Adormideras, el refugio tranquilo al lado del mar: "Es como una aldea con las vistas más bonitas del mundo"
El vecindario pide un reasfaltado urgente y facilidades para la instalación de una gran superficie de supermercados que evite el aislamiento de los mayores en un barrio en donde predomina la calma en sus calles

Inés Vicente Garrido / Iago López
"¿Para qué quiero yo más movimiento?", se pregunta un vecino de Adormideras. Este barrio de A Coruña funciona como un mundo aparte, donde el ruido del mar sustituye al bullicio del centro. Sus vecinos definen la zona como un "ecosistema" privilegiado, un lugar donde todavía se "ven zorros y lechuzas", rodeados de mar y a un paso de la Torre de Hércules. Sin embargo, tras esa fachada de tranquilidad, subyace una demanda unánime que marca el día a día de sus residentes: la necesidad de un supermercado. "La cuesta yo no la subo", afirma Pilar Varela, vecina de 86 años, quien resalta el sentir de una población que ya supera los 60 y que depende del autobús o del coche para compras básicas del día a día.
El barrio nació de un bloque de edificios rodeado de monte y hoy es una zona consolidada. José Ángel Vidal, residente desde los inicios, recuerda cuando la plaza estaba "llena de críos" que hoy ya son padres. Muchos residentes llegaron jóvenes. Formaron allí sus familias y se quedaron. "Vinimos con veintipico o treinta años y ya pasamos de los sesenta", cuenta José Ángel. La escena cotidiana ha cambiado con el tiempo. Antes, recuerda, "la plaza estaba llena de críos correteando". Hoy predominan los nietos y una población más envejecida. "Ahora nos vamos haciendo mayores y los hijos ya volaron", coincide otro vecino que llegó en los años 90.

Pilar Varela, vecina de Adormideras / Iago Lopez
El perfil demográfico resulta claro para quienes observan la vida diaria. Adormideras es, en gran parte, un barrio de gente mayor. "Se puede considerar un barrio viejo", admite José Ángel. Aun así, la llegada de nuevos residentes no pasa desapercibida. La vivienda rota rápido. "Se pone un anuncio de un piso y dura dos días", señala. "Aquí está todo ocupado al 99%", explica el vecino veterano. El margen de crecimiento se percibe limitado. Algunos rechazan nuevas construcciones y defienden la tranquilidad actual. Ricardo Barrio, hostelero del local La Cantina, sin embargo, percibe este cambio como positivo: "Hay mucha gente joven nueva que se está mudando porque se han desocupado pisos para alquilar. Van dando un poco más de vida a Adormideras".
Pese a esta llegada de savia nueva, el sentimiento de comunidad permanece intacto. Pilar lo explica con claridad: "Es como si vivieras en una aldea, la tranquilidad que hay por las noches no hay dinero que la pague". Los residentes hablan de cercanía. De saludos diarios y de un trato familiar. "Somos vecinos que nos conocemos de hace muchos años", explica José Ángel. Pilar lo describe con otra imagen: "Es como una aldea con las vistas más bonitas del mundo. No tienes miedo nunca, siempre hay un ‘buenas tardes’ o un ‘cómo estáis’". Para Ricardo "no hay mejores vecinos", asegura que es como "una gran familia donde todos se conocen".

José Ángel Vidal, vecino de Adormideras / Iago Lopez
Silencioso. Pegado al mar. Con ritmo propio. Sin ruidos. Sin agobios. "Está libre de bares, de ruidos y de todo", explica un vecino. La calma nocturna se menciona casi como un lujo. Los servicios de Adormideras generan opiniones más matizadas. Nadie habla de un barrio desabastecido. Sí aparecen carencias concretas. La más repetida, casi unánime, es la falta de supermercado. "A lo mejor una gran empresa le mata la expectativa al mercado, pero para mucha gente sería una buena idea poder tener más variedad de productos", reflexiona José Ángel.
Ricardo, por su parte, destaca el carácter "hogareño" de los negocios actuales, aunque reconoce que la mayoría de la gente trabaja fuera porque abajo "no tienes casi nada". "Lo único que le falta es un supermercado", insiste José Ángel. Para muchos mayores, la cuesta hacia otras zonas complica la compra diaria. "Hay gente que ya no conduce y tiene que subir con los carritos", lamenta un vecino. En el mercado local sobreviven frutería, pescadería, carnicería, panadería, comida para llevar y una cantina. "Cubren lo básico. No todo", asegura.
El pequeño comercio sostiene parte de la vida cotidiana. Ricardo percibe movimiento constante aunque sin la intensidad del centro. "No es como allí, lleno todos los días, pero hay bastante movimiento. No nos podemos quejar", explica desde su cafetería. Describe un barrio con clientela de rutinas: "Cafés por la mañana. Cervezas por la tarde. Fútbol y conversación".

Vecino de Adormideras / Iago Lopez
El transporte divide percepciones. Algunos vecinos se muestran satisfechos. Recuerdan tiempos peores. "Antes no bajaba ninguna línea de bus. Ahora estoy más que satisfecho", afirma José Ángel. Otros reclaman mejoras. "Los autobuses vienen cuando les da la gana, pero eso es culpa del tráfico", opina Pilar. La dependencia del coche o del bus aparece como una constante para conectar con el centro.
El mantenimiento urbano surge como otro foco de crítica. Especialmente el estado del asfaltado. "No basta con rebachear. Hacen un bache y al día siguiente hay otro", denuncia un vecino. Reclama una renovación integral del firme. También cuestiona el diseño del estanque de la plaza. "Vienen las gaviotas, hay que vaciarlo cada pocos días. Fíjate cuánta agua se pierde". El residente pide alternativas más eficientes.

Ricardo Barrio, hostelero del local La Cantina en Adormideras / Iago Lopez
La seguridad, en cambio, no figura entre las preocupaciones del vecindario. El discurso general transmite calma. "Generalmente, no hay ningún problema", aseguran. José Ángel lo resume con humor: "Es un barrio cerrado. Aquí es complicado que alguien se meta y no lo vean. Tampoco tienen por donde salir". Los incidentes se describen como puntuales. Aislados.
Mirando al futuro, pocos imaginan grandes cambios. Adormideras se proyecta como un barrio estable. Sereno. Con relevo generacional lento. "En diez años lo veo igual", reflexiona José Ángel. La principal demanda permanece clara y repetida. Casi convertida en lema vecinal. Un supermercado. Nada más. O, como resume Pilar: "Aquí tienes playas, tienes buenas vistas, hay buenos vecinos... tienes de todo. Solo falta eso, un supermercado".
La asociación de vecinos lucha por servicios
Desde la asociación de vecinos de Adormideras, el barrio mantiene su esencia tranquila, aunque arrastra carencias que Samy David Arriaza, su presidente, considera "urgentes". David resume la vida diaria con una idea clara: "Es un barrio bastante tranquilo". La escasez de actividad comercial marca el ritmo. "No tenemos muchos servicios, solo hay un bar", explica. La falta de un supermercado centra buena parte de las quejas. "Somos muchas familias y dependemos de un mercado que no cubre todo", señala.

Adormideras / Iago Lopez
La entidad vecinal lleva "meses reclamando" soluciones tras la reforma del mercado. "En teoría se iba a traer un súper, pero no llegó. La parte de arriba ni se puede usar", lamenta. "Lo bueno del barrio es que no hay inseguridad para nada. Los niños juegan en el parque sin problema ninguno", afirma. La ubicación, alejada del tránsito, refuerza esa sensación. "No es un barrio de paso, si vienes hasta aquí es por algo", explica. Entre lo peor, la asociación destaca "los pocos servicios básicos", como cajero, farmacia o supermercado.
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