnaval y permitió que las comparsas tomaran la calle en la tarde del sábado. Con cielos despejados y ganas acumuladas, A Coruña se vistió de fiesta. Por el centro se cruzaban disfraces de todo tipo y nivel, desde los más caseros hasta alguno digno de premio, como un Bad Bunny con camiseta de Zara incluida, aunque queda la duda de si compró la camiseta en Vinted.

En la Marina, miles de personas aguardaban la llegada del desfile mientras el jurado, instalado en el balcón de la biblioteca de la Diputación, observaba y tomaba notas con meticulosidad, ya que cada detalle contaba para la votación.

Comparsas de alto nivel

El arranque fue por todo lo alto con la comparsa Ciklon, de Tomiño (Pontevedra), que quedó segunda en el concurso. Su propuesta, La hora del café, deslumbró por el nivel de mimo y elaboración: tazas, teteras y un universo de fantasía que parecía sacado de un desfile al estilo de Disneyland, con ecos de La Bella y la Bestia. La victoria fue para Os mismos de sempre, con una propuesta de temática marinera. Un Neptuno encaramado a una carroza —que más de uno confundió por un momento con Melchor— presidía una de las escenas más vistosas.

Del mar salieron otras estampas como una carroza dedicada al pulpo á feira y otra inspirada en Piratas del Caribe, con un Davy Jones (el capitán con cara de pulpo) recreado sin efectos especiales, pero con mucho arte.

El desfile de comparsas llenó las calles de A Coruña de mucho colorido el sábado de Carnaval

Iago López

La música tuvo su propio capítulo con un “ataque de clones” de Raffaella Carrà: cerca de un centenar de personas rindió homenaje a la cantante italiana al ritmo de sus grandes temas, en una coreografía colectiva que levantó aplausos a cada estribillo.

El Carnaval coruñés también se reconoció a sí mismo en sus personajes más queridos. La Paca, imagen del cartel del año pasado, regresó para arrancar sonrisas de la mano de la comparsa Monte Alto a 100. Y, entre los clásicos, Amigos da Xoldra volvió a brillar con uniformes rosas de azafatos y azafatas y un avión en el que viajaban, en clave satírica, presidentes como Sánchez, Trump o Putin.

Trump, el gran protagonista

La reivindicación, inevitable en un desfile que también es espejo del momento, llegó con los Maracos. Con una bandera de Palestina, hicieron un alegato contra el racismo y el fascismo, acompañados por figuras de gran tamaño de Santiago Abascal y Donald Trump. El presidente estadounidense, de hecho, se perfiló como uno de los protagonistas recurrentes, ya que otra carroza abordó el imperialismo americano, con referencias a Venezuela y Groenlandia, mientras lanzaban al público dólares “generados” por el petróleo.

Y si a Trump no le hizo gracia el show de latinidad de Bad Bunny en la Super Bowl, quizá tampoco le habría entusiasmado ver cómo el Carnaval celebraba la diversidad con asociaciones bolivianas y peruanas compartiendo con la ciudad el pulso de su folclore.

El Carnaval de las guerreras K-Pop

La tradición tuvo igualmente su espacio, con una comparsa que mezcló máscaras venecianas y peliqueiros de Laza. No faltaron las batukadas, que evocaban a Río de Janeiro o Tenerife, ni el fenómeno que apunta a dominar este año: las guerreras K-Pop. Su canción principal, Golden, sonó en varias ocasiones —también durante el paso de Los Chinchetas de Meicende— y, fuera del desfile, muchas niñas (y alguna adulta) ya lucían el disfraz llamado a arrasar.

Entre los más originales, destacó un juego de la Oca con fichas incluidas, solo faltaban Emilio Aragón y Lydia Bosch para completar la postal noventera. Pero si algo disparó la nostalgia, especialmente entre los millennials, fue el homenaje al mítico Camelot Park con los participantes vestidos con bolas y hasta el dragón que hacía de mascota.

El buen tiempo y el buen hacer de las comparsas, pusieron la nota de color a una ciudad que volvió a iluminarse para sonreir y celebrar al ritmo del Carnaval.

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