Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

LA CIUDAD QUE VIVÍ

De la calle de los Cristales a la construcción del Monte del Agra

Nací en A Coruña, en la calle de los Cristales, hoy Rey Abdullah. Esta calle quedaba entonces detrás de la fábrica de gaseosas Santa Margarita. La zona era monte, con leiras que ocupaban lo que hoy se conoce como Paseo de los Puentes, donde también estaba la fábrica de La Artística, de envases metálicos

Manuel Lafuente Alvedro con una guitarra en la zona de la playa de Las Cañas.

Manuel Lafuente Alvedro con una guitarra en la zona de la playa de Las Cañas. / LOC

Manuel Lafuente Alvedro

A Coruña

Mi familia estaba formada por mis padres, Manuel y Dolores, mis abuelos, mi hermano Carlos y yo. Mi padre era de Arteixo y mi madre de A Coruña, de la misma calle. Vivían con mis abuelos, que eran agricultores y tenían varias leiras y algunos animales, vacas y cerdos, y vivían de ellos. Mi padre tenía un pequeño taller de decoración en la misma casa. Enfrente estaba el taller de carpintería de Ángel y Manuel Jove padres.

Como tenía dos bueyes, mi abuelo también se dedicaba a carretar todo tipo de carga por A Coruña cuando se lo pedían. En esta época apenas había camiones, por lo que durante muchos años, hasta casi los sesenta, se podía ver todo tipo de carros, tanto de bueyes como de caballos. La fábrica de gaseosas repartía las gaseosas con un carro de caballos, hasta que compró el primer camión.

Mi primer colegio fue el Hogar Santa Margarita y mis primeros amigos de niñez fueron las hermanas Raquel y María Pilar, Cholo y Moncho Cortiñas, con los que disfruté hasta los ocho años jugando en la calle a todos los juegos de la época y correteando por toda la zona de campo y monte.

Dejé esa zona y la casa de mis abuelos para irme con mis padres a vivir a O Ventorrillo, cuando también aquello era casi todo monte y leiras. Se conocía como Monte del Agra. Allí había pocas casas: las de los obreros del Ayuntamiento, que ellos mismos construyeron, y la casita de mis padres. A los 12 años nos mudamos a la calle Barcelona, cuando esta se empezaba a urbanizar, porque tiraron todas las casas para levantar el polígono de O Ventorrillo. En la calle Barcelona viví hasta que me casé.

Manuel Lafuente Alvedro, en el centro de la foto, con tres amigos.

Manuel Lafuente Alvedro, en el centro de la foto, con tres amigos. / LOC

Hasta los 14 años fui al colegio del Chuflas y de aquí pasé a la Escuela del Trabajo, donde estudié Mecánica, que me sirvió para empezar a trabajar en los talleres Barral y luego con mi padre en la decoración hasta la mili. Al terminar el servicio tuve la suerte de que me ofrecieron trabajo en Begano-Coca Cola, donde desarrollé toda mi vida profesional, llevando la distribución por toda Galicia.

Mis amigos de juventud fueron Pedro, Ramón, Chicote, Barreiro, Joaquín, Pili y Rosa. Disfrutamos de lo lindo estos años, acudiendo a todas las fiestas por los barrios y alrededores, como a los bailes de O Seixal, Rey Brigo de Betanzos, Maxi de Santa Cruz y los coruñeses Santa Lucía, Saratoga o Finisterre. Para ir a los alrededores usábamos los viejos autocares conocidos como la Pachanga, la Cucaracha y el trolebús de Carballo.

En esta etapa de juventud empecé a practicar lanzamiento de martillo en el estadio de Riazor, donde entrenábamos en la zona antigua de Maratón y teníamos como entrenador a un conocido militar, Gregorio Pérez Rivera.

Manuel Lafuente Alvedro, con el número seis junto a su equipo de lanzamiento de martillo en Riazor.

Manuel Lafuente Alvedro, con el número seis junto a su equipo de lanzamiento de martillo en Riazor. / LOC

También de esta etapa tengo que destacar que los domingos y días de fiesta bajábamos al centro, por la mañana y por la tarde. Por la mañana paseabas por la calle Real, Cantones y la calle de los vinos y veías a las jovencitas que hacían lo mismo. Luego las tardes las dejábamos para ir al cine, a los bailes, ir a las salas recreativas que había, jugar al billar o al futbolín o pasar el rato en la Bolera Americana, donde estaba el cine Coruña.

Los veranos solíamos ir a las playas de Riazor, las Cañas y Lazareto, a las que íbamos andando, y a otras de la comarca en las lanchas que salían de la Dársena, que siempre iban abarrotadas de gente. En el centro parábamos en las cafeterías Siete Puertas, Otero, Victoria, Priorato y La Patata, donde siempre nos encontrábamos con más pandillas de conocidos y así nos pasábamos las tardes en un buen ambiente de compañerismo. Fueron unos años felices y tranquilos, a pesar de las carencias que teníamos. Si no teníamos dinero para ir al cine o al baile, salíamos a pasear, que no costaba nada, o nos juntábamos en cualquier sitio.

En la actualidad, me reúno con mis amigos de siempre, con los que tengo una peña a la que llamamos la Peña de los Coloquios y cuyo presidente es José Ramón. A Coruña era una ciudad muy tranquila: nos conocíamos todos, con mucha tranquilidad, y la gente disfrutaba del ambiente sin tener prisa.

*Testimonio recogido por Luis Longueira

Tracking Pixel Contents