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Dindéfelo y A Coruña, hermanas en la historia de Khadija: "Una parte de mí siempre está y estará en Senegal"

La bióloga coruñesa Khadija Amanda Barciela vivió siete años en Senegal colaborando con el Instituto Jane Goodall, donde aprendió el valor de la comunidad: "Es un continuo, desde que tú pones los pies en el país hasta que los sacas, de aceptación, de ayuda, de integración"

La bióloga Khadija Amanda Barciela en Senegal

La bióloga Khadija Amanda Barciela en Senegal / Cedida

A Coruña

La historia de Khadija Amanda Barciela, coruñesa de nacimiento y senegalesa de adopción, es un relato de idas y venidas. Bióloga de profesión, lleva 11 años trabajando en un proyecto de investigación y conservación de primates para el Instituto Jane Goodall España, "concretamente de chimpancés", apunta. En 2014 viajaría a Senegal para realizar trabajos de campo, y la 'teranga' —hospitalidad como filosofía de vida— que empapa cada gesto, cada mirada, cada palabra, hizo que su estancia se alargara casi siete años.

"Siempre me han apasionado los chimpancés, siempre", relata. Tras realizar varios cursos de primatología con el Instituto Jane Goodall y colaborar como voluntaria en campañas de sensibilización, surgió en 2014 una formación en Barcelona con motivo del 80 aniversario de la doctora, a la que acudió para ampliar sus conocimientos. "Organizaron una pequeña presentación de lo que hacían en Senegal. Fue amor a primera vista", confiesa. "Vi lo que se estaba haciendo, el trabajo que se hacía, pero también la forma de vida, la implicación con la comunidad local. Fue como una proyección de mi persona y dije: 'Tengo que aparecer ahí'", añade.

Prisma de dos caras

"Diría que la biología, y concretamente la primatología, es un campo en el que hay muchísimas más mujeres que hombres; pero, al mismo tiempo, las mujeres seguimos teniendo muchas más dificultades para desarrollar una carrera científica plena desde todo lo que es la parte personal, la maternidad, la crianza, los cuidados...", comenta. También influye la carencia de referencias científicas mujeres disponibles para las niñas.

La propia Amanda vivió situaciones —aunque no dentro de su equipo, recalca— que ponen de manifiesto las estructuras patriarcales instauradas en la sociedad. "Estando yo presente y estando presentes hombres que ni siquiera eran científicos, que no tenían que ver con el sector ni pertenecían a la Institución, se dirigían a ellos y no a mí, siendo yo la persona de referencia dentro de la investigación. Por eso está el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia", dice.

Comparar la situación de la mujer en Senegal con respecto a España, sin embargo, es más complicado. Deben quitarse las lentes eurocentristas o, al menos, entender que se llevan puestas. "Si echamos un vistazo rápido, cualquier persona diría que las mujeres allí están fatal a nivel social, pero yo creo que hay que profundizar en el tema", aclara Barciela. Los índices de escolarización femenina, así como el acceso al mercado laboral, es mucho menor. "Hay una falta de emancipación, digamos, de la mujer en general, que está tradicionalmente más vinculada a los roles de cuidados y labores domésticas", reflexiona Khadija.

Pero, al mismo tiempo, son las que sostienen la sociedad. "Son mujeres con las ideas muy claras. Tienen mucha implicación en tareas clásicas importantes, y eso está valorado", anota. Tareas que requieren conocimientos formales y prácticos desde el punto de vista de la sanación: "De hierbas, de la agricultura, de cómo criar bien al ganado".

La importancia de la comunidad

Cuando Khadija llegó a Senegal, desconocía las lenguas habladas en la población, siendo las más usadas el francés —idioma oficial del país— y el pulaar: "No era que no controlara mucho el francés, sino que no controlaba nada. No diferenciaba cuando hablaban en francés y cuando hablaban en pulaar. Ese era el nivel", recuerda riendo.

Aún siendo un proceso de inmersión "brusco", la necesidad y la voluntad de comprensión por parte de la comunidad local fue la receta para que, primero con gestos, después con palabras, Khadija estableciera vínculos más allá del lenguaje. "Senegal es el país de la 'teranga' [epicentro de la cultura senegalesa, que representa una hospitalidad profunda y comunitaria], y quien no haya estado en Senegal no entiende lo que es esa palabra. Pero es un continuo, desde que tú pones los pies en el país hasta que los sacas. De aceptación, de ayuda, de comunidad, de integración", expresa Khadija.

El centro de investigación del Instituto se sitúa en Dindéfelo, en la región de Kédougou, al sureste de Senegal, y el pueblo donde se alojaba Khadija estaba a unos seis kilómetros. Allí había una compañera española, que era la que la iba a compañar en su proceso de adaptación. No obstante, por motivos médicos, la voluntaria tuvo que viajar a Dakar, capital del país. Aunque los fines de semana Khadija iba a Dindéfelo, donde sí había más españoles, durante la semana convivía solo con gente local. "Mentiría si dijera que no fue duro, porque al principio la comunicación es súper importante, y yo me comunicaba por señas, como podía. Pero, al mismo tiempo, he de decir que fue una de las mejores experiencias de mi vida", confiesa, "por lo abiertos que fueron todos conmigo, desde el más viejo hasta el niño más pequeño; por cómo me acompañaron, cómo se esforzaban por hacerse entender, por entender lo que yo les estaba diciendo".

Aunque le cuesta quedarse con una lección de sus años en Senegal, en ella caló un aprendizaje conjunto: "La importancia de la comunidad. Somos una comunidad, el entendernos, el ayudarnos, que no somos nadie solos; pero, paralelamente, aprender a confiar en tus propias capacidades como individuo. Que somos capaces de mucho más de lo que creemos, debemos escucharnos más a nosotros mismos y menos al ruido de alrededor".

¿Ayudar o sentirse bien?

Cuando se le pregunta por una anécdota de todas las vividas en Senegal, escoge la de Djibi sin dudarlo, "por el cariño a la persona y por la enseñanza que viene detrás". A su llegada, se le asignó una familia local "por logística, porque es una zona rural, y también para conocer la cultura y el idioma". En realidad, ilustra, "lo de vivir con familias es algo habitual en Senegal, le llaman alojarse 'chez l'habitant'".

En esa familia estaba Djibi, el que se convertiría en su hermano pequeño allí. De unos siete años cuando se conocieron, le asignaron una serie de tareas relacionadas con la estancia de Khadija. "El niño era muy correcto, muy educado, muy cumplidor. Pero a mí el niño no me hablaba", relata. Por casualidades de la vida, a Djibi le mordió una serpiente, y Khadija le acompañó al hospital de Dindéfelo: "Pasó el día conmigo, y digamos que le consentí 'a la europea': le compré magdalenas, le puse una peli en el ordenador para él solo".

Khadija Amanda Barciela con Djibi

Khadija Amanda Barciela con Djibi / Cedida

Después de ese día, eran inseparables: "Yo no he tenido hermanos pequeños, y gracias a él ahora considero que sí", reconoce. Lo que le pasaba a Djibi era que Khadija había llegado dos meses después de que otra voluntaria, con la que había creado una relación muy especial, se hubiera ido. "Ella se fue y él se había quedado allí, y lo había pasado muy mal", explica. A lo largo del tiempo, la bióloga se iría encontrando esa mentalidad en más niños —"y no tan niños"— locales: "Si total nos íbamos a volver, mejor no generar ese vínculo".

Con la historia de Djibi, con quien mantiene relación en la actualidad, Khadija quiere concienciar sobre el llamado 'volunturismo': "Yo me voy, estoy un mes haciendo cosas con niños, que es lo que más se suele hacer, los veo cada día, juegan conmigo, me cogen un cariño brutal, me saco mil fotos con ellos que luego cuelgo en redes, que ese es otro melonazo, y luego desaparezco. Y no pienso en cómo se queda ese niño de cinco, seis, siete años", advierte.

Entre tierras

A su vuelta en A Coruña, el pasado 2021, Khadija sintió que no era la misma que se había marchado, casi siete años atrás. Experimentó un desdoblamiento, una convivencia de dos almas en un mismo cuerpo. "Cuando estoy allí, echo de menos a mi gente de aquí, a ciertas comodidades sanitarias. Pero cuando estoy aquí, siento como que este ya no es mi sitio", admite. "Una parte de mí siempre está y estará, yo creo, en Senegal, yo no soy la misma persona que cuando me fui. Y esta persona nueva que soy no acaba de encontrarse aquí del todo".

Por eso tiene claro que en un futuro, más lejano o más próximo, regresará. "Porque ya me queman las ganas de volver", confiesa.

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