El centro de atención a personas sin hogar en A Coruña se llena: más mujeres y usuarios con trabajo
Atendió a 409 personas en 2025, la mayoría hombres | Destaca su capacidad para adaptarse a las circunstancias: "Si hay una situación urgente, hay sitio"

Sala con camas en el centro / Iago López
El centro municipal de atención social continuada de Padre Rubinos contó en 2025 con 409 usuarios únicos. El espacio, ubicado en Labañou y abierto en octubre de 2024, tiene 30 plazas, y siempre están cubiertas. Con un horario de ocho de la tarde a doce del mediodía, los usuarios sin hogar no solo encuentran un lugar en el que pasar la noche, sino que también pueden ducharse, cenar y desayunar, además de socializar, participar en actividades o ver películas. "Son estancias temporales, de 15 días, aunque a veces se pueden prolongar meses. Les ayudamos a encontrar una alternativa habitacional", señala la responsable del centro, Beatriz Leal, que indica que aquí "se trabaja de forma muy personalizada".
En todo el año pasado se tramitaron 409 altas. Aunque la mayoría (320) son hombres, Leal asegura que han notado un incremento de mujeres. De hecho, el centro nació con una reserva de nueve plazas para mujeres, pero el año pasado "hubo picos de 13", a las que dieron cobijo. Esa es una de las claves de este centro, su capacidad para adaptarse a las circunstancias. "Cambiamos salas o añadimos hamacas en algunas habitaciones. Si hay una situación urgente, hay sitio", sentencia. Debido a que "ha subido el porcentaje de mujeres que duermen en la calle", llegan más usuarias al centro. "Su realidad es muy invisible. Se suelen esconder. Además, algunas son víctimas de violencia de género. Vienen aquí porque valoran que es un centro pequeño y seguro", apunta. Además, las mujeres "rotan menos" porque "se priorizan sus prórrogas".
Hay otros patrones que han detectado en el último año, como que los usuarios jóvenes "suelen ser inmigrantes" o que las personas mayores, casi todas españolas, "tienen problemas con el alcohol o de salud mental". Actualmente tienen un usuario de 90 años que ya lleva meses en el centro debido a su delicada situación. En cuanto a los jóvenes, también los hay de nacionalidad española: "Suelen ser personas que estaban en centros de menores y que al cumplir 18 se ven en la calle".
Además, en los últimos meses también apareció un nuevo perfil que llama la atención: usuarios con trabajo. Beatriz Leal explica que la ayuda de familiares o amigos es fundamental. Y no todos la tienen. "Hemos tenido personas en una situación normalizada, con casa y trabajo, que lo perdieron. Y sin una red de apoyo, puedes acabar en esta situación", reflexiona, e insiste: "la red familiar lo es todo".

Caseta para perros en el patio / Iago López
Para los que llegan con mascotas, hay un patio con una pequeña caseta para que duerman los perros, ya que no pueden acceder a los dormitorios. "El dueño se tiene que responsabilizar de la limpieza", cuenta la responsable del centro, que asegura que hay usuarios que declinan alojarse aquí por no poder compartir cama con sus animales.
Atención social para revertir la situación
Este centro, que trabaja en coordinación con otras entidades, con el hospital y con el Servicio municipal de atención a urgencias sociales, no solo ofrece cama y techo a los que no tienen, sino que también se ven acompañados durante el proceso. Hay auxiliares, técnicos y una integradora social para aliviar el camino. "Se potencian los procesos de intervención. La integradora les ayuda en la búsqueda de habitación", declara Leal, que reconoce que en A Coruña, como ocurre en el resto de Galicia, el precio de la vivienda es un obstáculo más al que hacer frente. "Hay gente que está en un buen proceso y no encuentra un alojamiento al que ir", lamenta.
Alerta de que hay "factores" que dificultan el proceso para revertir la situación, "como el consumo de alcohol o drogas y los problemas de salud mental". En este último caso, si se aprecia riesgo en la vida, se inician las medidas de apoyo judiciales, comunicándoselo a la Fiscalía, que es la que valora la situación. Si concluye que se debe autorizar su ingreso en un centro específico, se lo comunica al juzgado, que es el que resuelve. "Es un proceso muy largo", reconoce.

Beatriz Leal, en una sala del centro / Iago López
Además de la entrevista inicial, para conocer cada situación, explicar las normas y poder ofrecer atención personalizada, se hacen seguimientos de cada caso. "Si vemos que está en el punto de revertir la situación pero se acaba la estancia, hacemos prórrogas", señala. También tramitan entradas en residencias de mayores.
Todo ello lo convierte, según la responsable, en un "centro de reposo, de recuperación y de seguridad, que da continuidad al resto de recursos de la ciudad". Siempre, por supuesto, "adaptado a lo que va surgiendo". "Somos flexibles", expone Beatriz Leal, que aclara que "no se puede obligar a nadie a ir a un sitio que no quiera".
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