De actriz a criada de Bernarda Alba: la transformación de Lolita en su parada por el Teatro Colón de A Coruña
'Poncia' renueva la obra de Federico García Lorca y aborda temáticas como la libertad, el género o la educación

Lolita, en la obra 'Poncia' / Javier Naval
La primogénita de Lola Flores da vida a Poncia en el drama que arribará al Teatro Colón este viernes, 20 de febrero, a las 20.30 horas, con entradas agotadas. La sagaz criada de La Casa de Bernarda Alba, creación del poeta y dramaturgo de la Generación del 27, se erige como el hilo que une el universo de las mujeres de la matriarca con el mundo exterior, gracias a su visión escéptica.
En la adaptación de Luis Luque, ideada a partir de las intervenciones de la sirvienta en la obra original, se presenta al personaje con un nuevo grado de profundidad y oscuridad. Tomando como punto de partida la muerte de Adela, la más joven de las hijas de Bernarda, Poncia, reza y dialoga con el resto de las hermanas en medio de una casa ahora dormida. Luque, con más de 20 obras a sus espaldas, toma la voz de la criada, para abordar temáticas de urgente actualidad como el suicidio, el género, la educación, la clase, la culpa y la libertad.
Largo recorrido
La idea de hacer Poncia viene por un amigo de Luque, el actor Jorge Calvo, que le manda un fragmento del programa La Clave, donde aparece Lola Flores lamentándose de no haber podido hacer el personaje de Poncia en el montaje de La Casa de Bernarda Alba, que se iba a hacer en el Teatro Español. El director artístico del teatro en ese momento era Miguel Narros, mentor de Luque. "Aprendí a dirigir con él, mi maestro, fui su ayudante de dirección durante diez años. Miguel siempre había dicho que España se perdía una gran actriz dramática porque Lola no quería dar el paso. Entonces vi el vídeo, se lo mandé a Lolita, porque tenemos muy buena relación, y le dije: 'Ya que no lo pudo hacer Miguel ni lo pudo hacer tu mami, ¿por qué no lo hacemos nosotros?'. Y ella me dijo: '¿Cuándo estrenamos?' Esa fue su contestación", narra Luque. Y, a partir de esa primera conversación, elaboró un texto nuevo "que tiene mucho de Lorca, que tiene mucho de Federico".

Lolita, en la obra Poncia / Javier Naval
"Hay algo en los personajes de los criados que me atrapa muchísimo, porque viven entre dos capas. En el caso de Poncia, ella es jefa de criadas, pero sigue siendo criada. ¿Por qué me atrapa? Porque los sirvientes conocen los secretos de los señoritos, guardan la verdad de lo que ocurre dentro de las casas", relata Luque. En el contexto de la España de los años 30, "entra en juego esa sabiduría que tienen las clases populares; esa cultura de la tierra; del conocimiento del clima a través de la observación del paso del tiempo; de tener una vida digna, de intentar educarse cuando la educación para ellos estaba vetada. Son personajes que dramáticamente son muy interesantes porque tienen muchas aristas", explica Luque.
La relación entre director y actriz es de largo recorrido y encuentra su origen en el productor de la obra y director del Festival de Mérida, Jesús Cimarro. "Yo había estrenado Alejandro Magno hacía un par de años y había sido un éxito, y tenía ganas de volver a Mérida porque es un gran teatro, es impresionante trabajar ahí", narra Luque. Cimarro le propuso hacer Fedra con Lolita, y decidieron concertar una comida. "Ahí le pregunté: '¿A ti te importa salir fea a escena?', y me dijo: 'Yo salgo como tú digas que tengo que salir. Fea, guapa, alta, baja, lo que quieras'. Me enamoró su contestación, y me he encontrado una de las actrices más rigurosas con las que he trabajado nunca. Le digo que parece una actriz alemana por el rigor que tiene día a día, función tras función, y lleva casi 300 encima", declara.
El resultado
La función, que ya está muy testada, siempre provoca la misma reacción en el público, según Luque: "La gente aúlla. Cuando se hace el oscuro final, la gente reacciona y se levanta de las butacas de una manera muy emocionante". Esto se debe, explica, a que Poncia representa a una mujer muy relacionada con "la abuela, la tía, la madre que ha vivido una época y que reconoce, en esas palabras poéticas, la dureza de la vida de las mujeres españolas en aquella época".
Uno de los elementos de la obra que mayor afinidad generan con el público es que relata de manera real la realidad de esas mujeres, de las que tenían menos recursos. "Que solo veían el mar una vez en su vida, que nunca salían de sus pueblos. Vemos las relaciones de la intimidad, porque también tenían historias de amor preciosas que no se cuentan. Se cuentan las de los príncipes, las de los duques, las de los marqueses... Ese imaginario de historias de amor las tenemos, pero no las de los criados o de las clases bajas", comenta Luque. Afirma que "el teatro vive gracias al público femenino".
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