Riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial en el IES Elviña de A Coruña: "El sentido común es algo que no puedes encontrar en la Wikipedia"
El alumnado de 4º de la ESO del centro educativo de A Coruña aprendió de primera mano las incongruencias de las herramientas conversacionales como ChatGPT, que usan a diario: "Le pregunto mucho sobre temas médicos"

Alumnos del IES Elviña, en la charla sobre inteligencia artificial. / CARLOS PARDELLAS
Menor esfuerzo, mejor resultado. Esa es la teoría que sigue el estudiantado actual de centros educativos de todos los niveles. Usados como el amigo al que copiarle los apuntes, como médico, psicólogo o incluso amigo, los chatbots de la inteligencia artificial—asistentes conversacionales virtuales— triunfan entre las nuevas generaciones, que no siempre parecen ser conscientes de las implicaciones de estas herramientas. Según el informe El espejismo de la IA, un reflejo incómodo con alto impacto en los jóvenes, el 31% de los adolescentes encuentra "más satisfactorio" hablar con la inteligencia artificial que con amigos reales, y un 33% trata con ella temas importantes antes que con la familia.
Con el fin de inculcar conocimientos básicos sobre esta nueva forma tecnológica, el Centro de Investigación en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Citic) de la Universidade da Coruña y la Diputación han puesto en marcha un nuevo programa sobre inteligencia artificial generativa dirigido a estudiantes de Secundaria. En una de esas formaciones, el subdirector del Citic, Eduardo Mosqueira, acudió al instituto de Elviña cargado de explicaciones y anécdotas
Dividida en dos sesiones que combinan la teoría y la práctica, la formación se centra en introducir la inteligencia artificial generativa, exponer qué son los chatbots para la creación de texto y sus posibles limitaciones legales. "Que intenten entender cómo funciona la IA por dentro, porque si sabes cómo funciona igual no te fías tanto de lo que hace después", comenta Mosqueira.
"Usarla bien... entenderla, mejor"
El escenario del encuentro era perfecto para que el estudiantado experimentara los conocimientos expuestos por Mosqueira: un aula de informática plagada de pantallas. En grupos de dos y de tres, los alumnos se sentaban y encendían ordenadores, expectantes ante la novedad.
El profesor comenzaba su coloquio de lo general a lo específico, formulando primero los tres pilares de la inteligencia: la abstracción, el aprendizaje y la adaptabilidad. Cualquier ser o elemento que presente estas tres características se considera inteligente; sin embargo, esto da pie a varios casos para el debate, que dejaron a los pupilos pensando: una calculadora, con sus resultados instantáneos, ¿posee inteligencia? Los virus, con su gran capacidad adaptativa, ¿pueden considerarse inteligentes? ¿Y qué pasa con los ordenadores y su cantidad ingente de documentación?
Con la atención de los jóvenes captada, pasaba a explicar la definición de inteligencia artificial y sus cuatro pilares: actuar y pensar como humanos, y actuar y pensar racionalmente. "¿Conocéis la película Descifrando Enigma?", les preguntó Mosqueira. Ante una negativa generalizada, el profesor les mencionó el test de Turing, presente en el filme, consistente en probar la capacidad de una máquina de exhibir un comportamiento inteligente indistinguible del de un ser humano. "Los chatbots hoy pasarían la prueba", añadió.
Los alumnos volvieron a meditar cuando se les habló del experimento de la habitación china, argumento diseñado para demostrar que la inteligencia artificial no comprende, sino que simula hacerlo. "Pero si extrapolamos esto a nosotros, a los seres humanos, ¿tus neuronas entienden las preguntas que les has hecho?", planteó Mosqueira, abriendo un espacio para el intercambio de opiniones.
Un compañero pelota
Una vez explicados los grandes modelos de lenguaje, entre los que se encuadra ChatGPT, era hora de jugar. "Hola, quiero llevar el coche a lavar al lavadero que tengo a 100 metros de mi casa. ¿Voy andando o en coche?", preguntó Mosqueira a ChatGPT ante una clase, ahora sí, en completo silencio. "Como está tan cerca, lo ideal sería ir andando", contestaba la herramienta con una voz masculina. "Entonces, ¿lo que me estás diciendo es que vaya andando a lavar al coche, y una vez allí, vuelva a por el coche para llevarlo al lavadero?", respondía Mosqueira por encima de las risas de los alumnos. "¡Exacto!", confirmaba la voz robot.
Otro ejemplo: enviando al chat una foto de un vaso del revés, Mosqueira preguntó cómo podía hacer para beber del recipiente, ya que la abertura estaba abajo y no arriba. La solución, para la inteligencia artificial, consistía en idear un artilugio para taponar la parte inferior y abrir la superior o, ante la imposibilidad de beber correctamente, cambiar de envase. En la tercera pregunta, donde a la herramienta se le preguntaba por las vocales en la palabra "ayuntamiento", acabó sucumbiendo ante la insistencia de Mosqueira para admitir que la "y", la "t" y la "m" podían considerarse vocales.
"Cuando le preguntas por fechas de la guerra civil española, lo clava. Pero, ¿qué le falta? El sentido común, algo que no puedes encontrar en la Wikipedia. Es un puñetero pelota, te dice exactamente lo que quieres oír", manifiesta el profesor. En este sentido, Lara Villar, alumna asistente a la charla, confiesa que, aunque no se fiaría demasiado de ChatGPT en consejos sentimentales, acude a él: "Porque me dice lo que quiero oír". Ainhoa Díaz Iglesias, compañera, lo utiliza "todos los días": "En el día a día lo utilizo un montón. En la presentación [de Mosqueira] había una diapositiva con todas las cosas que no debías hacer, una era que no debías preguntarle cosas médicas. Y estábamos hablando entre nosotras que le preguntamos mucho por esas cosas. A mí igual me sale una roncha, le mando una foto y le pregunto qué puede ser". Lara añade que si le duele la cabeza, le dice los síntomas y recibe una respuesta con lo que puede tomar.
La fiabilidad que los alumnos del IES Elviña otorgan a la inteligencia artificial varía en función de la consulta: "Por experiencia, porque lo que me dijo en temas médicos [ChatGPT] tenía razón, me fiaría un nueve, del uno al diez", dice Ainhoa. En el ámbito académico, el uso de estas herramientas está totalmente extendido.
Turno del alumnado
Tras comprobar las incongruencias de los bots conversacionales a través de la comedia, Mosqueira pidió a la clase que explorara más ejemplos como los del coche o el vaso, para "buscarle las cosquillas" a ChatGPT. El grupo de la estudiante Vega Amil preguntó a la herramienta por sus nombres: "Primero nos dijo que nos llamábamos Daniel, y cuando le dijimos que éramos chicas, nos respondió: 'Hola, Chicas', como interpretando que ese era nuestro nombre".
"Nosotras le preguntamos cosas como: 'Si tengo el bolso cerrado, ¿cómo cojo algo que tengo dentro?', o 'si tengo el ordenador apagado y no veo el cursor en la pantalla, ¿tengo que llevarlo a arreglar?'", dice Noa Crespo, de 4º de la ESO. Su compañera, Marta Garrote, explica que suele limitar el uso de esta tecnología "para entender el temario de los exámenes, para luego ser capaz de responder preguntas más difíciles, o por si en una frase hay palabras difíciles, que las simplifique para poder entenderlas".
Mosqueira confesó que el modelo que habían utilizado para la práctica, el gratuito, da explicaciones más sencillas porque carece de contexto. Por eso trasladó a los jóvenes claves para dar mejores indicaciones al chat y así conseguir resultados más precisos. "Cuanta más información le des, más concreta va a ser la respuesta, y más útil te va a resultar", informa el profesor.
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