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Bramante: el restaurante italiano en A Coruña que fusiona sabor y arte renacentista

El local ha conquistado el centro con sus innovadoras masas y su colorida decoración

El equipo del restaurante, con el encargado Eric Pérez en el centro.

El equipo del restaurante, con el encargado Eric Pérez en el centro. / Casteleiro

La italiana es una de las gastronomías más populares del mundo y A Coruña no es ninguna excepción. La ciudad cuenta con numerosos restaurantes que ofrecen este tipo de recetas, ya sea en forma de pizzas, panuozzos o bocadillos napolitanos, o incluso pasta en versión takeaway.

Entre tanta oferta, más de un negocio ha buscado diferenciarse y hacerse un hueco en el corazón —y el estómago— del público. Uno de ellos, situado en el centro de la ciudad, ha ido un paso más lejos en su misión de desmarcarse, apostando por la espectacularidad desde que el cliente cruza sus puertas.

Y es que, en Bramante, no hay que esperar a sentarse frente al plato para sorprenderse. "El local es muy colorido, está ambientado en el Renacimiento. Tenemos una estatua de Zeus con gafas y hasta una columna romana", explica el encargado del restaurante, Eric Pérez.

Los visitantes lo tienen difícil, de hecho, para concentrarse en una sola cosa. La decoración no escatima en nada: hay elegantes lámparas, techos profusamente decorados, flores y fotografías rebosando por todos los rincones; y también un as bajo la manga para dar el golpe final en el banquete: una pizza negra reservada para los comensales más atrevidos.

Así es Bramante, el restaurante italiano de A Coruña con el que viajar en el tiempo

Bramante fue un arquitecto y pintor del Renacimiento, un movimiento caracterizado por el humanismo, la imitación de las figuras clásicas y las bóvedas con murales como la Capilla Sixtina. Precisamente, eso es lo que intenta recrear el restaurante coruñés que lleva su nombre, aunque con un toque gamberro, "entre gracioso y elegante", que lo conecta con la actualidad.

La carta también tiene ese punto rompedor que sorprende a muchos, sobre todo, con el que se ha convertido en su producto estrella: la Black Cheeeesy. Según cuenta Pérez, se trata de una "masa negra hecha con carbón" vegetal y cubierta de quesos blancos, que los coruñeses prueban por primera vez, admite, con cierta reticencia.

"La gente duda de si pedirla, porque parece que está quemada o piensan que sabe a carbón, pero no. Es una masa bastante esponjosa y ese toque con el queso la hace bastante rica", se adelanta el encargado, que saca pecho ante las propuestas del local.

BRAMANTE RESTAURANTE

El responsable de Bramante, Eric Pérez, en una de las mesas del local. / Casteleiro

La pizza de cúrcuma y jengibre y las pizzas light —un concepto extraño en la gran fiesta de carbohidratos que es la cocina italiana— son otros de los platos que aconseja a los que busquen "probar cosas nuevas". Pero los más clásicos también tienen un hueco en Bramante: "La mayoría de los restaurantes italianos solo tienen pasta y pizza. Nuestra cocina es ítalo-mediterránea, así que abarcamos más, como pato y lubina", explica Pérez, que ya trabajaba en el establecimiento cuando aún llevaba el rótulo del Fika.

Tras una década tras su mostrador en el número 10 de Fernando Macías, al gerente le tocó poner rumbo a Italia cuando el Grupo Settebello puso los ojos en el local. "Le hicieron una oferta al propietario y tiramos para adelante, pero del Fika aún nos queda la coctelería. Tenemos unas cuantas copas para la gente, así no hay que venir solo a cenar".

Una carta efímera

En este restaurante coruñés de cocina italiana no se estila lo de pedir siempre lo mismo. De hecho, cada seis meses, se vuelve prácticamente imposible.

En la sede madrileña del Grupo Settebello, los chefs idean continuamente nuevas cartas que modifican por completo la oferta de sus restaurantes. "Dentro de seis meses cambiará casi todo el menú de Bramante, salvo los platos que salgan mucho. A veces, el grupo también transforma el interior de los restaurantes, pero no sé si eso lo harán aquí, porque es muy grande", comenta Pérez.

Y es que el Bramante no es un proyecto de decoración que pueda emprenderse a las bravas. Sus cerca de 300 metros cuadrados lo convierten en un espacio imponente, en el que pueden comer más de un centenar de personas.

La mayoría de ellas llegan en busca de un restaurante de auténtica comida italiana, pero con la disposición de asomarse a nuevos sabores. Los más ansiosos tendrán que esperar a que avance un poco el calendario para hacer más descubrimientos y volver a sorprenderse con los menús de esta cafetería reconvertida en templo romano.

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