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Entrevista | Marta Jiménez Serrano Escritora

Marta Jiménez Serrano, en A Coruña: "No lo quise hacer épico, quise contar cómo es estar muriéndose"

La escritora presenta este miércoles (19.00 horas) en Moito Conto su libro 'Oxígeno', en el que relata la intoxicación por monóxido de carbono que sufrió en su casa por una fuga de la caldera. Ese libro que "nunca quiso escribir" pero que permite reflexionar sobre la fragilidad de la vida, la salud mental e incluso la vivienda

Marta Jiménez Serrano posa con su libro en A Coruña

Marta Jiménez Serrano posa con su libro en A Coruña / Casteleiro

A Coruña

¿Cómo llevó una experiencia traumática al libro, intentando dar un orden a cosas que incluso no recuerda?

Creo que es lo que hago siempre con la vida. El modo que tengo de ordenar las cosas que me pasan y de comprenderlas es escribirlas. En algunas ocasiones se publican y en otras no, pero creo que es el modo que tengo yo de lidiar con ello. En este caso, fue muy difícil porque era una experiencia especialmente carente de sentido, especialmente ilógica, en la que yo había estado inconsciente durante mucho rato, realmente no recordaba parte de lo ocurrido. Como me ha pasado otras veces, todos esos retos o todas esas cosas que parecían un límite, al final se han acabado convirtiendo en la esencia del texto.

A la hora de volver a lo ocurrido y hablar con personas que la ayudaron en el momento de la intoxicación, ¿afloraron nuevos sentimientos o los mismos miedos?

Sí, cuando rememoraba lo ocurrido, al principio me seguía dando mucha ansiedad. Pero luego hubo otras cosas que también fueron bonitas. Por ejemplo, la entrevista con el enfermero, que lejos de remover cosas para mal, fue muy bonita, fue un gusto darnos un abrazo, los dos enteros de pie. Hubo partes del libro que fueron complicadas o que me obligaban a volver a pensar en esos miedos, pero también hubo otras partes que fueron muy reparadoras.

Logra dejar a un lado ese cliché de que al morir pasa toda la vida por nuestros ojos. ¿Qué pasó realmente?

Me he esforzado muchísimo en hacer un retrato lo más realista posible de cómo fue la situación, en no darle épica, en no darle más sentido del que tenía, en contar las cosas como eran. Yo creo que también parte del tono del libro no era solo por el yo, sino porque había como un intento de sobriedad de "esto hay que contarlo como fue y ya está". No se puede adornar un momento así, no lo quiero hacer más épico, no lo quiero hacer más dramático, quiero simplemente intentar contar cómo es estar muriéndose. Y eso fue muy difícil, la verdad, porque además en torno a la muerte tenemos toda una serie de clichés literarios que evidentemente venían a mi cabeza y que los expulsaba. Quería intentar retratar lo que fue y no lo que nos han contado que puede ser morirse.

Al no darle épica, no sé si eso también hace que uno, al leerlo, sienta esa fragilidad de la vida.

Bueno, era la idea, que todos lo pasarais un poquito mal, que os asfixiarais, que sintierais esa fragilidad y que esa fragilidad está en lo cotidiano, está en el día a día. Tenemos un poco esta mitología, quizá por supervivencia, de que la muerte está en la aventura, en el viaje, en el estar lejos de casa, en la enfermedad. Y claro, a mí esto me pasó un sábado en mi salón, en lo que debería haber sido un lugar de refugio y descanso. Entonces, esa fragilidad es la que he intentado transmitir.

Cuando uno se da cuenta de que la vida se acaba, ¿la vive de otra manera?

Sí, yo desde luego empecé a vivir de otra manera, también por las preguntas que me obligó a hacerme el suceso, por todo el proceso de terapia que hice después, pero sí, yo cambié mucho mi modo de ver las cosas y creo que aprendí a relacionarme con el mundo de manera más sosegada.

Incide en el libro en cuanto le ayudó hacer terapia. ¿Esos problemas cambian cuando se habla sobre ellos?

Sí, yo creo que verbalizar las cosas es fundamental, nos ayuda a poder reconocerlas, a entenderlas y a darles un orden. Que alguien nos escuche, nos valide y nos dirija esa reflexión, porque lo que hace el psicólogo muchas veces es ver antes que tú lo que tú todavía no estás viendo, pues para mí ha sido fundamental. En esto y en tantas otras cosas de la vida.

Dice que es difícil curar una herida invisible. ¿Siente que, si en lugar de haberle pasado esto, hubiera tenido la pierna rota, la gente le preguntaría más por cómo estaba?

Sin duda, yo creo que todavía el dolor psicológico lo consideramos de segundo nivel, o a veces incluso lo consideramos importante, pero no tenemos las herramientas para preguntar por él. Hemos tenido también una malísima educación emocional y creo que hay gente que incluso te querría preguntar, pero no sabe cómo hacerlo, no encuentra la manera. Ahí tenemos unos buenos deberes todavía que hacer para aprender a preguntar las cosas importantes, que tienen que tener su lugar y su código. No puede pasar esto de sentarnos en una comida familiar y levantarnos y que nadie haya hablado de nada que le importe verdaderamente.

En Oxígeno también aborda el problema de la vivienda.

Es que es un desnorte ya lo que está pasando con la vivienda. Más allá de otras consideraciones, el inquilino es una persona que está pagando por un servicio y, sin embargo, el discurso y las relaciones se están dando como si al inquilino se le estuviera haciendo un favor. No se le está haciendo ningún favor, está pagando por su hogar. Yo creo que gran parte de los caseros están abusando del poder que les da el mercado. Ese poder de decir "pues si no me lo alquilas tú, sé que me lo va a alquilar otra persona", entonces da igual, puedo poner las condiciones que yo quiera porque alguien vendrá y lo alquilará. Yo no creo que sobre algo que es un hogar uno pueda poner las condiciones que quiera. La casa, la vivienda, es una propiedad privada, pero no debería funcionar como un jersey o una camiseta.

¿Le gustaría que la casera de aquel piso leyese el libro?

Por un lado, sí, pero me doy cuenta ya haciendo la promoción de que el enfado se me quedó en el libro. Ahora estáis más enfadados los demás. En ella en concreto no tengo mucha esperanza de reflexión por cómo se comportó, lo que me gustaría es que quizá los caseros en general reflexionaran. Es un debate que hemos tenido desde el punto de vista económico o social, pero quizá no lo hemos abordado tanto desde lo humano y lo íntimo.

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