Vecinos y comerciantes de A Coruña capean subidas en la cesta de la compra de hasta el 130%: "Hay cosas que son tan caras que ya no vendo, me da vergüenza"
Consumidores, minoristas y economistas analizan el impacto de la subida de precios en los hogares de A Coruña

Dulce Bendaña y Paco Santé en su negocio. / Carlos Pardellas
Poco antes del encierro de hace justo seis años, hacer la compra no exigía sacar la calculadora. Tomando de referencia los precios de una cadena de supermercados del año 2020 —y eligiendo exactamente los mismos productos para hacer una comparativa—, una docena de huevos XL costaba 1,99 euros. Hoy, la cuenta asciende a 4,28 euros. Lo mismo ocurre con el café, cuyo coste se ha duplicado. En esa lista de subidas aparecen productos que se pueden encontrar en cualquier carrito de la compra: tomate frito (de 1,68 a 3,85 euros), galletas María (el paquete de 1,8 kilos pasó de 5,4 a 10,49 euros), leche entera (el litro cuesta ahora 1,24 y hace seis años, 76 céntimos) o yogures (el precio del pack de cuatro era 1,89 y ahora es 2,75).
Basta con recorrer los mercados o acercarse a una tienda de alimentación para ser consciente de esta nueva realidad. «Hay cosas que dejo de traer porque son tan caras que, aunque las venda a precio de coste, me da vergüenza ponerlas en la tienda. Como las judías, que están a siete euros el kilo. Es una barbaridad», expone Paco Santé, de la jamonería El Pasadizo y el negocio de frutas y verduras Mercedes, que están conectados en las galerías que unen Ramón y Cajal y Novoa Santos.
A los productos que tiene de frutería les mete «el margen mínimo para sobrevivir», pero no para ganar. «Para el negocio que quiere dar calidad, la cosa está muy complicada», lamenta. En la charcutería, más de lo mismo: «dentro de poco no voy a conseguir jamones porque se están disparando los precios». Nunca había visto nada igual. «Llevo 35 años en el mundo de la alimentación y esto que está pasando no lo vi en mi vida», manifiesta.

El impacto de los precios en la cesta de la compra. / LOC
Juan Manuel S. Quinzá-Torroja, profesor titular del Departamento de Economía de la Universidade da Coruña (UDC), donde imparte docencia de Economía Mundial y Economía Española, explica que «la subida acumulada de la cesta de la compra en España desde 2020 se sitúa por encima del 40% y se debe a una combinación de factores estructurales, coyunturales y geopolíticos». Entre las principales causas señala «el aumento de los costes de producción, fundamentalmente de la energía (petróleo y gas), los fertilizantes y los piensos para el ganado, que han incrementado los costes del sector primario y de la industria agroalimentaria». A todo ello hay que sumar la pandemia y la «sequía severa de los años 2022 y 2023». «Los márgenes de las empresas crecieron mucho al transferir estas los costes al consumidor final para maximizar sus beneficios», añade.
«Hay cosas que dejo de traer porque son tan caras que me da vergüenza ponerlas en la tienda»
Aunque la inflación dio un respiro a las familias gallegas en este inicio de año, situándose en el 1,9%, por debajo de la media nacional, que se quedó en el 2,3%, sigue siendo una piedra en el camino. «Normalmente, la subida del IPC no se corresponde con el incremento del poder adquisitivo», lamenta el presidente de la Asociación Galega de Consumidores y Usuarios (Acouga), Manuel Pérez, quien opina que esto «solo se puede combatir con consumo consciente». Es decir, «apoyar el consumo de proximidad» y «tener conciencia de seguir la cadena de distribución».
El economista de la UDC comenta que «se dice que la inflación es el impuesto de los pobres y es cierto porque provoca una reducción del poder de compra y de la renta disponible de los hogares, empobreciéndolos, y al final acaba repercutiendo en el crecimiento económico del país».
«Ha subido todo, es una locura. Cuando abrí, hace más de 10 años, la cabra costaba 13,95 euros y ahora está a 20»
Productos frescos, en la lupa
Comprar carne o pescado se nota —y mucho— en el bolsillo. El kilo de entrecot pasó de 12,9 a 25,21 euros en seis años, mientras que el coste de la sepia aumentó de 9,95 a 15,95. «Ha subido todo. Es una locura. Cuando abrí, hace más de diez años, la cabra costaba 13,95 y ahora está a 20 euros», comenta Dulce Bendaña desde su pescadería en el número 67 de la avenida de Oza. Todavía guarda facturas de 2015 que se antojan muy lejanas. Bendaña asegura que el marisco no se queda atrás. «Hay muy poco y el que hay es caro», comenta, aunque reconoce que tiene «mucha suerte» porque cuenta con una «clientela muy buena».

Pescadería en la plaza de Lugo / Carlos Pardellas
La subida también se nota en los congelados. Según la comparativa realizada por este diario de productos de un mismo supermercado, entre 2020 y 2026, el precio de los 500 gramos de corazones de merluza congelados pasó de 5,85 a 7,39 euros.
«Dicen que la inflación es el impuesto de los pobres y es cierto porque provoca una reducción del poder de compra»
Tampoco la pasta, el agua o las patatas fritas se escapan de esta escalada, con incrementos del 20% en seis años. Hasta el alcohol encadena subidas. Un pack de doce latas de 33 cl de cerveza cuesta 9,19 euros, cuando en 2020 el precio era de 6,6 euros. Un vino Rioja crianza, botella de 75 cl, vale 4,85 euros, 35 céntimos más. Hay productos, que no son alimentos, que son la resistencia y que incluso han experimentado caídas. Es el caso del champú, que un bote de 300 ml cuesta 3,95 euros, cuando en 2020 el precio era de 3,45 euros. También el desodorante baja un 16%.
Esto se nota en todos los bolsillos, aunque en unos más que en otros. Y no solo es un problema para los hogares. Para la Cocina Económica, es una auténtica pesadilla. «En cinco años, hemos duplicado la cantidad de dinero que destinamos a la compra de alimentos», revela el administrador de la entidad, Óscar Castro, que recuerda que en 2024 dejaron de recibir la ayuda del Fondo de Ayuda Europea para las Personas Más Desfavorecidas (FEAD), lo que disparó la cuenta. «En 2020 destinábamos 250.000 euros a la compra de víveres. Este 2025 nos fuimos a 570.000 euros», indica.
«En 2020 destinábamos 250.000 euros a la compra de víveres. Este 2025 nos fuimos a 570.000 euros»
Castro pone ejemplos para demostrar que «el impacto es total» y que hay subidas que parecen irreales. «Solo de pan gastamos una media mensual de 7.000 euros. Hacemos 500 bocadillos todos los días», expone, y recuerda que la Cocina Económica tiene 1.400 usuarios cada día.
«Cada vez nos es más difícil», lamenta, y recuerda que antes contaban con «más donaciones» que les permitían tener stock de algunos productos. «Como las alubias. Gastamos 500 kilos al mes», detalla, y reconoce que tienen que pelearse «para conseguir los mejores precios», cosa que no es una tarea nada fácil. Una vez más, hace un llamamiento a la solidaridad de las personas, para que hagan donaciones o se sumen como socios de la Cocina Económica.
«Normalmente la subida del IPC no se corresponde con el incremento del poder adquisitivo»
Cambio de hábitos
Con el precio de la cesta de la compra por las nubes, el cambio de hábitos en los consumidores no ha tardado en llegar. «La gente compra al día. Viene a coger 4 patatas, una zanahoria y un tomate. Hace unos años, me cansaba de llevar cajas de 20 kilos a domicilio. A lo mejor llevaba 30 en un fin de semana. Eso se acabó», analiza Paco Santé, que opina que «no tiene pinta de que esto vaya a cambiar».
El economista Quinzá-Torroja indica que «productos específicos como el aceite de oliva, la leche y la carne han sufrido aumentos superiores al 40%», lo que hace que «los consumidores cambien sus hábitos de compra, realizando las compras en tiendas de barrio y diversificando las compras para intentar controlar el gasto».

Dulce Bendaña con facturas / Carlos Pardellas
Pérez, de Acouga, insiste en que «el precio es una variable, pero en la relación calidad-precio hay que mirar algo más que el precio final o la marca: cómo se produce, si hay o no conciencia corporativa, cómo se pagan los salarios». «Hay una serie de cuestiones en las que quizá, por las prisas, no nos detenemos», reflexiona.
Además de asumir ese cambio de hábitos, ¿cómo se puede paliar una situación que afecta a tantas personas? Quinzá-Torroja tiene la respuesta. «Mediante la protección a los más vulnerables prohibiendo los cortes de suministro o la moratoria antidesahucios, facilitando el pago de hipotecas y la reestructuración de créditos de los hogares, aumentando la desgravación por compras de vehículos eléctricos, topando los precios del gas como ocurrió durante la excepción ibérica que facilito un gas asequible a empresas y hogares, y con bonos de descuento en el transporte público que además tiene un efecto colateral muy positivo como es la lucha contra el cambio climático», concluye el economista.
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