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LABORAL

Un trabajador de Teléfonica en A Coruña, ante el ERE: "Me siento telefónico y seguiré siendo telefónico"

Aníbal Rodríguez abandona la compañía tras casi 36 años trabajando en ella

Aníbal Rodríguez, el último día de trabajo, delante de la puerta de Telefónica en A Coruña

Aníbal Rodríguez, el último día de trabajo, delante de la puerta de Telefónica en A Coruña / Cedida

Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

Más de 280 trabajadores de Telefónica en Galicia han salido de la compañía dentro del último expediente de regulación de empleo (ERE) emprendido por la multinacional, un ajuste que ha reducido la plantilla a poco más de dos centenares de personas.

Las primeras salidas vinculadas al proceso de reestructuración se materializaron el pasado 1 de marzo y han supuesto un fuerte recorte de la plantilla del operador en Galicia. Con este ajuste, más de 280 trabajadores han abandonado la compañía tras adherirse de forma voluntaria al ERE, lo que implica que más de la mitad de la plantilla que tenía el grupo en la comunidad ha dejado la empresa.

Hablamos con Aníbal Rodríguez, uno de los extrabajadores que se ha adherido al ERE.

¿Cuántos años llevaba en Telefónica?

Desde el 2 de mayo de 1990.

Eso son…

Iban a ser 36 años.

¿Con cuántos años entró entonces?

Con 20 añitos.

¿20 años? ¿Fue su primer trabajo, entonces?

Sí, primer trabajo. Primero y último. Eso, hay poca gente que lo puede decir.

¿En qué áreas ha estado?

La parte más larga ha sido en el departamento comercial. Desde el año…. Déjame pensar. Los primeros cinco años en el departamento de averías. Los siguientes cinco, ya en la oficina, en el departamento técnico, repartiendo trabajo a los distintos técnicos que van por los domicilios. Y a partir del décimo año, ya la parte más larga, fueron casi 20 años en el departamento comercial. Y los últimos en el departamento de reclamaciones.

Ha vivido la evolución de la tecnología de las últimas tres décadas.

Lo que más me impactó fue el primer contacto con la telefonía móvil. El primer móvil, en el año 94. Era un Nokia. Y después también la entrada de internet con el modem de 56K. La evolución ha sido rapidísima. Yo he vivido desde subir a los postes con trepadores atados a las piernas para arreglar las distintas averías a trabajar con la fibra óptica.

¿Cómo recibió la noticia de que se iba a abrir este ERE y que podía entrar en él?

Debió ser sobre mayo del año pasado cuando el nuevo presidente Marc Murtra lanzó, no sé si un globo sonda para ver cómo reaccionaba la plantilla, de que le sobraba gente. Y ya empezamos a hacer los típicos corrillos en las oficinas todos los días: ¿nos tocará?, ¿no nos tocará?

¿Quería que le tocase?

Realmente estaba deseando que me tocara porque creía que las condiciones, sabiendo las anteriores, y que todo el mundo estaba muy contento, iban a ser buenas. Pero la cosa se fue enfriando hasta que el boom fue a finales de año pasado cuando ya lo anunció con cifras.

¿Qué supone dejar la empresa en la que ha trabajado tanto tiempo?

Por un lado, supone una tristeza. Porque una cosa es cuando estás trabajando y estás deseando a ver si llega ese momento. Pero después te das cuenta y dices: lo mucho o lo poco que uno tiene, al final, se lo debes a una gran empresa como es Telefónica. Todos los que hemos trabajado en esta empresa nos sentimos muy orgullosos de haber trabajado en una de las punteras, no solo de España, sino a nivel europeo.

¿Cómo fue el último día de trabajo?

Lo que más te impacta es recoger. Recoger la cajonera y meter en una bolsa tus cosas. Y luego salir. Tenemos una puerta metálica muy pesada, la abres y cuando se cierra, ese golpe que era metálico fuerte, dices ¡ostras! que ya no vuelvo a entrar. Ha sido mi último día en la empresa en la que he estado más de treinta años de mi vida. Me hice una foto porque quería tener ese último momento.

¿Qué pasa en ese momento por la cabeza?

Se te vienen las anécdotas de cuando entraste en la compañía, se te vienen muchas imágenes a la cabeza, muchos flashes, muchas escenas rápidas una detrás de otra y todas buenas. Durante tantos años hay momentos buenos y momentos menos buenos, pero al final te quedas siempre con lo bueno y sobre todo con los compañeros. Eso es lo que siempre me llevaré: me siento telefónico y seguiré siendo telefónico.

¿Y el futuro?

Sigo colaborando como directivo de la Asociación de Vecinos de O Ventorrillo. No me voy a aburrir. Estamos ya organizando la Feria de Abril, organizaremos el Día del Orgullo de O Ventorrillo y ya en el mes de octubre tenemos las fiestas del Ventorrillo que estamos también ya organizando. Y una de mis pasiones es que le voy a poder dedicar mucho más tiempo al mundo de la música, apoyar a la hostelería y a los músicos de la ciudad. Y en especial trabajar para que la calle San Juan pueda seguir siendo ese epicentro musical de la ciudad. Un lugar donde la música forme parte natural de la vida cotidiana.

¿Tiene previsto volver a trabajar?

No.

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