El chef con dos estrellas Michelín que enamora a Inditex con su chocolate: "Tengo mucha suerte"
Los dulces de este maestro cocinero son un clásico en las cestas de Navidad de la firma de Amancio Ortega

El chef Manuel García, conocido como Manuel Costiña. / LCO
Cada Navidad, más de 50.000 cestas aterrizan en las manos de los empleados de las tiendas, centros logísticos y de la central de Arteixo del grupo Inditex. Y siempre hay algún trabajador que desvela lo que esconde el regalo de la empresa fundada por Amancio Ortega.
Los dulces, bebidas y conservas que incluye siempre suelen ser de Galicia, una muestra de apoyo al lugar que vio nacer firmas mundialmente conocidas como Zara. Sin embargo, en el último lustro, hay un producto específico que se ha convertido en una constante: los chocolates de un afamado chef con dos estrellas Michelín, que parecen haber conquistado los paladares de Inditex.
Los dulces son obra de Manuel Costiña, encargado del famoso restaurante de Santa Comba Retiro da Costiña. De sus fogones han salido las aclamadas recetas que comercializa bajo la marca de Costiña Chocolat y que han tenido, por el momento, dos exitosas creaciones que se cuelan de forma persistente en los surtidos navideños de Inditex: las rocas de chocolate y los bombones de pistacho.
Así es el chocolate de Costiña Chocolat, el dulce que conquista a Inditex
Manuel Costiña es una de esas personas convencidas de que, de cualquier cosa, se puede sacar una lectura positiva. Incluso de la pandemia del coronavirus, sin la que no habrían existido las delicadas rocas de chocolate con las que endulza las navidades de muchos coruñeses.
El chef aprovechó la parada provocada por el COVID para experimentar con nuevos sabores y texturas para su restaurante. "Estaba con mi hijo Martín, que estaba aburrido y no paraba de tirarme de la chaqueta. Entonces cogí un postre que no nos salía, pero que tenía un crujiente que estaba muy rico, y se me ocurrió bañarlo en chocolate y dárselo para que me dejara en paz. Y le encantó", recuerda entre risas el cocinero.
Su hijo -que de aquella tenía cuatro años y hoy ya ha alcanzado la decena- aprovecha desde entonces para recordarle, "siempre que quiere algo", que él es el germen de un dulce que siempre se agota en Navidad. Solo lo producen durante los meses próximos a esa fecha, debido a la sensibilidad de estos postres a "un golpe de humedad o calor" o incluso al propio paso del tiempo, que "merma la calidad" del producto.
Las unidades que se fabrican -con cuatro tipos de chocolate: negro, blanco, con leche y dulcey- se agotan rápidamente, aunque parte de ellas tienen un comprador muy especial: la empresa que preside Marta Ortega. "Tengo mucha suerte de que la familia Ortega haya contado los últimos cinco años con nuestros productos, porque son de esos empresarios que deberían existir más en España. Ya me dicen que ocupo mucho espacio en la cesta", se ríe el chef, cuyas rocas estaban tanto en el surtido de Navidad de Inditex de 2021 como en la de los siguientes cuatro años.
A finales de 2025, le tocó el turno en el pack navideño de los Ortega a otras de sus creaciones recientes, unos bombones con los que se subió a la moda del pistacho. "Estaba en auge y también fue un éxito. En el centro llevaban solo pistacho y un poco de chocolate blanco, y un toque de sal en la cobertura para resaltar el sabor", explica.
Si habla en pasado es porque, en principio, esa creación ya no volverá a estar nunca más en venta. Fue una "edición limitada", como las que pretende ir ofreciendo al público durante los próximos meses.
Cuenta que, con estos chocolates, podrá "ser más creativo" y "estar presente en las tiendas todo el año", porque son más resistentes. "Ya tenemos tres o cuatro referencias que iremos sacando poco a poco. La siguiente va a ser de un café colombiano", adelanta Costiña, que ha visto, maravillado, cómo estos dulces retroalimentaban su bastión principal en Santa Comba.
Y es que son muchos los clientes que desconocían el restaurante y que se acercan a él a través de estas cajas colmadas de cacao y azúcar. "86 años de gastronomía no fueron capaces de llegar a un público que nos reconoce por el chocolate. Pero da igual. Como decía mi abuela, el caso es que vayan viniendo", se ríe.
Tres generaciones dando de comer a Galicia

El salón de sobremesa del Retiro da Costiña. / Ovidio Aldegunde
Fueron precisamente los abuelos de Costiña, Leonor y Secundino, los que abrieron el restaurante hace casi cien años. El local se puso en marcha en 1939 como una casa de comidas, que la pareja montó "como un sustento para la familia y para hacer su casa".
Ya entonces el lugar se hizo famoso entre los vecinos de Santa Comba, donde podía llegar a despachar hasta 600 kilos de pulpo un día de feria. Los padres del chef, Pastora y Jesús, "lo transformaron en lo que vemos hoy en día", "una experiencia gastronómica completa" que incluye propuestas como la mousse de trucha, la lubina asada y un vermut "con base de vino blanco gallego" que también ha hecho sus apariciones en las cestas de Amancio Ortega.

Steak tartar de vaca cachena madurado en agua marina, del Retiro da Costiña. / LCO
El chef todavía recuerda cómo recibieron la primera de las dos estrellas Michelín con las que cuenta el establecimiento. "Al principio, no sabes bien por qué te la dan, porque no te dicen los criterios. Alguien llamó por teléfono y nos lo dijo y, como no sabíamos qué significaba, seguimos trabajando", cuenta Costiña, cuyo local -distinguido recientemente entre los 15 mejores restaurantes de Galicia por la Guía Macarfi- se hizo con su segundo distintivo en 2024.
Sobre él recae "la presión de mantenerlas" y de seguir mejorando el restaurante. Pero tiene callo. "Yo nací en la casa de comidas, siempre andaba por medio. Y ya llevo 25 años trabajando. Los relevos generacionales no son fáciles, pero mis padres siempre me han apoyado", dice el chef, que asumió el mando hace poco más de una década.
Su hijo Martín, con el que hace la cena cada noche, sería la cuarta generación en el Retiro da Costiña, pero el tiempo debe aún echar sus cartas. "Ve el trabajo y el reconocimiento que reciben sus padres y le brillan los ojos. Pero no le forzamos a nada. Cuando duerme, a veces le susurro: 'Martín, si te equivocas, registrador de la propiedad'. Pero el mensaje subliminal no funciona porque, cuando le preguntan qué quiere ser, nunca lo dice", concluye entre carcajadas.
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