Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La Buena Vecindad

La iniciativa contra la soledad no deseada que une a vecinos en A Coruña: «Tenemos ya hasta un grupo de WhatsApp»

El proyecto ‘La Buena Vecindad’ de Cruz Roja busca «generar redes de apoyo» para prevenir ese sentimiento en las personas mayores. Usuarias y un voluntario de Os Rosales cuentan qué les aporta: «O obxectivo é facer comunidade»

De izq. a dcha., Marali Vázquez, Puri Brandariz, Lucía Carballido, Xosé Seoane, Avelina Rivas, Juana Fernández, Lola Fernández, Virginia Pose, Conchi Núñez y Emma Varela, en la plaza Elíptica.

De izq. a dcha., Marali Vázquez, Puri Brandariz, Lucía Carballido, Xosé Seoane, Avelina Rivas, Juana Fernández, Lola Fernández, Virginia Pose, Conchi Núñez y Emma Varela, en la plaza Elíptica. / Casteleiro

A Coruña

España cuenta, por primera vez, con una estrategia estatal para prevenir, detectar y combatir la soledad no deseada, que afecta ya a una quinta parte de la población. Una hoja de ruta que, entre otras medidas, propone la creación de «redes comunitarias de apoyo» para evitar que los ciudadanos lleguen a tener ese sentimiento. El mismo enfoque que el área de Personas Mayores de Cruz Roja en A Coruña impulsa, ya «desde la pandemia», a través del proyecto La Buena Vecindad, con la colaboración del Ayuntamiento, y en el que trabajan con las comunidades vecinales. Desde su entrada en funcionamiento, en 2022, en torno a un centenar de personas mayores y más de 50 vecinos han participado en la iniciativa que, tal y como subraya Juana Fernández, usuaria de Os Rosales, les «ha aportado mucho». «Ese ratito de estar juntas y compartir nuestras vivencias con Xosé [voluntario]... Te motiva a relacionarte más, a salir...», resume.

«Juana es usuaria del servicio de teleasistencia y la persona con la que yo hablé, en un primer momento, en esta comunidad de Os Rosales, identificando una sensación de soledad, por cambios...», apunta Emma Varela, técnica del área de Personas Mayores de Cruz Roja referente de La Buena Vecindad, a lo que la aludida agrega: «Ya mi madre tenía la teleasistencia, y yo había quedado encantada porque me ayudaron muchísimo con ella. Así que, cuando mis hijos se fueron casando y empecé a quedarme sola (soy viuda), los llamé. Vinieron un día a casa, me dieron el servicio y, ya después de la pandemia, Emma me dijo que querían promocionar aquí una cosa para las personas que estamos solas, y me puso a mí de referente. Yo tengo mucho contacto con la parroquia del barrio, algunas ya nos conocíamos y unas fuimos trayendo a las otras», detalla Juana, antes de invitar a una de sus compañeras, Avelina Rivas —«¡Avelina, Avelina! Ven a explicar cómo empezamos con el grupo», le reclama—, a unirse a la conversación.

«A mí me contó Juani que Cruz Roja quería empezar con esto, entonces ya me uní a ella, quedamos y, desde aquella, estamos en el grupo con el ‘señor Xosé’», comenta Avelina, entre risas, mientras señala a Xosé Seoane, voluntario de Cruz Roja, quien, a su vez, responde al gancho con una mirada de complicidad.

El valor de los recuerdos

«Eu fíxenme voluntario da Cruz Vermella fai un ano, no momento en que me xubilo e son dono do meu tempo. Sentíame un pouco obrigado a devolverlle á sociedade todo o ben que se portou comigo, xa que sempre tiven moita sorte. Decanteime por Cruz Vermella porque me parecía a entidade que me podería ofrecer máis oportunidades e garantías. Púxenme en contacto co equipo de Sada (antes vivía alí e era profesor no instituto desta localidade, polo que xa tiña tratos con eles, porque participaba en actividades), e deriváronme para A Coruña. Estou tamén noutras seccións, dando cursos de galego e castelán, pero chamoume Emma para este proxecto e, ademais, como eu agora vivo nos Rosales...», expone Xosé, mientras Emma Varela puntualiza: «No siempre coincide que el voluntario del grupo resida en el barrio donde se lleva a cabo el proyecto, pero en este caso sí era así, y por eso se planteó que Xosé participase, en concreto, en esta comunidad».

SOLEDAD MAYORES CRUZ ROJA

Juana Fernández (centro), muestra su retrato de juventud, junto a Avelina Rivas (izq.) y Lola Fernández (dcha). / CASTELEIRO

«Comenteille a Emma que me parecía moi interesante facer unha actividade enfocada nos recordos, porque observo, pola miña propia familia (miña nai ten 94 anos), que á xente gústalle falar sobre como era a súa vida antes, que cousas facían... Pero, sobre todo, porque os tempos cambiaron moito e, neste grupo, todas son mulleres... E as mulleres, hoxe en día, téñeno máis difícil, pero antes, moitísimo máis. Eu sabíao, pero escoitándoas contar e falar da súa vida, de como vivían cando eran novas, como casaron, como tiveron os fillos, o moito que tiveron que pelexar... Como que che refresca. De feito, eu sempre digo que é unha pena que neste grupo non se animasen aínda a participar homes...», añade Xosé.

Y es que, hasta ahora, todas las integrantes de la comunidad de La Buena Vecindad de Os Rosales responden a un mismo perfil: mujeres mayores, la mayoría viudas y que, en casi todos los casos, viven solas. «As cousas cambiaron moito, co paso dos anos, nos vecindarios. Antes eramos máis familia, porque a había. Eu, por exemplo, vivo soa. Son de Curtis, e vinme para A Coruña no 61. Onde vai iso! Cando cheguei a aquí, instaleime en Catro Camiños, de habitación, e antes de vir para Os Rosales estiven en Santa Margarida, 38 anos», rememora Lola Fernández, viuda desde hace ya un par de décadas, con una hija y una nieta, de 20 años también. «A neta está cos pais (coa miña filla). Estamos pretiño. Cadrounos así», indica Lola, a lo que Xosé añade: «Eu vin vivir aos Rosales no 94, o que pasa é que logo marchei, pero agora volvín, ao xubilarme. Os meus fillos criáronse neste barrio. O maior ten 38 anos e o outro 35, e tamén viven aquí. Estamos a 150 metros, e encantados da vida. Os Rosales é un barrio especial. Polo menos, eu síntoo así».

«Yo tengo una confusión tremenda, porque viví mucho tiempo en el Barrio de las Flores. Ahora ya no sé si digo un barrio u otro, me equivoco siempre», apunta Conchi Núñez, quien sostiene que, por aquel entonces, «en el Barrio de las Flores, en vez de vecinos» eran «amigos», aunque «eran otros tiempos». «Para que te hagas una idea, una vecina que vivía en el 3º de mi bloque tenía una televisión a color, y todos los vecinos fuimos a su casa para ver Eurovisión en color. Por eso, cuando me trasladé a Os Rosales, al principio, me causó un poco de depresión, porque ya me vine viuda, ya que mi marido murió, poco antes de mudarnos, de manera repentina. Me costó unos seis meses adaptarme, porque no conocía a nadie, así que me apunté a clases de baile en el centro cívico. A partir de ahí, empecé a tener amigas aquí y ahora estoy encantada. Hoy me deprimiría si me mandasen otra vez para allá. ¡Fíjate cómo cambian las cosas teniendo un grupo!», resalta.

Un grupo que, en este caso, se reúne cada 15 días, «durante una hora, más o menos». «Se non houbera que deixar o sitio para outros, igual aínda seguiamos...», refiere Lola, con sorna, provocando las risas de sus compañeras.

Álbum y documental

Toma de nuevo la palabra, en este punto, Xosé Seoane, voluntario del proyecto, para detallar cómo se desarrollan esos encuentros. «Aparte de falar e contarnos as nosas vidas, queriamos facelo de maneira ordeada, así que establecemos como obxectivo facer un álbum de fotografías, e tamén gravar as intervencións delas e despois facer un documental», explica Xosé, y pormenoriza: «O álbum ten catro fotografías de cada unha delas. Desas catro, eu escollín unha, e enmarcámolas para facer a exposición, o mesmo día que se presentou o documental».

«Esta soy yo con mi hermana. ¿Ves? Íbamos a la escuela con zuecas», exclama Avelina, mientras Xosé muestra algunas de las imágenes del álbum. «Mira, esta é unha das fotografías de Virginia, datada en Tines, no concello de Vimianzo, do ano 64. Ten unha revista musical, Ondas, e a portada do Dúo Dinámico», subraya el voluntario de Cruz Roja, con entusiasmo.

SOLEDAD MAYORES CRUZ ROJA

Detalle del álbum fotográfico realizado por las integrantes del grupo de ‘La Buena Vecindad’ de Os Rosales. / CASTELEIRO

«A que sae comigo na foto é a miña irmá Amparo», aclara, con un poso de nostalgia, Virginia Pose, protagonista de la instantánea en cuestión. «Eu vin para A Coruña cando me separei. Cheguei cunha bolsa de plástico na man, 20 euros e mais dúas fillas. Custou moito, é a verdade, pero grazas aos fillos, que é o que mellor me saíu neste mundo... Haberaos tan bos, pero mellores que os meus... Xa che digo que non!», reivindica, orgullosa.

«Algunas ya nos conocíamos del barrio y del centro cívico. En mi caso, por ejemplo, llevo en Os Rosales 25 años, pero no conocía a nadie cuando vine, salvo a Avelina, porque yo trabajaba (hace poco que me jubilé) y hacía toda la vida en el centro. Por medio de ella, entré en contacto con este proyecto de Cruz Roja, y fenomenal», explica Puri Brandariz, divorciada «desde hace muchísimos años». «Vivo sola, porque ya mis niños hacen vida independiente, deseando ser abuela... ¡Es lo que hay! Uno está fuera, el otro aquí, pero ya no vive conmigo», expone.

«Avelina me presentó a mí también», señala Lola, aunque la aludida matiza: «Fue una cadena: yo estoy aquí por Juani, Puri está por mí...».

Lucía Carballido, por su parte, destaca que esta comunidad de La Buena Vecindad de Os Rosales les ha aportado «muchas cosas», entre ellas, el conocerse «más». «Yo ahora soy viuda, desde hace unos meses no resido en el barrio, pero aquí sigo, y estoy muy contenta. Conchita fue la que me metió en el grupo. Ahora estoy viviendo con mi hija, pero me gustan mucho las reuniones que tenemos, por eso no me importa coger el bus y venirme corriendo hasta aquí para verlas», asegura.

Aprendizaje «mutuo»

«Na última reunión que tivemos do ‘curso’ pasado, por así dicilo, xa presentamos un pouco a idea do que imos facer no novo ‘curso’, que imos comezar en abril», anticipa Xosé, e interviene Emma Varela, técnica del área de Personas Mayores de Cruz Roja referente de La Buena Vecindad, en este punto, para recalcar: «Esto es algo a lo que hay que ponerle valor. Los grupos se reúnen y deciden en conjunto qué es lo que se va a hacer. En este caso, Xosé propone ideas y van organizando todos juntos».

«Nesa última xuntanza, quedamos en que, neste novo ‘curso’, iamos centrarnos na Coruña de onte e hoxe. En lugar de reunirnos a sentarnos e falar, imos reunirnos a pasear por distintos lugares da cidade: Xardíns de Méndez Núñez, Cidade Vella, Cemiterio de Santo Amaro... A idea é ver os recordos que elas teñen de como eran (apoiándonos, tamén, en fotografías antigas e demais) e o que son hoxe en día, permitíndonos achegarnos, tamén, á historia da Coruña», prosigue el voluntario que coordina el grupo, quien reivindica este proyecto de Cruz Roja como un aprendizaje mutuo. «Como docente, eu xa aprendía moito dos alumnos. E, agora, como persoa, nesta actividade aprendo moitísimo tamén. De feito, unha das nosas reivindicacións é que este proxecto non é só para persoas maiores. Queremos que nos acompañe quen queira (coa nova actividade comezaremos en abril, despois de Semana Santa, e será os venres pola tarde), porque todo o mundo ten moitísimas cousas que aportar e ensinar: mulleres, homes, maiores, mozos, mozas... O obxectivo é facer comunidade», subraya.

SOLEDAD MAYORES CRUZ ROJA

Los usuarios revisando sus álbumes de recuerdos / Casteleiro

 «Pertenecer a esta comunidad nos ha aportado mucho a todas. Ese ratito de estar juntas, y de compartir nuestras vivencias con Xosé... Te motiva a relacionarte más, a salir...», reconoce Juana, quien insiste en que «de todas las compañeras sacas algo», y recalca: «Cada una aporta una historia, y son todas muy bonitas. Está siendo una experiencia extraordinaria. También quedamos por nuestra cuenta para pasear por el barrio, tomar un café... Tenemos ya hasta un grupo de WhatsApp». Otra manera de «estar conectadas».


Emma Varela, técnica del área de Personas Mayores de Cruz Roja: «Los mayores echan en falta la cercanía de vecino a vecino»

‘La Buena Vecindad’ cuenta con ocho comunidades activas en la ciudad

SOLEDAD MAYORES CRUZ ROJA

Emma Varela. / CASTELEIRO

«La Buena Vecindad empezó en 2022, aunque se venía gestando desde 2021, a raíz de lo vivido en la pandemia», apunta Emma Varela, técnica del área de Personas Mayores de Cruz Roja referente del proyecto, quien detalla que, «gracias a la base de datos» de la entidad y «al trabajo que se hizo durante el confinamiento», pudieron «detectar cosas que, quizás, en otra situación, pasaban más desapercibidas». «Por ejemplo, para todo había que pedir cita a través de internet; el contacto con nuestra red de apoyo era virtual... Las personas mayores fueron las más perjudicadas en esa situación, y eso va de la mano de los sentimientos de soledad», subraya.

«La idea» de La Buena Vecindad, expone, «es unir generaciones en un mismo edificio», de modo que «se puedan beneficiar unos de otros». «Por ejemplo, yo te puedo echar una mano para pedir una cita online y tú puedes cuidar de mi gato cuando no estoy en casa», explica Varela, quien especifica que, en la actualidad, el proyecto cuenta con «ocho comunidades activas en la ciudad».

«Desde 2022, hemos trabajado con 101 personas mayores y con 53 vecinos», indica, sobre una iniciativa cuyo funcionamiento detalla así: «Detectamos a la persona mayor en situación de soledad, hacemos una visita domiciliaria y tenemos el primer contacto con la comunidad. Pedimos siempre una referencia (a quién conoce en el edificio), indagamos, comentamos el proyecto con los vecinos y realizamos un primer encuentro para ver quién puede estar interesado en participar. A partir de ahí, se van convocando reuniones en las que proponen cosas que pueden hacer entre todos, para generar una ‘red de apoyo’ y recuperar ese trato más cercano y familiar que había antes. La idea es recuperar lo que las personas mayores entienden por comunidad: la cercanía de vecino a vecino que echan tanto en falta».

TEMAS

Tracking Pixel Contents