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El rincón más francés de A Coruña está en el Ensanche: "Conduzco 7 horas hasta la frontera en busca de tesoros"

Mónica Arrojo lleva más de una década cruzando el país en busca de reliquias con las que vestir las mesas de la ciudad

Mónica Arrojo, propietaria de este anticuario francés de A Coruña.

Mónica Arrojo, propietaria de este anticuario francés de A Coruña. / Casteleiro

Delicados juegos de café del siglo XIX, jarrones art nouveau y trabajados violeteros de cristal con pies de argenté. Si hay algo parecido a una cueva del tesoro en A Coruña, ese es el coqueto anticuario que se esconde en el Ensanche y que Mónica Arrojo dirige desde hace más de una década.

En él, la restauradora ha creado un refugio para los platos, copas y centros que vestían las mesas francesas del pasado y que encuentran una nueva vida en los comedores coruñeses. Son reliquias de otros siglos, que Arrojo rescata personalmente en pueblos remotos de los Pirineos o de Burdeos, a los que se acerca en busca de los mejores brocantes.

Precisamente así, Brocante, es como ha bautizado su comercio, una tienda-taller en la que despacha sus objetos galos e imparte clases de restauración desde 2015. Comenzó de a pocos, con unos cuantos pop-ups ocasionales mientras mantenía su antiguo obrador de la Ciudad Vieja, y se acabó convirtiendo en un lugar de peregrinaje para los amantes del "arte de la mesa" fuertemente instalado en el número 4 de la calle Pintor Joaquín Vaamonde.

Brocante, el templo de las antigüedades francesas en A Coruña

La propietaria de Brocante, Mónica Arrojo, en su anticuario.

La propietaria de Brocante, Mónica Arrojo, en su anticuario. / Casteleiro

Como explica la propietaria, un brocante "no es ni un anticuario top ni un mercadillo", sino un mercado francés que ha querido traer a A Coruña con sus objetos colmados de historia. Objetos de los que Francia, con su rico pasado, está más que surtida. "Allí encuentro todos los tesoros, porque es un país que no tira nada. Un amigo anticuario me dijo que había unos mercadillos maravillosos y, ahora, mi marido y yo vamos como unas seis veces al año", cuenta Arrojo.

Para la dueña de esta tienda coruñesa de segunda mano, cada uno de esos viajes son "unas vacaciones", aunque, quizá, un poco maratonianas. "Conduzco unas siete horas hasta la frontera en busca de tesoros, porque vamos personalmente en furgoneta a recoger. Pero me gusta conducir. Hay que salir de la autopista e ir por los pueblos, porque muchos tienen vide‑greniers, que es cuando los vecinos se juntan en la plaza para intercambiar objetos que ya no usan".

La propietaria de Brocante, Mónica Arrojo, en su anticuario.

Mónica Arrojo, posando con algunas de sus piezas. / Casteleiro

Hace poco, cuenta, regresó de su última excursión al país galo, y ya está planeando la siguiente para engalanar con más maravillas el Ensanche. En abril se irá a explorar la Provenza, uno de sus lugares predilectos junto a Capbreton, con una probable parada estratégica en su ciudad natal: Madrid. "Nací allí, pero mi padre era de Arteixo y pasábamos aquí las vacaciones. Y, a los 28 años, me mudé. Como vagamos bastante, cuando hay mal tiempo podemos escaparnos", cuenta entre risas la propietaria de este anticuario de A Coruña.

Si extraña la Gran Vía o la Plaza Mayor, solo tiene que dar un giro de volante y regresar, con la excusa de hacer alguna entrega, al lugar en el que comenzó todo. "Recuerdo ir al rastro de Madrid con mi madre como quien iba a tomar un café. Tengo mucha tradición de antigüedades por ella y por mi abuela", dice Arrojo, para la que lo antiguo se han convertido en mucho más que una pieza de colección. "Son objetos que tienen un valor intrínseco. Las piezas que te han rodeado en tu casa son las que te sirven de refugio".

Cosas bonitas "para calmar la mente"

En sus más de diez años entre mercados franceses, por las manos de esta restauradora han pasado numerosos tesoros. "Hay vajillas muy bonitas, pero recuerdo especialmente una pareja de candelabros de Napoleón III. Nos lo compramos para casa, pero un cliente de Madrid se enamoró de ellos y tuve que venderlos", suspira.

Aunque a veces, como entonces, le cueste deshacerse de sus hallazgos, para esta anticuaria no hay mayor alegría que verlos cobrar vida en el salón de sus compradores. "Cuando me envían una foto de una de mis soperas en su mesa, me hace una ilusión enorme. Algunos hasta me preguntan cómo quitar los arañazos de la plata", dice Arrojo, que se enorgullece de haber construido "una comunidad" alrededor de su tienda.

Cada día, al caer la tarde, comparte sus últimos descubrimientos en redes con sus seguidores que, como ella, creen en el poder de las "cosas bonitas" para enfrentar el mundo. "Rodearte de belleza te calma un poco la mente, sobre todo en esta época de hostilidad en la que vivimos", asegura la propietaria, para la que todo mejora con un centro floral y "una cena en un plato mono".

Recientemente, la restauradora cumplió 60 años, y ya son algunos los que se preguntan por el fin de Brocante. Pero Arrojo se escandaliza ante la idea de retirarse y bajar la verja de su comercio. "No pienso jubilarme, en absoluto. Esto ya es una forma de vida", dice.

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