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Así es la ruta de la cascarilla en A Coruña: 5 locales donde aún puedes disfrutar de este producto

El pequeño comercio mantiene vivo este emblema, que nació como el café de los coruñeses más humildes

Isabel Anidos, de El Riojano, con la cascarilla.

Isabel Anidos, de El Riojano, con la cascarilla. / Carlos Pardellas

No hace mucho, disponer de unas onzas de chocolate era un símbolo de riqueza. Después de un largo viaje, los cargamentos de cacao descargaban en el puerto de A Coruña para seguir dos caminos muy distintos: uno, el de sus frutos, que acababan en el estómago de las familias más pudientes; y, otro, el de las cáscaras -coloquialmente conocidas como cascarillas-, que terminaban en el bolsillo de los más humildes.

Desde allí, el producto -que no era mucho más que un desecho- se infusionaba en agua o leche caliente para llenar la boca con los ecos del cacao o simular el café. Una práctica que les valió a los coruñeses el apodo que aún ostentan, cascarilleiros, y que tenía entonces una connotación diferente.

"Nos llamaban cascarilleiros como burla, porque era de pobres. Pero nosotros lo cogimos con cariño", afirma con orgullo Rosi Novoa, empleada de Comestibles Maianca. El suyo es uno de los escasos locales de A Coruña que todavía vende este artículo en la ciudad, donde sobrevive gracias a unas pocas fábricas artesanas. Unos proveedores que se reducen año tras año, al sustituir la compra de grano por la pasta industrial de cacao.

En A Coruña, Chocolates Mariño es la que surte a la mayoría de los comercios cascarilleiros de la urbe, que hoy pueden contarse con los dedos de las manos. Aunque no por falta de demanda. "Cada vez hay más gente que la prueba y, quien lo hace, repite", asegura Carmen Pico, propietaria de Azafranes Bernardino, el negocio más antiguo de la ciudad.

MAIANCA TIENDA CASCARILLA

Bolsas de cascarillas de Comestibles Maianca. / Casteleiro

La misma sensación de auge la comparten desde El Riojano. El ultramarinos, que lleva mucho en la calle del Orzán, ha visto cómo la cascarilla ha ido aumentando su consumo con el paso del tiempo, ya sea por nostalgia o porque la gente la "descubre" en el pequeño comercio.

"Mucha gente nos dice que lleva tiempo buscándola, pero que no la encontraban. Sobre todo, gente mayor o gente joven que conoce la cascarilla porque la recuerda de sus abuelos", cuenta la dueña del local, Isabel Anidos.

Y es que es precisamente la añoranza y la tradición lo que impulsa la supervivencia de este artículo en la urbe. Y también la curiosidad: "Nosotros vendemos a toda Galicia y también viene mucha gente de Madrid que se lo lleva para curiosear", explica Kenia Cruz, de Casa Cuenca, que tiene la receta perfecta para preparar la cascarilla: infusionar una cucharada sopera en 200 mililitros de agua, colarla y echarle un poco de leche.

La gerente indica que "la subida del precio del chocolate y el café también ha influido" a la hora de construir una clientela fiel para la cascarilla, que vuelve a convertirse en un sustituto en las tazas de los hogares más humildes. Aunque ni siquiera un producto así ha podido escapar del fantasma de la inflación.

Desde A Tenda de Albi, Suso Rial lleva vendiéndola diez años y ha notado la subida. "El cacao está carísimo y eso ha subido el precio de la cascarilla. Antes se tomaba en escasez, era un producto de pobres. Y ahora no es caro, pero sí que subió", dice.

Su futuro es, coinciden todos, bastante incierto a estas alturas. La reducción sistemática de las fábricas artesanales y el desconocimiento de las nuevas generaciones son las principales amenazas de este alimento emblemático, que los comercios coruñeses seguirán vendiendo mientras haya quien, como ahora, quiera descubrir a qué sabía A Coruña hace un siglo.

Comestibles Maianca: "Mientras queden fábricas, venderemos cascarilla"

MAIANCA TIENDA CASCARILLA

Rosi Novoa, empleada de Comestibles Maianca, con sus bolsas de cascarilla. / Casteleiro

Comestibles Maianca es uno de los últimos locales de A Coruña que se ha apuntado a la moda de la cascarilla. Comenzó a venderla hace apenas un mes y, por el momento, la acogida ha sido buena.

Cuenta Novoa que el producto "está teniendo mucho éxito", especialmente entre los mayores. "Todos los días viene gente y se la lleva. Los clientes nos dicen que les trae recuerdos de otros tiempos, es algo muy sentimental", aseguran desde el local, un forofo reconocido de los alimentos más tradicionales.

La cascarilla la consiguen en Chocolates Comes, una fábrica valenciana que también les surte de chocolate artesano y miel con cacao. En el establecimiento, la cáscara de este producto se puede conseguir por 3,65 euros en una bolsa que contiene 150 gramos, y que seguirán vendiendo "mientras queden fábricas" que les provean.

Azafranes Bernardino: "La cascarilla es un artículo de lujo, no la hay"

Azafranes Bernardino Carmen Pico gerente

Carmen Pico, gerente de Azafranes Bernardino. / Carlos Pardellas

Lo que comenzó con un tanteo en Azafranes Bernardino se acabó convirtiendo en una tradición. "Siempre que vamos a sacar un producto, antes damos pruebas. Eso hicimos con la cascarilla y a la gente le encantó", cuenta Carmen Pico.

Es tal el éxito que la propietaria ha preparado incluso una infusión propia, la Cascarilleira, en la que mezcla la cáscara con hierba luisa, menta y estevia pura en hoja, apta para quienes no pueden consumir azúcar. Con la escasez de cascarilla, prepararla requiere planeamientos tácticos. "Siempre me quedo con un poco para mí y así puedo producir la infusión. La cascarilla hoy es un artículo de lujo, porque no la hay", dice la propietaria.

Ella encontró a Chocolates Mariño y, desde entonces, no lo suelta, porque le ofrece lo que llevaba tanto tiempo buscando: una cáscara "de calidad", que no esté tratada y que conserve el cóctel de "fibra, magnesio y antioxidantes" que su clientela compra a 3 euros los 200 gramos.

Aunque cada una la prepara como quiere, la mayoría de sus compradores sigue unos pasos parecidos. Primero, infusionan la cascarilla en agua durante "tres cuartos de hora a fuego lento" y después la cuelan para darle el toque: mezclarla con leche caliente y disfrutarla.

El Riojano: "Los jóvenes no saben lo que es la cascarilla"

el riojano ultramarinos coruna

Isabel Anidos, dueña de El Riojano. / Carlos Pardellas

Muchos de los clientes de El Riojano tienen una jarra de cascarilla en la nevera que van vaciando "una o dos veces al día". Sobre todo, gente mayor, ya que las nuevas generaciones desconocen qué es o para qué sirve este producto típico coruñés.

"Los jóvenes no saben lo que es ni la consumen", dice Anidos, que teme por el futuro de este artículo cuando los compradores de 40 o 60 años ya no acudan al negocio. "No creo que los nuevos la vayan a consumir. Además, sigue sin producirse cascarilla".

Casa Cuenca: "Es increíble que se siga manteniendo esta tradición"

CASA CUENCA CASCARILLA

Kenia Cruz, propietaria de Casa Cuenca. / Casteleiro

Kenia Cruz lleva en Casa Cuenca cinco años y, desde entonces, siempre ha vendido cascarilla. En este local de A Coruña puede encontrarse a 4 euros la bolsa de 250 gramos, aunque solo entre febrero y marzo.

En verano, el establecimiento no suele tener cáscara de cacao por los problemas de suministro que padece, un obstáculo que espera que no trunque una costumbre tan coruñesa. "Es increíble que se siga manteniendo esta tradición en 2026, sería genial que continuase", dice la gerente.

A Tenda de Albi: "Ahora la mayoría de las empresas compran pasta de cacao"

TIENDA ALBI CALLE TORRE

Albi Rial, la dueña de A Tenda de Albi, en su establecimiento. / Casteleiro

Suso Rial -copropietario de A Tenda de Albi junto a Albi Rial- ha visto como, una a una, las empresas clásicas de chocolate que conocía cambiaban el cacao por la pasta industrial. "Ahora la mayoría compran pasta de cacao", lamenta el copropietario del ultramarinos, que asegura que Chocolates Mariño es "una de las pocas" fábricas que no ha caído en la tendencia.

A él le compran, como muchos otros comercios locales, la cascarilla con la que comercian en el número 15 de la Rúa do Traballo. Los clientes que la adquieren pagan 2,95 euros por 200 gramos y son, normalmente, personas mayores o jóvenes que siguen "alguna dieta especial".

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