Víctor Cabezuelo, de Rufus T Firefly, en A Coruña: "A veces pienso que es la industria la que va a contracorriente de nosotros"
El grupo presenta este sábado, 14 de marzo, en la sala Pantalán su disco 'Todas las cosas buenas'

Víctor Cabezuelo y Julia Martín-Maestro / LOC
La música lo "ocupa todo" en la vida de Víctor Cabezuelo, que forma Rufus T Firefly junto a Julia Martín-Maestro. Una pasión que transmiten en sus letras y sonidos. El año pasado publicaron Todas las cosas buenas y ahora les toca presentarlo en la sala Pantalán de A Coruña, dentro de la gira Directos Vibra Mahou, el 14 de marzo. Esta es una ciudad que les trae buenos recuerdos, pues aquí crearon una canción junto a Viva Suecia en Estudios Mans. "Volver me recuerda a eso y me parece muy bonito", cuenta el cantante.
¿Cómo ha ido evolucionando el disco en directo desde aquellas escuchas con cascos a los conciertos que están dando hoy en día?
Es un concepto totalmente diferente, la verdad. Lo de los cascos fue una especie de experimento, una cosa extraña que queríamos hacer para nuestros seguidores más fieles. Los que quisieran vivir una experiencia así más diferente. Y ahora estamos haciendo ya conciertos un poco más normales, por decirlo de alguna manera, en salas. Ese tipo de conciertos que estamos más acostumbrados a ver.
Hay ese sentir común entre el público de que están en su mejor momento, que lo que se vive en sus conciertos es algo diferente. ¿También lo ven así?
Sí, yo creo que es una cosa mutua, es esa energía que se crea. Sentimos que estamos tocando guay y que las canciones están funcionando muy bien. De repente todo está en su sitio, y es algo que nos hace bastante ilusión. Yo creo que la gente también lo nota y nos lo transmite, y eso hace que nosotros crezcamos más.
Muchos reconocen haber llorado al escuchar Todas las cosas buenas. ¿Este disco ha conectado de una manera diferente con el público?
Yo creo que la clave está en que estas letras son un poco más accesibles. Antes tirábamos siempre de metáforas, de imágenes oníricas, todo era muy visual y muy abstracto, que es algo que nos gusta mucho y es muy bonito. Ahora es muy entendible. Además, creo que todo lo que estamos diciendo es bastante universal y de alguna manera todo el mundo pudo sentirlo en un momento dado. Así es más fácil que la gente conecte con lo que estamos diciendo y que a lo mejor sienta las canciones un poco más suyas.
En estos tiempos convulsos y de querer escapar aparecen canciones como Trueno Azul, que suena a homenaje a esas personas que siempre están y con las que queremos, como dice la letra, "coger el coche y desaparecer".
Sí, es un poco un sentimiento de hartazgo. Es estar hasta las narices y decir "me quiero ir contigo y olvidarme de todo". Como te decía, son cosas que todos podemos llegar a pensar en un momento dado.
Presentaron el disco en directo antes de publicarlo y no han tocado en grandes recintos ni han programado varias noches en una misma sala. ¿Sienten que van a contracorriente de lo que ahora marca esta industria?
Sí, siento que vamos un poco a contracorriente, pero a veces también pienso que es la industria la que va a contracorriente de nosotros. Hacemos cosas muy normales, que es sacar un disco y luego querer tocarlo en directo por las salas. Es lo que se ha hecho toda la vida. Pero claro, según está funcionando ahora la industria, que todo está pensado para llegar a los grandes eventos y a los grandes festivales, de repente parece que no encajamos en ese lugar, que es como más exclusivo. Una cosa que pasa con los festivales, por ejemplo, es que si tú vas a un festival en Sevilla, no te dejan tocar en sala ese año en la ciudad. Nosotros no vamos a aceptar eso, porque nosotros tenemos que tocar y girar. Yo creo que el problema es más suyo que nuestro, que los que lo están haciendo mal son ellos. Sobre todo porque no piensan en el circuito, no piensan en la escena, no piensan que tiene que haber una vida musical dentro de las ciudades más allá de sus festivales.
El mensaje es claro: hay que cuidar las salas. Ahí es donde nacen y crecen los grupos, ¿no?
Claro. Es que las bandas que están empezando no pueden aspirar a tocar en esos festivales. Necesitan tener un circuito donde rodarse, donde crecer, donde ir mejorando... Esto debería estar prácticamente en todas las ciudades de España. Yo creo que debería haber ese tipo de salas en el que la gente pueda girar sin perder 1.000 euros cada vez que toca y sin que la entrada sea carísima, para que sea un poco accesible para todo el mundo. Siempre he abogado por ello. Y creo que sería bastante factible de hacer, a no ser que lo que quieras es ser millonario.
¿Metemos esos conciertos en salas en la lista de cosas buenas?
Para mí sí. Es mi manera de ver la música.
¿Y qué más hay dentro de esa lista de cosas buenas para Rufus T Firefly?
Las cosas buenas suelen ser cosas muy sencillas. Tiene mucho que ver con dar un paseíllo en el campo con tu perro, con estar con tu gente querida, con tomarte una caña con un amigo el fin de semana y contaros las penas... Son cosas que te hacen ilusionarte y que te ayudan a querer levantarte por la mañana.
En este disco, además, canta Julia Martín-Maestro, la batería del grupo. ¿Sabían que era algo que en algún momento iba a pasar?
Sí, era una cosa que llevábamos un tiempo queriendo hacer y al fin se animó. Y se ha animado no solo a cantar, sino también a componer sus propias canciones. Yo creo que es un plus más en el sonido de Rufus. Amplía mucho la paleta de color porque ahora, de repente, ya no hay un cantante, hay dos. Está muy guay, me recuerda un poco a Fleetwood Mac.
Pero sin malos rollos.
(Ríe) No, no, de momento no hemos llegado ahí. Bueno, a ver, llevamos 20 años y algún mal rollo ha habido, pero lo bonito es que hemos podido estar por encima de ellos. Los hemos superado y podemos seguir tocando y llevándonos bien y eso es superbonito.
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