Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El Barrio de las Flores, el secreto mejor guardado de A Coruña: "Es de los mejores vecindarios de la ciudad"

El distrito de A Coruña, se define por sus calles sin salida, que propician un ambiente tranquilo y vecinal, aunque sus residentes lamentan el abandono institucional y la falta de rehabilitación prometida

Vecinos del Barrio de las Flores opinan de la zona

Inés Vicente Garrido / Casteleiro

A Coruña

El Barrio de las Flores no es un lugar de paso. Sus calles mueren en sí mismas y eso lo convierte en una pequeña zona "privada" dentro de la ciudad. Los vecinos definen su hogar como un remanso de paz donde el ruido del centro no existe y la confianza entre la gente todavía es ley. Es como un ecosistema único en A Coruña, donde el silencio de sus calles ciegas contrasta con el clamor de unos vecinos que exigen la rehabilitación prometida tras décadas de olvido institucional.

Entrar en el barrio es como cruzar una frontera invisible. Aquí el diseño urbanístico dicta la forma de vida: todas las calles son ciegas. Si entras por una, sales por la misma. Esta particularidad lo convierte en lo que Emilio Acción describe como una "isla dentro de A Coruña". "No hay tráfico de paso, no hay grandes fiestas nocturnas, solo paz", asegura el vecino.

Jesús, vecino del Barrio de las Flores

Jesús, vecino del Barrio de las Flores / CASTELEIRO

Jesús, que lleva media vida en estas calles, asegura que no necesita nada más de lo que ya ofrece la zona. "Aquí hay de todo, no nos hace falta que venga nadie a hacer ruido", afirma con la rotundidad de quien valora el descanso por encima de todo. Para él, la calidad de vida supera con creces la del centro de la ciudad. Marcelo Gabriel, vecino más joven que llegó hace dos años, coincide plenamente. "Lo mejor de este barrio es el silencio. Por la noche no escuchas nada, pero nada nada; bueno solo el pitido del camión de la basura", explica entre risas.

Pero no todo es idílico entre los bloques de hormigón que rodean el barrio. La arquitectura que un día fue modernista hoy muestra las cicatrices del abandono. "Los edificios llevan años sin recibir mantenimiento serio", señala Jesús quien sufre las goteras e inundaciones y las ve como un problema crónico "que nadie soluciona".

Paulina Gónzalez, vecina del Barrio de las Flores

Paulina Gónzalez, vecina del Barrio de las Flores / CASTELEIRO

Emilio pone el foco en un problema de seguridad pública que afecta especialmente a los mayores. El barrio carece de una separación adecuada entre aguas fluviales y residuales, algo que incumple la normativa actual. "Cuando llueve, el agua corre libre por las aceras, generando una capa de moho extremadamente resbaladiza. Mi madre se abrió la cabeza al caerse", denuncia Emilio con indignación. A su parecer el suelo de la mayor parte de las calles es un catálogo de parches. En zonas como la Plaza de los Castaños, Los Álamos o Los Pinos, conviven "miles de losas de diferentes épocas y materiales". "Cada una es de su padre y de su madre", bromea Paulina González, otra vecina de la zona, mientras lamentan que en otras zonas de la ciudad se proteste por un trozo de acera movible mientras ellos conviven con un pavimento totalmente deshecho.

"Lo que el Ayuntamiento no pone en cemento, lo ponen los vecinos en humanidad", asegura Emilio. Paulina confiesa que llegó hace 23 años con el miedo propio de quien escucha la "mala fama" que arrastró el barrio en el pasado. Sin embargo, hoy no cambiaría su casa en el Barrio de las Flores por nada. "Es de los mejores vecindarios de A Coruña", asegura. Existe una red de apoyo invisible pero real: "Si necesitas algo, alguien se ofrece seguro".

REPORTAJE BARRIO FLORES

Marcelo Gabriel, vecino del Barrio de las Flores / CASTELEIRO

Esa cohesión se nota en las fiestas. El nombre de David resuena entre la gran parte de los vecinos como el motor que organiza y "da vida a las celebraciones del barrio". Son eventos que generan orgullo y que demuestran que, a pesar de que para Marcelo, "el barrio esté algo envejecido", el espíritu sigue joven. Entre sus eventos más destacados está el Flores Rock o el Floresween, en la Víspera de Todos los Santos.

Para los vecinos que llevan décadas en el barrio, la verdadera tragedia no es solo el asfalto roto, sino el desconocimiento general de la ciudad. Paulina sostiene que existe una oportunidad perdida para quienes buscan un hogar de verdad, lejos del ruido y la frialdad del centro. "Muchos conservan una imagen distorsionada o anticuada de estas calles", explica la vecina que piensa que los coruñeses no saben que aquí se respira una seguridad y una paz que ya no se encuentran en otras zonas. Jesús coincide, auqnue prefiere que siga así: "No necesito que venga más gente para aquí, así estoy muy bien".

A nivel comercial, el barrio sobrevive con lo justo. Hay farmacias, una parada de taxis eficiente y un supermercado que, aunque pequeño, saca de apuros a los residentes. Marcelo, sin embargo, ve una oportunidad perdida en los numerosos locales vacíos en las plantas bajas. "Si alguien se animara a abrir un estanco o una farmacia más abajo, funcionaría", comenta. Los vecinos se ven obligados a desplazarse a zonas como Matogrande para compras específicas, algo que rompe esa idea de "vida de barrio" total que muchos anhelan. A pesar de esto, la comunicación es excelente; las paradas de autobús conectan la zona con Cuatro Caminos o El Corte Inglés en apenas unos minutos.

El sentimiento de ser "ciudadanos de segunda" pesa en el ambiente. Emilio recuerda que el barrio espera ya su quinto plan de rehabilitación integral. Han pasado alcaldes de todos los colores —Negreira, Losada, Ferreiro y ahora Inés Rey— pero las mejoras estructurales no terminan de materializarse.

El mensaje para el gobierno local es claro y directo: "Tienen que tener presente que votamos los que vivimos aquí, no los que vienen de visita". Los vecinos no piden lujos, piden que las losas no se muevan, que los edificios no tengan goteras y que el barrio que tanto aman deje de ser una pieza de museo del urbanismo para convertirse en un lugar digno para envejecer.

Falsos estigmas del pasado

David Pujades, secretario y tesorero de la Plataforma Vecinal del Barrio de las Flores, defiende al barrio como "una aldea dentro de la ciudad". Para él, la esencia de la zona coruñesa es la calma absoluta y un espiritú comunitario que invita a las nuevas familias a echar raices. "La gente que viene, viene para quedarse", asegura David, quien percibe que la zona vive un proceso de rejuvenecemiento. La seguridad actual del barrio es, precisamente, el mayor orgullo de la asociación. Frente a la imagen negativa heredada de los años ochenta, David defiende que hoy es un lugar "súper familiar". "Es el único barrio donde los niños pueden bajar solos a la calle porque no hay carreteras", explica, destacando que la tranquilidad de los padres "es total".

Barrio de las Flores

Barrio de las Flores / CASTELEIRO

Respecto a la falta de comercios, David reconoce que el negocio de proximidad "fue muriendo con los años", quedando apenas tres bares y un supermercado pequeño. Sin embargo, no lo ve como un drama insuperable al tener zonas como Matogrande o Eirís a un paso. Para el futuro, su deseo es sencillo: que nada cambie. "A mí me gustaría que siguiera igual", concluye, apostando por mantener intacta esa paz que convierte al Barrio de las Flores en un refugio privilegiado.

Tracking Pixel Contents