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La mercería más antigua de A Coruña que inspira a las influencers: "Tengo un millón de botones y algunos ya no se hacen"

La tienda de Menchu Murillo, abierta desde 1939, vive una segunda juventud gracias a creadoras de contenido como Paloma Gras

"Me están pidiendo broches de toda España", asegura la propietaria del establecimiento

La dueña de Cándida, Menchu Murillo, con su hijo Enrique.

La dueña de Cándida, Menchu Murillo, con su hijo Enrique. / Carlos Pardellas

Un botón único o un broche bonito pueden revitalizar por completo una prenda. Lo sabe bien la dueña de mercería Cándida, Menchu Murillo, que lleva cerca de 15 años despachándolos en su local de la calle San Andrés.

El negocio, activo desde 1939 -"o quizá antes"-, pasó a sus manos a principios de los 2000 para convertirse, casi sin quererlo, en un punto de inspiración para armar outfits con personalidad. Paloma Gras, la conocida estilista e influencer residente en A Coruña, abrió la veda compartiendo uno de sus broches por redes sociales y convirtiendo "lo que la gente antes pensaba que era de mayores" en algo que, de repente, volvía a ser "estiloso".

"Paloma ya era clienta de aquí y tiene una personalidad y unos gustos muy definidos. El pasado otoño compró un imperdible grande que tenía en el escaparate, le dio visibilidad y ahora me están pidiendo broches de toda España", cuenta la propietaria de este histórico comercio coruñés, que ha tenido que ampliar su catálogo de prendedores.

Mercería Cándida Menchu Murillo

Los imperdibles de la mercería Cándida. / Carlos Pardellas

Actualmente, el negocio cuenta con cerca de una treintena de modelos, con colores, formas y decoraciones para todos los gustos. Y también con muchos jóvenes que acercan su rostro al expositor con curiosidad, imaginando cuál será el más adecuado para ese conjunto olvidado en el armario que necesita un soplo de aire fresco.

La segunda juventud de Cándida: de mercería clásica de A Coruña a marcar tendencia

Estas caras nuevas, dice Murillo, han sido, en realidad, una constante en los últimos años, en los que ha podido ver cómo el público se renovaba. "Está apareciendo una clientela más joven que se está haciendo su propia ropa o que viene a por alfileres, broches y cosas para el pelo", asegura la dueña, que no ha dudado en unirse a la nueva ola.

Prueba de ello son sus diademas, minimalistas y en tonos marrones, que -dice en redes el negocio- "a Carolyn Bessette le encantarían". "Yo las tengo desde siempre, pero Paloma viene y me dice que son ideales y que las va a poner en Instagram", cuenta con humor Murillo, quizá ya acostumbrada a moverse entre tesoros.

Con sus casi 90 años de historia, en los estantes de la mercería más antigua de A Coruña hay toda clase de artículos únicos. Los delicados abanicos y las flores de solapa -dos de los superventas del local-, conviven con el producto favorito de la propietaria, los botones, algunos de ellos "antiquísimos".

Mercería Cándida Menchu Murillo

Algunos de los botones de la mercería Cándida. / Carlos Pardellas

No por nada la mercería Cándida es, para su dueña, una auténtica "casa de los botones". "Tengo un millón de botones y algunos ya no se hacen o son muy difíciles de conseguir hoy en día. Ahora todos los botones son iguales, pero aquí tengo unos antiguos, grandes y muy distintos, que son una pasada", dicen con pasión desde el negocio.

Todos, incluso los más antiguos, se encuentran a la venta, aunque hay alguno desparejado que Murillo se guarda "para una ocasión especial". Los demás acaban reluciendo en las chaquetas que se pasean por A Coruña, llenando sus calles -puede que sin saberlo- de cientos de historias que se han perdido con el paso de los años.

Un museo de los años 30 en pleno San Andrés

Los broches, los botones y las pasamanerías no son las únicas reliquias que guarda Cándida. Esta mercería tradicional de A Coruña conserva todo tal y como estaba en 1939, con su escaparate enmarcado en madera y su suelo de baldosas rojas y verdes.

Por él, han llegado a pasar hasta tres generaciones de la misma familia. "Mucha gente llega y me dice que antes venía con su abuela, o que estaba de aprendiza y venía a por botones", explica Murillo, que tomó las riendas del negocio en 2014.

Mercería Cándida Menchu Murillo

Menchu Murillo, rebuscando entre los tesoros de su mercería. / Carlos Pardellas

Fue un paso natural después de tres años como empleada en el comercio, al que llegó prácticamente por accidente. "Yo estudié Magisterio, pero siempre me ha gustado coser y estaba buscando trabajo. Una conocida me dijo que necesitaban a alguien aquí y me cogieron", recuerda la propietaria del comercio, que, en su época de máximo esplendor, llegó a contar con varios empleados.

Desde el principio, se trató una mercería familiar, que fue atravesando las décadas hasta llegar a Murillo. Primero la llevó "una señora que se llamaba Ruperta", después "Mercedes y luego su nieta, Marisa Silva", la antigua jefa de Menchu, que le ofreció quedarse con el local.

Desde entonces, la actual propietaria lleva el negocio con su hijo Enrique, siguiendo la misma máxima que tenía cuando comenzó como trabajadora: "Atender a la gente como me gustaría que me atendieran a mí". Especialmente a quienes vienen "un poco perdidos" -normalmente, jóvenes que están empezando a coser- y a los que trata de orientar "como solo puede hacer el pequeño comercio".

Si no tiene algo de lo que necesitan, no duda en mandarlos a otro de los negocios icónicos del barrio, La Crisálida, la mercería más viral de A Coruña. Y es que, como indica la propietaria, en la calle San Andrés no hay rivalidad. "La clientela de la ciudad vienen tanto a esta mercería como a la otra. Yo le mando muchas veces a la gente si no tengo algo y sé que ellos hacen lo mismo", concluye la dueña.

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