Dos décadas de la salida de Francisco Vázquez de la Alcaldía de A Coruña: así lo recuerdan seis protagonistas de la época
El socialista dejó la vara de regidor en 2006, tras casi 23 años en el puesto, para convertirse en embajador de la Santa Sede en un movimiento del que algunos opositores se enteraron por la prensa. La transición «tranquila» del mando hacia su sucesor se convirtió en desencuentro

Francisco Vázquez desciende por las escaleras del Palacio Municipal de María Pita. / VICTOR ECHAVE
«No es un adiós, porque yo nunca abandonaré La Coruña». Lo dijo Francisco Vázquez, alcalde de la ciudad desde 1983 y triunfador de seis comicios con mayoría absolutas, cuando se despidió del pleno municipal como regidor en febrero de 2006, para ocupar el puesto de embajador ante la Santa Sede que le había encomendado el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Entregaba el bastón a su segundo, Javier Losada, que asumió el 24 de marzo, tras un anuncio de la despedida causó pasmo a la ciudadanía: ediles de aquel entonces, del PP al BNG, recuerdan que se enteraron por la prensa o por rumores pocas horas antes de que se publicase.
Dos décadas después, Vázquez camina por la ciudad y hay quien aún tiene la costumbre de llamarlo alcalde, como él conserva la costumbre de preguntar a los periodistas que se le acercan de qué medio de comunicación son antes de decidir si responder o no. Pasados veinte años de que tomase rumbo a Roma, entre noticias de LA OPINION sobre negocios familiares y cambios de catalogación de su casa de la Ciudad Vieja, para una parte de la ciudad sigue siendo regidor emérito y es recordado con respeto por algunos opositores y con contundentes críticas por otros. Seis personalidades de la ciudad en aquel momento, desde políticos propios a contrarios pasando por voces de la sociedad civil, recuerdan aquella transición por «sorpresa» que, para bien o para mal (sobre eso hay discrepancias), inauguró «un tiempo político diferente».

Los protagonistas de la transición socialista: Javier Losada y Francisco Vázquez. / VICTOR ECHAVE
El exedil vazquista Carlos González-Garcés recuerda la intervención, «un poco de humor», que, considera, inició el proceso de salida. «El secretario de Estado de Asuntos Exteriores vino a la ciudad y Vázquez le ofreció una cena en el Ayuntamiento: salió en conversación que lo que más le gustaba era ser alcalde de La Coruña, y que únicamente dejaría de serlo si le nombraran embajador ante la Santa Sede», recuerda. Uno o dos meses después, en Madrid, le contó que se marchaba mientras tomaban un café. «Le dije, entré contigo y me voy contigo, pero me dijo que no podíamos dejar solo a Javier [Losada]» y el edil socialista continuó en una transición «muy normal, un cambio tranquilo».
El temor a perder la mayoría absoluta «claramente influyó»
Pero a Losada, admite González-Garcés, le tocó un papel «muy difícil», y lo hubiera sido para «cualquiera» por el gran peso moral y de liderazgo de Vázquez. Más tarde vendría la «ruptura» entre Vázquez y Losada, y el pacto del segundo con el BNG tras perder la mayoría absoluta en los comicios de 2007. «Yo era partidario de gobernar en minoría», puntualiza el exedil, que ocupó carteras como Seguridad o Cultura. Se rompió la continuidad soñada por Vázquez, que en su acto de despedida, un evento masivo en María Pita con ofrenda floral a la heroína, revista a las Milicias Honrada y Urbana y actuación de la Banda Municipal con el La, la, la de Massiel en homenaje a la defensa vazquista del topónimo en castellano, defendió que no se estaba produciendo una «sucesión», sino una «sustitución», pues, aunque cambiaba la persona, «en nada se modifica lo que empezó siendo un proyecto y hoy es una realidad imparable».
«Me voy invicto», dijo también Vázquez, en un acto multitudinario con la imposición de la Gran Cruz del Mérito Civil, otorgada por el Gobierno, pero también con pitidos y abucheos de funcionarios municipales, placeros de Elviña y miembros de la asociación Milhomes. La pérdida de concejales, recuerda el González-Garcés, ya sobrevolaba al PSOE, en las últimas elecciones que ganó Francisco Vázquez, en 2003. Consiguió los 14 ediles de la mayoría absoluta por la mínima, y «había habido un gran temor a perderla». Esto, cree el exedil, fue algo que «claramente influyó» en la salida del alcalde. Mar Barcón, que también era concejala por el PSOE en 2006 y que luego se convertiría en segunda de Losada para acabar acaudillando la agrupación local, recuerda la decisión, que le contó el propio Losada, con «sorpresa», pero también «me parecía normal después de más de dos décadas, tantas mayorías absolutas». Vázquez «siempre será recordado como el alcalde de los alcaldes, pero era un animal político, muy importante en el PSOE, con recorrido como diputado», por lo que dar el salto a la embajada, para Barcón, fue una continuidad normal.
Fin de un «periodo negro» o de un «gran alcalde»
Mario López Rico, entonces edil del BNG, comparte el recuerdo de sorpresa ante la decisión (se enteró a través de compañeros de grupo pocas horas antes de que se hiciera público), pero es mucho menos piadoso al evaluar los motivos de la marcha de Vázquez, que atribuye a «os seus propios erros dentro do partido, porque había un movemento cívico e porque no BNG, que fixemos unha oposición impenitente». Para López Rico, el vazquismo no es una etapa defendible, sino «un periodo negro da Coruña», una «dictadura caprichosa» de un regidor que la sometió a la «dictadura da construcción e da corrupción urbanística» con el pie «na gorxa da cidade».

Despedida en María Pita del regidor: pidió a la Banda Municipal que tocase el ‘La, la, la’ de Massiel. / VICTOR ECHAVE
Críticos como López Rico censuran decisiones de gestión que se tomaron con él como alcalde y acabaron siendo ilegalizadas y costando millones a la Hacienda municipal: como las expropiaciones de Someso y el edificio Fenosa. En 2007, el PSOE de Losada constituyó un Gobierno local bipartito con el BNG, algo que aceptó porque «á forza aforcan», añade López Rico, y esto «normalizou moitas cousas». El propio López Rico formó parte de ese Ejecutivo, como concejal de Rehabiltación.
Pero no todos los rivales políticos de aquel entonces son de la misma opinión. Para Eduardo Lamas, que fue concejal del PP en aquellos años y portavoz tras la marcha del ya fallecido Fernando Rodríguez Corcoba, es «absurdo» ignorar que en 2006 Vázquez dejó un legado de«gran alcalde». Su marcha fue, también para él, una «gran sorpresa», que le llegó por la prensa, y achacó la salida al desgaste de más de dos décadas como alcalde. También como una oportunidad política para un «cambio de Gobierno» en el Ayuntamiento, aunque ese tuvo que esperar hasta 2011, con una mayoría absoluta del PP de Carlos Negreira.
Aunque, si fuese por Lamas, compañero de estudios de Losada, se debería haber llegado a un acuerdo de gobierno entre PSOE y PP, una opinión que, cree, compartió Vázquez, pero no el regidor que lo sustituyó. Que no se produjera fue, defiende, una pérdida para la ciudadanía, y propició la eclosión de las mareas. «Vázquez hizo muchas cosas importantes, y no se puede negar, aunque teníamos otro planteamiento: él apostó por una ciudad de servicios y nosotros pensábamos más en la industria», recuerda Lamas. No es una excepción en su partido: el actual portavoz municipal popular, Miguel Lorenzo, ha manifestado su respeto por la figura de Vázquez.
Continuidad en las iniciativas, pero un «tiempo distinto» en la política
Tampoco es unánime la percepción de que la marcha del alcalde supuso un viraje. Para Mar Barcón, que convivió con el liderazgo político de Vázquez y Losada, hubo una «continuidad» con «naturalidad» y no una ruptura de políticas. «Se iba una persona que había revolucionado la ciudad, especialmente los barrios», destaca, pero también rememora la «ilusión» del cambio y señala que Losada continuó proyectos vazquistas, como el centro Ágora. El legado de aquella época de alcaldes del PSOE, defiende, va del paseo marítimo a la Casa del Agua, con centros cívicos, bibliotecas y reformas.

El exalcalde, ya embajador, con el papa Benedicto XVI. / OSSERVATORE ROMANO/HANDOUT
Pero en la época de la salida de Vázquez, reconoce, «con perspectiva, estábamos inaugurando tiempo distinto» en la política. «Era una figura con una huella enorme en la ciudad, movilizaba mucho el voto», pero luego vino un «tiempo político diferente, mucho más complejo, en el que no va a haber apenas mayorías absolutas, no solo en A Coruña sino en muchísimos sitios: Vigo es una excepción». Sobre la caída de tres ediles socialistas en las elecciones de 2007, las primeras sin Vázquez, Barcón puntualiza que «no lo limitaría a la marcha».
Una transición que no rompió la «buena relación y diálogo»
Si Francisco Vázquez fue alcalde durante casi 23 años, Domingo Verdini, que coincidió con él en el colegio, ocupó la presidencia de la asociación de vecinos O Castrillón-Urbanización Soto IAR durante un periodo todavía más largo, entre 1992 y 2018. Vivió desde este lugar destacado de activismo ciudadano la mayoría de los años vazquistas, y la totalidad de los de Losada, pero defiende que el cambio no supuso un gran cambio en las conversaciones con el Concello. «Tuvimos siempre buena relación y diálogo, salvo en la época del PP, que nos maltrató», rememora. Para Verdini, esto se debió en gran medida a que su asociación se aproximó al Ayuntamiento con un carácter que no era puramente «reivindicativo», sino buscando «cauces de estudio y diálogo». «Siempre nos hemos caracterizado por ser serios, cuando hacíamos una propuesta, previamente la estudiábamos, iba con un estudio previo y así era difícil negar el diálogo», defiende el histórico líder vecinal, aunque cree que «no todo el mundo optó por esta vía».
Por el mismo motivo, considera que la buena relación con el Concello no fue un «sentimiento generalizado en el movimiento vecinal». Pero en su barrio, defiende, la época de alcaldes socialistas fue un periodo de desarrollo.«Cuando se aprueba el primer Plan General de Ordenación Municipal (PGOM) con una corporación democrática, en el barrio no había un solo metro cuadrado de zonas verdes, ni equipamientos ni espacios públicos», recuerda, y si bien con Rafael Bárez se hizo un «proyecto a largo plazo», la ejecución, tras «muchos años de lucha y trabajo», llegó con los socialistas.
«Con Losada se empezaron a sacar concursos de diseño de proyectos»
Alberto Usain presidió la delegación coruñesa del Colexio de Arquitectura de Galicia (COAG) entre 1999 y 2007, y reconoce que tuvo «algunos enfrentamientos» con Francisco Vázquez. El arquitecto realizó para el Ayuntamiento, pero también se opuso a una larga serie de decisiones municipales como la demolición de la Casa del Cura o el asilo de Adelaida Muro, las «horribles» terrazas de María Pita o el diseño de la fachada marítima, que, defendía Usain, tenía que utilizar como modelo Bilbao, y no Baltimore. Y Vázquez, critica, presidió un intento de mancomunidad entre A Coruña y municipios del entorno en el que «no hizo nada, y seguimos sin transporte metropolitano». El apartado urbanístico, cree Usain, fue uno de los «puntos negros» del regidor.
Pero también admite que hubo «complicidades» y que el alcalde socialista sumó «muchos aciertos», como la apuesta por los museos o elegir al catalán Busquets para el diseño de la fachada marítima. «Losada lo ratificó como autor del plan general» que saldría en 2013, pero «se fue de A Coruña porque lo torearon de mala manera». Usain, que recuerda que se enteró de la marcha de Vázquez en una exposición en el kiosco Alfonso, reconoce a su sucesor que convocó concursos para determinar el diseño de proyectos, entre los que cita la Marina o la Fundación Luis Seoane. «Vázquez no los convocaba, y hacen que la ciudadanía hable de lo que se va a hacer, y se involucre», argumenta.
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