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El orgullo de ser de Monte Alto con un código postal "de moda": "Los que somos de aquí pensamos que todo lo demás es peor"

La buena ubicación, la variedad de servicios, la comunidad y el encarecimiento de la vivienda han transformado al barrio obrero de A Coruña, en una zona "pija" con alta demanda

Vecinos de Monte Alto opinan del barrio

Inés Vicente Garrido / Iago López

A Coruña

Monte Alto se ha ganado en los últimos años el sobrenombre de "barrio de moda", una etiqueta que sus propios vecinos repiten con cierta ironía. Quienes viven aquí coinciden en una idea central: es un barrio cómodo, tranquilo y con una identidad muy marcada, hasta el punto de que muchos sienten que "no cambiarían Monte Alto por ningún otro lugar de A Coruña ni del mundo". "Los que somos de aquí pensamos que todo lo demás es peor que Monte Alto", resume Fernando Ceide, uno de los vecinos de toda la vida.

Fernando Ceide, vecino de Monte Alto

Fernando Ceide, vecino de Monte Alto / Iago Lopez

Ese sentimiento de pertenencia atraviesa generaciones. Vecinos que llevan desde que nacieron en el barrio, otros que llegaron hace veinte años y quienes se instalaron recientemente describen una sensación común de comunidad. Un barrio con alma de pueblo, donde aún existe trato cercano y cierta vida en la calle. "Es un barrio tranquilo, con mucho orgullo de ser del barrio, aquí todo el mundo lo lleva dentro, es como una personalidad", explica José Fernández un residente que, pese a no haber nacido allí, asegura sentirse plenamente integrado. La convivencia entre vecinos antiguos y nuevos mantiene, según coinciden, esa identidad propia que distingue a la zona.

Esto era una aldea. Había fincas, vacas, cerdos, carros de bueyes y los niños jugaban en la calle

En el vecindario conviven personas mayores que han vivido siempre en la zona con jóvenes que llegan atraídos por la ubicación y el ambiente. Orlinda Costa, vecina desde 1965, recuerda un Monte Alto completamente distinto: "Esto era una aldea. Había fincas, vacas, cerdos, carros de bueyes y los niños jugaban en la calle, raro era si pasaba un coche". A su juicio, el barrio "evolucionó para mejor", aunque reconoce que la vida cotidiana "ha cambiado al cien por cien en todos los aspectos". Jose Carlos Taboada, residente en el barrio, apunta a una cierta polarización. "Hay mucha gente mayor y mucha gente joven, pero diría que faltan familias con niños", explica.

Orlinda Costa, vecina de Monte Alto

Orlinda Costa, vecina de Monte Alto / Iago Lopez

Los servicios son uno de los grandes puntos fuertes de la zona. Supermercados, comercio local, centros de salud, instalaciones deportivas, piscinas, playas cercanas y espacios emblemáticos como la Torre de Hércules permiten hacer vida de barrio sin salir de la zona. "En cuestión de servicios es un barrio fantástico", resume José. Fernando coincide y añade que están "rodeados de supermercados y bares de calidad", lo que facilita el día a día. En los últimos años, además, Monte Alto se ha incorporado a los circuitos de ocio de la ciudad. "Se puso de moda para salir de vinos y tomar tapas, tenemos sitios muy muy buenos", señala Fernando, que percibe cómo el ambiente nocturno ha ido subiendo desde el centro hacia esta zona.

La comunicación con el resto de la ciudad también recibe una valoración positiva. "Casi todos los buses pasan por aquí", destaca José, convencido de que Monte Alto está "mejor comunicado que cualquier otro barrio". Aun así, algunos vecinos reclaman mejoras concretas, sobre todo en la conexión con el hospital. "Solo está el 17, y debería haber más frecuencia", apunta Fernando. "Queda cerca del centro y al lado del mar, ¿qué más se puede pedir?", cuestiona Fernando.

José Fernández, vecino de Monte Alto

José Fernández, vecino de Monte Alto / Iago Lopez

Donde el consenso es casi total es en la vivienda. La presión inmobiliaria se ha convertido en el principal problema del barrio. "Es una locura", afirma José, que asegura conocer a personas incapaces de comprar una vivienda en la zona. "Los precios están por las nubes, tanto en alquiler como en compra", añade. José Carlos, vecino desde hace dos años y residente de alquiler, que confirma esa dificultad. "Está complicado. Nosotros tuvimos suerte, pero compartiendo y en un piso bastante pequeño", explica. La alta demanda, impulsada por jóvenes que aspiran a vivir en Monte Alto, ha disparado los precios y ha reforzado la idea de que el barrio se ha vuelto "casi exclusivo".

Ese proceso va unido a un cambio social evidente. "Antes era una zona obrera, incluso marginal, cuando yo era pequeño había mucho problema de droga", recuerda Fernando. Hoy, sin embargo, percibe que Monte Alto "se volvió pijo en algún aspecto, con la gente nueva". Una transformación que no todos valoran igual. Algunos vecinos la asumen como parte de una evolución general de la ciudad, mientras otros lamentan la "pérdida de ese carácter popular" que definió al barrio durante décadas.

Jose Carlos Taboada, residente en Monte Alto

Jose Carlos Taboada, residente en Monte Alto / Iago Lopez

En materia de seguridad, el tono es mayoritariamente tranquilo. "Son casos muy puntuales", afirma José, que rechaza asociar pequeños delitos a colectivos concretos. Orlinda coincide: "De momento es un barrio muy tranquilo, nada de lo que era antes". El urbanismo aparece como una asignatura pendiente. La densidad y la estructura de calles complican grandes cambios, pero las demandas se repiten: más zonas verdes, carriles bici y alguna peatonalización. "No hay ni un metro de carril bici", lamenta José, que también reclama una mejor gestión del espacio público. Fernando añade otra reivindicación: "Haría falta más verde y hacer algo con la cárcel, que está abandonada y se va a caer en cualquier momento".

Antes era una zona obrera, incluso marginal; ahora se volvió pijo en algún aspecto

Pese a las críticas, el balance general es positivo. Quienes han vivido todas las etapas del barrio reconocen que hoy se vive con más calma y comodidad. "Es más tranquilo que cuando yo era chaval", admite Fernando. Mirando al futuro, los vecinos desean que Monte Alto siga evolucionando sin perder su esencia. "Hacer barrio", apoyarse y mantener la identidad común aparece como el deseo compartido, incluso en un barrio cada vez más caro, más demandado y, según muchos, cada vez más pijo tras su pasado obrero. "No podemos dejar que se pierda el sentimiento koruño de Monte Alto", recalca Fernando.

El alma del barrio "resiste" a la gentrificación

El presidente de la asociación de vecinos de Monte Alto, Xosé Vázquez, observa con cautela cómo la alta demanda de pisos desplaza a los residentes de siempre y amenaza con diluir "el carácter popular" de la zona. Vázquez percibe que el distrito pasa de ser un lugar "cerrado" a uno "internacionalizado" donde la demanda de pisos dispara los precios. Esta situación provoca que mucha gente acabe "desplazada afuera" y el entorno pierda su identidad, aunque todavía existe una "resistencia activa".

Monte Alto

Monte Alto / Iago Lopez

La gestión de la seguridad ciudadana también genera fricciones, especialmente por los "discursos alarmistas". El portavoz es rotundo al analizar la situación real de las calles: "No se puede exagerar diciendo que te atracan por la calle y que no se puede salir, la realidad es que es un barrio bueno para vivir". Ante la falta de espacio público, la asociación pone sobre la mesa medidas concretas para mejorar el día a día, como la financiación de estacionamientos en altura: "Habría que tratar de sacar adelante el parking vertical".

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