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"Las farmacias de antes vendían yogures": la botica de A Coruña que abre desde 1935 y ha visto cambiar el mundo

Esta histórica farmacia de Linares Rivas, que ha pasado de abuelos a nietos, lleva casi un siglo atendiendo a los coruñeses

Ramón Sáez, propietario de esta farmacia histórica de A Coruña.

Ramón Sáez, propietario de esta farmacia histórica de A Coruña. / Casteleiro

En una ventana de menos de un siglo, las farmacias han cambiado de una forma impactante. Lo sabe bien Ramón Sáez, el tercer farmacéutico de su familia, que lleva viendo la realidad de estos negocios desde que tuvo edad para caminar.

Su padre -y, antes de él, su abuelo-, pasaron la vida en el número 43 de Linares Rivas, donde la cruz verde de la Farmacia Sáez aún sigue reluciendo. "Desde 1935, cuando mi abuelo la adquirió, siempre ha habido un Sáez en la farmacia. Hemos visto pasar la vida de la gente dentro de estas paredes", dice con orgullo el boticario, que tomó las riendas del negocio en 2006, tras seis años de trabajo aprendiendo el oficio.

Aquella farmacia con la que creció y en la que se curtió, dice, es muy distinta de la que lleva ahora. "Las farmacias no tienen nada que ver con las de antes. Entonces estaba todo mucho menos industrializado y controlado, y se despachaban cosas muy distintas", explica.

Él mismo aún conserva, por ejemplo, un cartel que se exhibía en su botica hace décadas, donde se anunciaban "especialidades nacionales y extranjeras y aguas minerales". Unos productos que, sorprendentemente, no están en el podio de las rarezas, ya que estos centros llegaban a vender, incluso, artículos que hoy se encuentran en las neveras de los supermercados.

La Farmacia Sáez, 90 años al pie de Linares Rivas

"La nuestra no lo hacía, pero algunas farmacias de antes vendían yogures. También alguna fórmula con derivados del mercurio, que no se puede usar hoy", dice el propietario, que asegura que "se ha evolucionado mucho" desde entonces.

Cuando él entró en el negocio, Internet era aún una rareza y había que funcionar con mecanismos más rudimentarios. "Recuerdo que, cuando se acababa un medicamento, se ponía su goma [una etiqueta] en una cubeta como recordatorio para la persona que hacía los pedidos. No había sistemas automatizados ni ordenadores", cuenta el farmacéutico.

Sí existían, en cambio, muchos más laboratorios asociados a las farmacias. Cada botica solía tener el suyo para elaborar sus propias fórmulas magistrales, ya que los medicamentos estandarizados no eran tan comunes como ahora.

Ramón Sáez Pichel, el abuelo del dueño actual, también contaba con el suyo, que sigue funcionando hoy en día con las adaptaciones pertinentes. Era un espacio imprescindible para el negocio, aunque no el favorito del primero de los Sáez, que prefería con creces estar tras el mostrador.

Su nieto lo recuerda siempre ahí, hablando con la clientela, a la que trataba de ayudar con los remedios que dispensaba desde esta farmacia histórica de A Coruña. "Le gustaba mucho el trato con los pacientes, pasaba mucho tiempo hablando con ellos. Mi padre también tenía mucha vocación, pero le interesaba más la parte del laboratorio", dice el farmacéutico.

Una vocación grabada en la sangre

Aún hoy, la farmacia cuenta con clientes que conocieron a las dos generaciones y que vieron crecer a Sáez entre los remedios que desbordaban los estantes. No era raro toparse con él al cruzar las puertas de la botica, a veces incluso "ayudando a cobrar o a colocar pedidos en alguna guardia".

Tras la caja, Sáez también ha visto, a su vez, cambiar al público que atendía su familia. "Es bastante entrañable. Tenemos clientes que venían a la farmacia siendo niños y que ahora vienen con sus nietos, y gente que conocía a mi abuelo y que ahora me conoce a mí", explica el propietario, que "nunca" dudó de continuar con el legado familiar.

Detrás de él, vienen sus dos hijas, aunque aún es pronto para saber si el negocio seguirá en sus manos. "Me gustaría que siguieran, pero es un error hacer algo que a uno no le llene. De todos modos, todavía nos quedan unos años para la jubilación, así que aún queda Farmacia Sáez para rato".

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