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¿Cuántos bares tiene A Coruña? La ciudad cambia el paso en la hostelería: "Se bebe menos"

Las terrazas de La Marina, punto hostelero clave de la ciudad, rebosan de clientes.

Las terrazas de La Marina, punto hostelero clave de la ciudad, rebosan de clientes. / CARLOS PARDELLAS

La sensación de apertura constante en hostelería significa también el cierre silencioso y definitivo de muchos negocios. El sector atraviesa crisis complejas, como las laborales o las generacionales, pero logra mantenerse. Existe una tendencia dentro de la industria que esconde un cambio en el consumo. Las cifras lo plasman con rotundidad. A Coruña cuenta con más restaurantes y bares que hace dos años. Son un total de 1.620, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística,correspondientes al pasado año, frente a los 1.558 de 2023. Sin embargo, está lejos del pico de 2012, y no todo el sector se comporta igual: los restaurantes no paran de crecer, al contrario que los negocios hosteleros que no ofrecen comida de manera regular.

En la ciudad operan 443 locales de comida y 1.177 establecimientos de bebida, lo que supone un total de 1.620. El Instituto Nacional de Estadística (INE) recoge esta serie de datos hasta el 1 de enero de 2025, pero carece de información diferenciada sobre cierres y aperturas. Según los números, la dirección de la hostelería coruñesa se orienta hacia los restaurantes. También lo perciben los profesionales del sector. «Hoy en día es necesario aprovechar la máxima franja horaria posible y buscar otras fórmulas. La comida es un punto importante de la facturación. Poder mantenerse a base de cafés y bebidas es muy difícil. Así es como van apareciendo estos nuevos servicios, como el brunch o el picoteo entre horas», expone Alberto Boquete, propietario de La Mansión y presidente de la Asociación de Hosteleros de La Marina. «El auge del sector es grande, casi imparable. Sin embargo, varios indicadores internos de mercado ya evidencian el cambio en el consumo. Se prefiere la comida, la bebida baja en las preferencias. Las nuevas generaciones beben menos. Es lo que nos comentan también los suministradores», introduce Álvaro Victoriano, presidente de la asociación Coruña Cocina.

Trece años atrás

Echando la vista atrás hasta 2012, en las calles de A Coruña se desplegaban 1.476 bares, una cifra muy superior a los 1.177 que indica para la actualidad el INE. Son 300 menos. El cómputo global de ambos tipos de negocio es negativo, pese a que los restaurantes incluso llegan a remontar ligeramente (de 417 en 2012 a 443 el pasado año).

Siguiendo el histórico, la sangría del parque de bares en este aspecto es evidente, sobre todo por el declive de los negocios de barrio. De los 1.378 en 2017 se pasaron a 1.294 en enero de 2020, justo antes de la pandemia, una cantidad que no se volvió a recuperar. La consecuencia posterior a la pandemia fue la segunda mayor bajada anual de la serie, según el INE.

«Existe una gran tasa de apertura de local, pero el público consumidor es el que es. Medirlo mal puede dar a error. Se está perdiendo el punto de equilibrio entre lo que se puede ofertar y lo que puede consumirse», expone Victoriano. «A futuro se mantendrán parte de los bares, pero el relevo generacional está y seguirá estando detrás de muchos cierres. Esos hosteleros no tienen quién recoja el testigo y mantenga vivo el local. Se ha rebajado un poco la tasa de apertura, este es un sector con muchas problemáticas y las normativas aprietan», explica Boquete.

La vuelta al clásico

La tendencia que sucede en A Coruña no es un fenómeno aislado. España se deja año a año alrededor de 2.000 bares. Al mismo tiempo, los restaurantes aumentan un millar en ese mismo periodo. Los datos del INE muestran que los restaurantes suben desde los 417 de 2012, cifra que se repetía en 2022, y comenzó a repuntar dos años después.

«Han aparecido nuevos restaurantes clásicos, de carta estándar con entrantes, platos y postres. Esto es un retorno a lo tradicional en A Coruña», explica el presidente de la asociación. El sector padece una prolongada crisis de personal. Las bajas laborales o la temporalidad de los contratos llevan a una agitación dentro de la hostelería. Falta mano de obra, aunque las aperturas no se resienten como antaño. «La opinión general, no solo de la Asociación de Hosteleros de La Marina, es que la gente no se anima a trabajar en hostelería. Cada año hay muchas aperturas, pero son autoempleo y emprendimiento. Dan para vivir a uno mismo», concreta Boquete. n

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