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Pablo Rivero, en A Coruña: "De puertas hacia adentro, por muy honestos y buena gente que seamos, siempre ocultamos cosas"

Presenta su thriller 'La canguro' este miércoles (19.00 horas) en la Fnac de A Coruña

"El miedo me levanta la creatividad", confiesa

Pablo Rivero, en A Coruña

Pablo Rivero, en A Coruña / Casteleiro

A Coruña

Su novena novela, La canguro, es un thriller psicológico y doméstico. ¿Qué tiene este género que le atrae tanto?

Es el género que más consumo. Son también mis juegos de infancia. Todas las historias que me atrapaban y me enganchaban de pequeño tenían todo lo que me creaba ese sentimiento voyeur y que me daba miedo. El miedo me levanta la creatividad. De pequeño me obsesionaban los psicópatas, los vampiros, Twin Peaks... Ya de mayor estudié Periodismo a la vez que Interpretación y esas historias tenían que ver también con ser consciente de lo que había a mi alrededor. Al final la realidad supera la ficción. Los crímenes reales y las situaciones que me dan miedo son las que disparan mi imaginación. Soy muy peliculero, pero, al final, creo que mi thriller es muy costumbrista, muy cercano. Son miedos con los que la gente se puede identificar y que están a la orden del día.

En sus libros no hay un asesino en serie o casos muy raros. Son cosas que le pueden ocurrir a cualquier y, en este caso, dentro de casa.

Claro, La canguro es volver a mis orígenes, es el miedo dentro de casa, que es el lugar que debería ser más seguro. También es romper una lanza a favor de las trabajadoras. Siempre se habla del riesgo de meter a un desconocido en casa y nunca se habla del riesgo de meterte en una casa ajena y de los problemas de convivencia. Al final, muchos de los crímenes reales tienen que ver con la convivencia, con conflictos muy pequeños. Meter a alguien que va a trabajar en una casa me permite hablar de la convivencia laboral y de la convivencia personal, la de familia, la de pareja... Tiene mucho que ver con el "me están volviendo loco o me estoy volviendo loco yo". Esto te pasa con un compañero de trabajo, con un jefe, te pasa con tu pareja...

¿La intimidad doméstica esconde algo que queda al margen de la realidad, de lo que se ve desde fuera?

Como digo en el libro, los trapos sucios se lavan en casa. Yo creo que de puertas hacia adentro, por muy honestos y buena gente que seamos, siempre ocultamos cosas y siempre tenemos nuestras luchas internas. Al final el libro habla de eso, de la conciliación de una madre que ha tenido que abandonar casi todo por sus hijos, por decisión propia, pero eso no quita que sea un sacrificio. Así que tiene que buscar ayuda, pero la premisa es que ella está ocultando una serie de cosas y meter a alguien en casa de repente es como si fuese un espectador. Aquí me lo llevo al extremo, pero es cierto que cuando alguien llega a trabajar a tu casa ya no puedes vender motos, es tener un testigo todo el día de cómo hablas a tu hijo o a tu pareja. Yo creo que no hace falta ser padre para entender La canguro porque también hay esos conflictos en lo profesional. Hay algo que a mí me obsesionaba, que es que los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero que no sea mejor que nosotros por si no soy imprescindible. En lo profesional también pasa, quieres el mejor compañero, un becario que te lo ponga fácil y de repente te resuelve la papeleta, pero cobra menos y es más agradable y dices ¡ostras!

Tiene cuatro protagonistas, pero logra que los escenarios, como el piso familiar o el parque, se conviertan también en personajes. ¿Qué busca con ello?

El hogar es donde tú te quitas la máscara y lo que yo intento hacer, y es mi apuesta en todos los libros, es que el lector conozca a los personajes sin la careta y eso es en el entorno íntimo. En la mayoría de los crímenes, el criminal conoce a su víctima. A mí me obsesiona mucho el no conocer de verdad a tus seres cercanos y como a veces un desconocido puede ser tu mejor amigo en dos días. Es un poco lo que pasa en La canguro. Además, la convivencia en un sitio pequeño e íntimo aviva esos conflictos. Yo intento hacer algo muy costumbrista y muy realista. El referente es La semilla del diablo, muy oscuro, pero que sea muy seductor. Este hogar es todo lo contrario, es una jaula de cristal, te tiene que gustar leerlo, te atrapa. Pero dentro de esa oscuridad es muy envolvente, por eso es un personaje.

Nueve libros en nueve años, ¿siente que ya tiene un nombre en el mundo de la literatura y ha dejado atrás a Toni Alcántara de Cuéntame?

Tuve mucha prudencia en presentar el primer manuscrito durante muchos años. Yo tenía claro que yo no vivía de esto y que para mí era placer y disfrute, así que el primer libro fue un desarrollo personal. En los momentos en los que no trabajaba, pude recuperar mi vida de estudiante, porque no había podido ir tanto a clase por la serie. Así que me daba tanto pudor que tardé en presentar el manuscrito. Y no tenía pretensiones, era un libro muy independiente. Lo hice por mí. Y yo creo que esa es la tecla, escribir los libros que a ti te gustaría leer. También es cierto que, al principio, el ser actor llamó la atención de un determinado público, pero llegar al lector de novela negra me ha costado pico y pala. Había mucho prejuicio, quizá la imagen que tenían de mí no se correspondía con las historias tan bestias que cuento.

¿Le queda tiempo para actuar?

Sí, yo siempre digo que se puede hacer de todo. Después de Cuéntame, estuve haciendo sobre todo teatro, con giras nacionales en las que pude meter las firmas. Entregaba el manuscrito antes de los ensayos y luego paraba. Cuando estrenaba, corregía. Es organizarse. Por suerte, llevo mucho tiempo en los dos oficios. Es muy duro, pero también es un privilegio. Lo disfruto un montón.

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